Un padre y un hijo agricultores cobran 300.000 euros de facturas falsas, la Justicia llama a su puerta y se echan la culpa mutuamente
Los dos trabajadores tenían "la misma firma". Así "les cazó" la Justicia francesa.
Seguro que más de una vez has oido hablar del fraude fiscal, un delito que hace referencia a los actos que afectan a la Hacienda Pública local, foral, autonómica o estatal de forma directa; esto es, no pagar impuestos, no declarar los tributos correspondientes, obtener ventajas fiscales de maneras incorrectas y conseguir devoluciones sin que correspondan.
En España, para poder hablar de fraude fiscal, estas cantidades tienen que superar los 120.000 euros. Las penas a cumplir varían en función de la cantidad de dinero defraudada, además del pago de una multa que puede llegar a multiplicar por seis la cantidad de dinero afectada.
Y el fraude puede darse en cualquier sitio. Es el caso de dos agricultores, padre e hijo, de la región francesa de Correze. Ambos han sido condenados por el tribunal penal de Brive tras cobrar 300.000 euros en facturas falsas de proveedores. Su objetivo era defraudar a las autoridades fiscales, según informa el diario La Montagne.
Un informe de Tracfin del año pasado fue lo que levantó las sospechas. Este servicio de inteligencia financiera de Francia, dependiente del Ministerio de Economía y Finanzas y encargado de luchar contra el blanqueo de capitales, la financiación del terrorismo y la fraude económica y fiscal, dio la alerta por el alto número de facturas de proveedores que padre e hijo habían sumado entre 2020 y 2023.
La mayoría de los documentos se referían a la alimentación animal, pero algunos también eran facturas por obras o por compra de equipos, y el tipo del IVA a menudo estaba sobreestimado. Los dos recibieron 295.000 euros como consecuencia de la devolución del IVA.
Las 263 facturas falsificadas que han sido investigadas por el Tracfin dan una suma de más de un millón de euros. Además de este fraude fiscal, la investigación reveló sospechas de blanqueo de capitales puesto que los fondos se utilizaron para comprar terrenos, maquinaria agrícola y un automóvil.
Al final de la audiencia, no quedó claro si era el padre o el hijo el responsable de las facturas falsas. Los dos agricultores tenían "la misma firma" y se culparon mutuamente durante el proceso judicial. Y el jueves 15 de enero ninguno de ellos se presentó a la audiencia en Brive (Corrèze) para conocer la sentencia.