Piensa en una manzana roja: si no ves nada, tienes afantasía, el 'ojo ciego de la mente' que afecta a cómo se aprende
Los investigadores calculan que alrededor de un 10% de los estudiantes apenas puede formar imágenes mentales.

Cierra los ojos un momento e imagina una manzana roja.
Probablemente puedas verla con bastante claridad. Quizá distingas su forma, su color brillante o incluso el reflejo de la luz sobre la piel. Sin embargo, para otras personas la experiencia es completamente diferente. No ven una imagen borrosa. No ven una imagen poco definida. No ven absolutamente nada.
Es lo que se conoce como afantasía, una condición popularmente descrita como el "ojo ciego de la mente" y que está despertando cada vez más interés entre los investigadores por su posible influencia en el aprendizaje.
Según un estudio recogido por The Conversation, esta diferencia en la capacidad para generar imágenes mentales puede tener consecuencias en la forma en que los estudiantes comprenden, organizan y recuerdan la información que reciben en clase.
Durante años se asumió que imaginar era una experiencia más o menos universal. Que cuando alguien pedía pensar en una playa, una montaña o una manzana, todos construíamos una imagen mental similar.
La realidad parece ser mucho más compleja.
No todo el mundo puede "ver" lo que imagina
Los expertos explican que la capacidad de visualización existe en un amplio espectro. Algunas personas generan imágenes extremadamente vívidas, casi como si estuvieran viendo una fotografía. Otras apenas consiguen formar representaciones difusas. Y un grupo reducido no puede crear imágenes mentales de ningún tipo.
Eso no significa que no entiendan los conceptos o que tengan dificultades intelectuales. Simplemente procesan la información de otra manera.
En lugar de apoyarse en imágenes mentales, suelen recurrir más al lenguaje, a los hechos, a la lógica o a secuencias de razonamiento paso a paso.
Un fenómeno más frecuente de lo que parece
Los investigadores analizaron a 1.451 estudiantes de secundaria de entre 12 y 16 años en varios centros educativos de Sídney (Australia).
Los resultados mostraron que aproximadamente un 10% de los alumnos tenía una capacidad de visualización muy limitada o prácticamente inexistente.
Además, cerca de un 30% describió sus imágenes mentales como poco intensas o solo moderadamente vívidas.
Es decir, la experiencia de imaginar no es tan homogénea como muchas veces se da por sentado.
¿Por qué puede afectar al aprendizaje?
El problema aparece porque gran parte de la enseñanza se basa, de forma implícita, en la capacidad de visualizar.
Los profesores piden constantemente a los alumnos que "imaginen", "visualicen" o "se hagan una imagen mental" de determinados conceptos.
Ocurre en Geografía cuando hay que representar paisajes o fenómenos meteorológicos. También en Ciencias, donde se pide entender cómo funcionan los átomos, las corrientes eléctricas o los campos magnéticos.
Para quienes pueden construir esas imágenes internas, la tarea resulta relativamente sencilla.
Para quienes no pueden hacerlo, el esfuerzo mental es mayor.
Los investigadores señalan que estos estudiantes suelen necesitar más tiempo para comprender ideas nuevas o más apoyo para recordar contenidos. No porque aprendan peor, sino porque utilizan estrategias cognitivas diferentes.
Los resultados pueden mejorar un 20%
La parte más interesante del estudio es que los investigadores también identificaron una posible solución.
Los alumnos con menor capacidad de visualización obtenían peores resultados en una prueba científica. Sin embargo, cuando los profesores utilizaban métodos de enseñanza más estructurados y claros, sus resultados mejoraban aproximadamente un 20%.
La estrategia consiste en reducir la complejidad inicial de los contenidos, dividir los procesos en pasos más pequeños, ofrecer ejemplos concretos y proporcionar apoyos visuales externos.
Curiosamente, los estudiantes con buena capacidad de visualización también se beneficiaban de este enfoque, aunque en menor medida.
Cómo detectar si un niño tiene afantasía
Los expertos señalan algunas pistas que pueden ayudar a identificarla.
Los niños con poca capacidad de visualización suelen afirmar que no "ven imágenes" cuando leen una historia, recuerdan una experiencia pasada o imaginan una situación futura.
También tienden a describir las cosas mediante palabras, datos o explicaciones lógicas en lugar de recurrir a imágenes mentales.
Eso no implica necesariamente que exista un problema ni que necesiten intervención especializada.
De hecho, muchos adultos descubren que tienen afantasía bastante tarde, al darse cuenta de que otras personas experimentan la imaginación de una forma muy distinta.
Mucho más allá del colegio
Los autores subrayan que las implicaciones van más allá del ámbito educativo.
La visualización mental interviene en actividades tan diversas como orientarse en una ciudad desconocida, preparar una maleta, practicar deporte, tocar un instrumento, montar un mueble o planificar acontecimientos futuros.
Comprender que no todas las personas imaginan de la misma manera puede ayudar a diseñar mejores métodos de enseñanza y también a entender por qué algunos niños —y muchos adultos— aprenden y resuelven problemas siguiendo caminos completamente diferentes.
Y todo puede empezar con una pregunta muy sencilla: cuando piensas en una manzana roja, ¿realmente la ves?
