Una ciudad de Dinamarca cambia sus farolas a luz roja para proteger a los murciélagos, pero el color reduce el tiempo de reacción de los conductores
Un compromiso delicado entre biodiversidad y seguridad vial.

Aunque muchos piensan que los murciélagos son completamente ciegos, lo cierto es que su visión nocturna está lejos de ser nula. Estos pequeños mamíferos dependen tanto de sus ojos como de su sistema de ecolocación para moverse y cazar en la oscuridad. Y precisamente por eso, cualquier luz artificial puede alterar sus rutas y hábitos, algo que en una ciudad danesa han decidido abordar de una manera muy poco convencional.
Para proteger a estas especies sin apagar por completo la iluminación urbana, Gladsaxe ha dado un giro sorprendente: en un tramo de 700 metros de la avenida Frederiksborgvej, las farolas se tiñen de rojo al caer la noche. Esta ciudad a las afueras de Copenhague, conocida por su compromiso con la sostenibilidad y la biodiversidad, ha optado por esta medida pensando en el bienestar de los murciélagos que habitan los bosques cercanos.
El cambio no busca efectos estéticos ni preparar un escenario de película de terror, sino reducir el impacto de la luz sobre los murciélagos, permitiéndoles desplazarse y cazar con menos perturbaciones mientras los coches y peatones siguen circulando por la zona. Sin embargo, esta elección de iluminación roja también tiene sus riesgos: varios estudios muestran que la luz de este color dificulta percibir contrastes y distancias, lo que puede reducir el tiempo de reacción de los conductores ante obstáculos inesperados.
Extremar la precaución
El propio municipio reconoce que, desde el punto de vista de la fauna, la oscuridad total sería la opción más beneficiosa para los murciélagos. Sin embargo, apagar completamente la iluminación en una vía urbana no es una alternativa segura para peatones, ciclistas y conductores. Por eso, las autoridades optaron por la luz roja como una solución intermedia que minimiza la alteración del comportamiento de los murciélagos sin sacrificar la seguridad vial.
No obstante, la seguridad al volante depende en gran medida de la sensibilidad al contraste y de la capacidad para detectar obstáculos con poca luz. Bajo iluminación roja, el ojo humano percibe menos diferencias de tono y profundidad, lo que puede retrasar la reacción. Eso no significa que una farola roja sea peligrosa por sí sola, pero sí explica por qué varios especialistas ven este tipo de alumbrado como un compromiso delicado entre biodiversidad y seguridad vial.
Por eso, aunque la medida protege a los murciélagos, también obliga a conductores y planificadores urbanos a extremar la precaución. De momento, Gladsaxe observa de cerca cómo funciona esta solución innovadora, buscando un equilibrio entre cuidar la fauna nocturna y garantizar que la ciudad siga siendo segura para todos los que transitan por sus calles, consciente de que la protección del medio ambiente y la seguridad humana deben avanzar de la mano.
