María (38), peruana, camarera en Madrid, comparte habitación con otras cuatro personas: "Al principio pensé que sería algo temporal, pero el tiempo pasa y no consigo ahorrar lo suficiente para salir de aquí"
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María (38), peruana, camarera en Madrid, comparte habitación con otras cuatro personas: "Al principio pensé que sería algo temporal, pero el tiempo pasa y no consigo ahorrar lo suficiente para salir de aquí"

La crisis del alquiler dispara el hacinamiento en España: ya afecta a uno de cada cinco inquilinos y refleja un modelo cada vez más tensionado.

Dos camareras, en una foto de archivo.Iñaki Berasaluce/Europa Press via Getty Images

María llegó a España hace seis años buscando una vida mejor. Hoy, con 38 años y un trabajo como camarera en Madrid, comparte habitación con otras cuatro personas. Lo que en su momento parecía una solución puntual se ha convertido en una situación cronificada.

"Al principio pensé que sería algo temporal, pero el tiempo pasa y no consigo ahorrar lo suficiente para salir de aquí", explica. Su caso no es una excepción, sino el reflejo de una tendencia que no deja de crecer: el hacinamiento en viviendas de alquiler se ha disparado en los últimos años.

Vivir peor… pagando más

Según datos europeos, el 20,5% de los inquilinos en el mercado libre vive en situación de sobreocupación. Es decir, uno de cada cinco. Antes de la pandemia, esa cifra rondaba el 16%.

El problema no es solo el espacio, sino el contexto: los alquileres han subido entre un 20% y un 30% desde 2020. Para muchos trabajadores con salarios bajos o inestables, eso se traduce en una única salida: compartir más, reducir espacio y asumir condiciones cada vez más precarias.

La paradoja es evidente. Más personas viviendo en menos metros… y pagando más por ello.

El negocio de dividir pisos

Detrás de esta situación no solo hay falta de oferta o aumento de la demanda. También hay una lógica de mercado cada vez más agresiva.

Expertos apuntan a la proliferación de modelos que fragmentan viviendas para maximizar beneficios: habitaciones convertidas en unidades de negocio, contratos cortos para aumentar rotación y precios inflados por metro cuadrado.

En este escenario, el concepto de hogar se diluye y se sustituye por una especie de "coliving forzado" donde la convivencia no es una elección, sino una imposición económica.

Migración, precariedad y redes de supervivencia

El fenómeno golpea especialmente a la población migrante. Al llegar, sin acceso a compra y con menos recursos, el alquiler compartido es casi la única opción.

Las redes informales -amigos, conocidos, compatriotas- terminan funcionando como sistema de acogida, pero también aumentan la densidad en las viviendas. Donde vivían tres, acaban viviendo cinco. O más.

Madrid, Cataluña o Canarias concentran los mayores niveles de hacinamiento, coincidiendo con zonas de alta presión económica y mayor llegada de población.

Una crisis que va más allá de la vivienda

El aumento del hacinamiento no es solo un problema habitacional. Es un síntoma de algo más profundo: una degradación de las condiciones de vida.

El propio Gobierno lo define como una consecuencia de un mercado "salvaje", donde el acceso a la vivienda ha dejado de ser un derecho para convertirse en una fuente de rentabilidad.

Mientras tanto, historias como la de María se repiten. Personas que trabajan, que cumplen… pero que no logran salir de una rueda que cada vez aprieta más.

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Y la pregunta, cada vez más incómoda, es evidente: si tener trabajo ya no garantiza poder vivir con dignidad, ¿qué está fallando realmente?

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Soy redactor de actualidad en El HuffPost España. Mi objetivo es que no te pierdas nada, sea la hora que sea, estés despierto o dormido.

 

Sobre qué temas escribo

Convivo con personajes tan dispares como Donald Trump, Gabriel Rufián o cualquiera que sea noticia. Intento estar a todo lo que sale, desde los temas más actuales hasta otros más atemporales.

 

Lo hago desde una perspectiva informativa, sin perder esa mirada crítica con la que aportar algo diferente a lo habitual.

 

Sociedad, cultura, política, economía... Cualquier tema es bienvenido para dar un enfoque nuevo a temas de actualidad, que afectan a todos

 

Mi trayectoria

Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

Si alguna vez me necesitas y no me encuentras, búscame en una pista de tenis. Te puedo recomendar la mejor novela negra de cada país y hablar durante horas del cine de los 80 y 90. Ah, por cierto, acierto todas las preguntas naranjas del Trivial. 

 


 

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