Malia, médica cubana trabajando en una residencia española: "Tengo 140 abuelos a mi cargo. Esto es un domicilio, no un hospital"
"Saber que en algún momento puede pasar alguna fatalidad me entristece", reconoce.
Malia lleva seis meses trabajando como médica en España, concretamente en una residencia de ancianos. Esta joven cubana aún se sorprende de que haya pasado medio año desde que dejó su país natal y, gracias a un visado PAC, ejerza aquí su profesión.
"Al principio tenía un poquito de temor porque anteriormente nunca había trabajado con esta población", narra la profesional de la medicina en su canal de YouTube. Sus días transcurren más o menos en calma, consciente de que está tratando con personas mayores y siempre se pueden presentar contratiempos. "Se me va la mañana atendiéndolos a ellos, pero se ve todo interrumpido si hay alguna urgencia. No siempre es una consulta tranquila donde veo a los pacientes. A veces hay urgencias que, por supuesto, no pueden esperar a la larga cola que hay", subraya.
Sus cosas malas, pero muchas buenas
"Muchas veces lo que no se entiende, como dice mi directora, es que esto es un domicilio. Hay un médico por una jornada de horas. Aquí podemos hacer lo que se puede hacer en un domicilio. Si se va de nuestras manos, se deriva al hospital, obviamente", comenta.
La joven acaba la jornada y regresa a su casa. Una hora de ida y otra de vuelta en transporte público separan su centro de trabajo de su residencia. Haciendo balance, es consciente de que lo peor de su trabajo es "saber que a tus pacientes les quedan menos años de vida. Es ley de vida. Uno les coge mucho cariño, los ves todos los días, no es como cuando estás en una consulta", manifiesta y añade: "Tengo como 140 abuelitos. Saber que en algún momento puede pasar alguna fatalidad me entristece. Va a ser algo que voy a tener que gestionar. Sé que es parte de la medicina, pero ser médico no nos quita el sentir cuando alguien falta. Con el tiempo, lo vas normalizando".
No obstante, de todo empleo, lo más conveniente es sacar una lectura positiva, y Malia tiene más que claro lo que le empuja a llegar todas las mañanas a la residencia con una sonrisa. "Es el cariño que recibo diariamente por parte de mis pacientes. Me siento muy querida por cada uno de ellos. Algunos son un poco refunfuñones, otros son muy independientes, y tengo prácticamente que arrastrarlos a la consulta. Otros los veo todos los días", concluye, no sin antes añadir que el hecho de sentirse observada y que le saluden al grito de metge —médico en valenciano—, como si de la chica popular del instituto de una película de Hollywood se tratase, es su mejor medicina.