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La UE prometió eliminar el cambio de hora en 2019 y en 2026 seguimos moviendo las agujas: qué pasó con aquella votación

La UE prometió eliminar el cambio de hora en 2019 y en 2026 seguimos moviendo las agujas: qué pasó con aquella votación

El acuerdo del Parlamento Europeo en 2019 no se ha traducido en la práctica pese a las presiones de algunos gobiernos comunitarios.

Cambio de hora en 2025
Cambio de hora en 2025dpa/picture alliance via Getty I

En 2019, el Parlamento Europeo votó a favor de poner fin al cambio estacional de hora en la Unión Europea. La decisión generó titulares y la sensación de que el debate estaba cerrado. Sin embargo, han pasado los años y en 2026 los relojes volverán a adelantarse en primavera. ¿Qué ocurrió con aquella promesa?

La respuesta corta es que la eliminación del cambio de hora nunca llegó a aplicarse. Aunque el Parlamento respaldó la propuesta, la medida necesitaba también el visto bueno del Consejo -es decir, de los Estados miembros- y ahí quedó bloqueada. Desde entonces, no ha habido acuerdo definitivo sobre qué huso horario debería adoptar cada país de forma permanente ni sobre cómo coordinar la transición para evitar un mosaico horario en el mercado único.

Un acuerdo que se quedó a medias

La iniciativa partió tras una consulta pública impulsada por la Comisión Europea en 2018, en la que millones de ciudadanos se mostraron favorables a suprimir los cambios semestrales. El Parlamento recogió ese malestar y votó para que 2021 fuera el último año con cambio de hora. Pero la pandemia, las diferencias entre gobiernos y otras prioridades políticas fueron aplazando la decisión.

El resultado es que, en 2026, la normativa vigente sigue siendo la misma de siempre: los relojes se adelantan el último domingo de marzo y se atrasan el último domingo de octubre.

Por qué en 2026 el cambio llega "antes"

En 2026, el horario de verano comenzará en la madrugada del domingo 29 de marzo. En 2025, el ajuste se produjo el día 30. Ese aparente "adelanto" no responde a ninguna maniobra política ni a una reforma normativa, sino simplemente al funcionamiento del calendario.

La regla comunitaria es fija:

  • El horario de verano empieza el último domingo de marzo
  • El horario de invierno vuelve el último domingo de octubre

Como los días de la semana no caen siempre en la misma fecha, el último domingo puede situarse entre el 25 y el 31 de marzo. En 2026, ese último domingo cae el día 29, y por eso el cambio parece más temprano que el año anterior. No hay nada nuevo en la norma; solo varía la posición de los domingos en el calendario.

Cómo será el cambio al horario de verano en 2026

La mecánica tampoco cambia. Durante la noche del 29 de marzo:

  • A las 2:00 de la madrugada, el reloj se adelantará directamente a las 3:00
  • Se perderá una hora de sueño
  • A cambio, habrá más luz natural por la tarde

Para quienes siempre dudan, hay trucos clásicos para recordarlo: en primavera el reloj "se adelanta" como el buen tiempo, y en otoño “se retrasa” como si recogiera los muebles del jardín. Son fórmulas sencillas que cada año resurgen cuando se acerca la fecha.

¿Sigue teniendo sentido el cambio de hora?

El debate que llevó a la votación de 2019 giraba en torno a varias cuestiones: el impacto en la salud, la conciliación y el supuesto ahorro energético. Con el paso del tiempo, algunos estudios han puesto en duda que el ahorro sea significativo en la actualidad, mientras que otros señalan que la alteración del sueño puede afectar al rendimiento y al bienestar, al menos durante unos días.

Sin embargo, la eliminación del cambio plantea un problema práctico: si cada país eligiera un horario distinto permanente, podrían generarse diferencias dentro del mercado interior europeo, complicando transportes, comercio y coordinación transfronteriza. Esa falta de consenso es la razón principal por la que la reforma quedó en punto muerto.

Una promesa en pausa

Así que, pese a la votación de 2019, en 2026 Europa seguirá moviendo las agujas dos veces al año. La norma que regula el cambio no se ha modificado y continúa aplicándose automáticamente. El supuesto "fin" del cambio de hora fue más bien una intención política que nunca terminó de materializarse.

Mientras no haya acuerdo entre los Estados miembros, cada primavera volverá la misma escena: la conversación sobre el cansancio del lunes, las bromas sobre la hora perdida y el ajuste de relojes. La eliminación del cambio de hora sigue sobre la mesa, pero, por ahora, pertenece más al terreno de las promesas pendientes que al de las decisiones efectivas.