Marta González, monja de clausura: "Es muy parecido a cuando alguien se va a estudiar fuera, las relaciones cambian, pero no desaparecen"
"Aquí me he hecho persona", reconoce.
A los 18 años, Marta González decidió dar un giro radical a su vida ingresando en el monasterio de Santa Cruz, en Sahagún (León). Esta monja de clausura de 29 años goza de una buena popularidad en Tiktok y en una entrevista en el canal de Youtube 'El Director' de David Jiménez ha querido relatar cómo es su vida en este espacio y otras cuestiones relativas a su fe.
El reloj de Marta suena a las 6:00 de la madrugada y su día transcurre entre oraciones, trabajo y vida comunitaria. En perfecta organización, cada sor se dedica a una tarea en concreto, ya sea la música, cocinar pasteles e incluso la gestión de las rede sociales, campo en el que González se mueve como pez en el agua.
Lejos de lo que pueda parecer, la comunidad se ha adaptado al escenario digital actual y ven en Tiktok, Instagram y demás redes sociales "una forma de comunicación adaptada a los tiempos", subraya Marta, quien gestiona estos perfiles siempre con rigurosidad, como una ventana para mostrar al mundo cómo viven, de una forma natural.
La convivencia en el monasterio
"No tenemos tiempo para aburrirnos", remarca. Las jornadas que, a priori y fuera de los muros que rodean al monasterio, pueden verse como aburridas y tediosas, dan para mucho: "A veces te arrastra, pero otras te sostiene".
En el espacio, conviven monjas de generaciones y orígenes diversos: desde personas de 90 años hasta otras hermanas naturales de África. Los conflictos también están presentes, pero "se resuelven hablando y perdonando", matiza.
Sintió la llamada muy pequeña
Son diversas las razones por las que una persona decide ser monja. A Marta, esta vocación le llegó a los 16 años, cuando una visita a un monasterio benedictino le hizo ver que ese era el camino que quería seguir a lo largo de su vida: "Fue como un flechazo", remarca. Esa idea no se disipó con el paso de los años y a los 18 años decidió que era el momento de entrar.
Una decisión tan importante y rompedora para una persona joven puede chocar, pero Marta lo ve desde una perspectiva completamente diferente, con la naturalidad que la caracteriza: "Es muy parecido a cuando alguien se va a estudiar fuera. Las relaciones cambian, pero no desaparecen", sostiene.
Es consciente que, desde fuera, varias personas creen que se renuncia a mucho, pero "muchas veces son ellas las que sienten que les falta una estabilidad interior", señala. Marta ha sabido convivir y abrazar el silencio, a la vez que ha transformado e interiorizado en su mente la idea generalizada de maternidad: "Hablamos de maternidad espiritual: cuidar, acompañar, rezar por otros", asevera.
Ahora, 11 años después de que tomara la iniciativa de convertirse en monja de clausura, ha aprendido a estar consigo misma, a pesar de que hay momentos que cuesta. "Descubres que no está vacío, que está habitado", reflexiona y añade que, fuera, "siempre tenemos ruido de fondo para no escucharnos". Y es que, para finalizar, no puede dejar un mensaje más contundente: "Aquí me he hecho persona".