Roberto, jubilado de 66 años, un año viviendo solo en un velero en Ibiza: "Es mucho más peligroso vivir en tierra que en el mar"
Después de superar un cáncer, decidió cumplir el sueño que llevaba décadas aplazando: cambiar una vivienda convencional por un velero y recorrer el mundo sin un destino fijo.

Mientras miles de personas sueñan con una jubilación tranquila en una casa junto al mar, Roberto decidió ir un paso más allá: vender esa idea de estabilidad y convertir un velero de casi 14 metros en su único hogar. Lleva un año viviendo fondeado en distintas calas de Ibiza y asegura que no echa absolutamente nada de menos su antigua vida. "¿Volver a una casa? No, nada, nada", responde con rotundidad.
La historia, compartida en el canal de YouTube de Diego Revuelta, se ha convertido en una de esas que rompen con la idea tradicional de cómo debe ser la jubilación.
Roberto, gallego de Vigo y antiguo trabajador de un ayuntamiento, llevaba décadas soñando con navegar por el mundo. Tras jubilarse, alquiló su vivienda, compró un velero por unos 85.000 euros y decidió que había llegado el momento de cumplir el plan que llevaba toda la vida imaginando.
Un cáncer le hizo cambiar la forma de ver la vida
Su decisión no fue casual.
En 2023 le diagnosticaron un cáncer que logró superar, pero aquella experiencia cambió por completo su manera de entender el tiempo.
"Cuando te dicen la palabra cáncer, se te abren otras posibilidades que nunca habías pensado", explica. Asegura que dejó de posponer su sueño porque comprendió que "la vida se va así" y que ya no quería esperar más. Incluso cree que, desde que vive en el barco, su salud ha mejorado. "Tengo 66 años, pero creo que ahora tengo 64", bromea.
Una casa flotante para seis personas
Su embarcación dispone de cocina con horno, salón, baño, camarote principal y espacio suficiente para alojar hasta seis personas, aunque vive solo la mayor parte del tiempo. "Tengo todo para vivir", resume mientras enseña cada rincón de su casa flotante.
Eso sí, no está dispuesto a convertirla en un negocio.
Cuenta que ha recibido numerosas ofertas de personas que querían alquilar el barco para dormir unas noches en Ibiza, pero siempre responde lo mismo: "Mi barco es para disfrutar yo y la gente que yo decido".
"Es mucho más peligroso vivir en tierra"
Una de las preguntas inevitables gira en torno a la seguridad.
Tras recordar el caso de un amigo navegante que desapareció en el mar cuando viajaba hacia Bahamas, Roberto sorprende con una reflexión que resume su filosofía de vida.
"Es mucho más peligroso vivir en tierra que en el mar", afirma convencido. Argumenta que una persona tiene muchas más probabilidades de sufrir un accidente de tráfico que un percance navegando y recuerda que su barco dispone de radiobaliza, sistemas de localización permanente y varios equipos de emergencia.
Ibiza, mucho más que fiesta
Aunque hoy está enamorado de Ibiza, reconoce que llegó con muchos prejuicios.
Pensaba encontrar únicamente discotecas y lujo, pero dice haber descubierto una isla muy distinta, marcada por la naturaleza y las pequeñas calas.
Eso sí, también denuncia el enorme problema de la vivienda. Explica que conoce personas que pagan hasta 3.000 euros al mes por un pequeño apartamento de una habitación, una situación que considera insostenible para muchos trabajadores.
Él evita esos costes viviendo fondeado en una cala, donde apenas gasta dinero más allá de la comida y algunos gastos cotidianos. Durante el invierno sí debe permanecer en puerto, donde los costes aumentan considerablemente, pero el resto del año asegura que puede ahorrar mientras disfruta de la vida que siempre quiso tener.
Sin un plan cerrado para el futuro, Roberto solo tiene clara una cosa: seguirá navegando mientras le haga feliz.
"Estoy buscando un sitio donde vivir feliz. Que sea una casa, un barco, una caravana o una nave espacial... no lo sé", concluye entre risas.
