Confirmado por expertos: delegar las tareas "aburridas" en la IA está disparando el 'burnout' y matando las buenas ideas
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Confirmado por expertos: delegar las tareas "aburridas" en la IA está disparando el 'burnout' y matando las buenas ideas

Señalan que se está confirmando el problema que se preveía con la integración de la inteligencia artificial en la vida diaria de la población.

Una persona clicando en la app de ChatGPT (IA)Getty Images

La inteligencia artificial prometía librarnos del trabajo pesado. Clasificar correos, resumir reuniones, preparar informes de gastos o limpiar agendas son tareas que hoy pueden resolverse en segundos gracias a un asistente digital. Sobre el papel, el trato parece perfecto: menos monotonía y más tiempo para pensar en "lo importante".

Pero cada vez más expertos advierten de un efecto secundario inesperado. Al eliminar casi por completo las tareas rutinarias, muchas empresas están empujando a sus empleados a un estado de concentración constante que resulta mentalmente agotador. Y, paradójicamente, está reduciendo la creatividad en lugar de impulsarla.

Cuando el cerebro necesita aburrirse

El problema no es la automatización en sí, sino lo que ocurre cuando el cerebro no tiene pausas reales. Pensar de forma profunda y estratégica durante horas seguidas no es sostenible. Las grandes ideas rara vez aparecen en reuniones intensas o frente a una hoja de cálculo: suelen surgir cuando la mente entra en piloto automático.

El director ejecutivo de Aflac, Dan Amos, es un defensor declarado de este tipo de "descansos activos". A pesar de dirigir una gran compañía y ganar alrededor de 20 millones de dólares al año, llena su agenda de tareas que muchos considerarían prescindibles. Tras las reuniones, dedica unos minutos a repasar lo hablado. Escribe notas a mano para empleados que se jubilan o reciben bonificaciones, siguiendo rutinas casi mecánicas. No lo hace por nostalgia, sino por salud mental.

"Necesito espacios de calma", explica. Para Amos, esos momentos son el equivalente empresarial a pensar en la ducha: cuando el cerebro se relaja, aparecen las conexiones inesperadas.

Productividad… y agotamiento

Esta tensión entre eficiencia y creatividad la ha vivido de primera mano Roger Kirkness, fundador y director ejecutivo de la startup tecnológica Convictional. El pasado año, su empresa logró aumentar la productividad en torno a un 20% gracias al uso intensivo de herramientas de IA. Sin embargo, algo empezó a fallar.

A finales de semana, muchos empleados estaban exhaustos. No porque trabajaran más horas, sino porque sus días se habían llenado de tareas de alta exigencia cognitiva, sin apenas respiros mentales.

"Liberamos tanto trabajo rutinario que todo se convirtió en pensamiento de alto nivel", explica Kirkness. El resultado fue un desgaste acelerado.

Para contrarrestarlo, tomó una decisión poco habitual en el sector: instaurar una semana laboral de cuatro días. El volumen de trabajo se mantiene, asegura, pero el equipo llega más fresco y con mejores ideas.

El error de reasignar cada minuto

La economista y socióloga Juliet Schor, autora de Cuatro días a la semana, lleva años estudiando este fenómeno. Automatizar tareas repetitivas no es necesariamente negativo, sostiene. El problema aparece cuando las empresas rellenan automáticamente ese tiempo liberado con más trabajo intenso.

Según Schor, muchas organizaciones han cometido el mismo error:

  • Eliminar tareas sencillas gracias a la IA
  • Reasignar ese tiempo a análisis complejos y decisiones continuas
  • Esperar concentración máxima durante toda la jornada

"Si obligas a la gente a operar siempre en modo de alta intensidad, acabas erosionando la creatividad", advierte. El cerebro necesita alternar ritmos, no vivir permanentemente en alerta.

El valor oculto del "espacio en blanco"

Aun así, defender el trabajo rutinario no es fácil. Suena poco atractivo y difícil de justificar en entornos competitivos. Por eso, el coach ejecutivo LK Pryzant propone cambiar el lenguaje. En lugar de hablar de tareas aburridas, habla de "espacio en blanco".

El concepto es sencillo: tiempo sin estímulos constantes, sin entradas de información, sin multitarea. Caminar sin atender llamadas, conducir sin podcasts, ordenar cosas sin pensar en objetivos estratégicos.

"Llámalo como quieras", dice Pryzant. "El efecto es el mismo: le das al cerebro la oportunidad de respirar".

La música también ofrece ejemplos. La cantautora Lucy Dacus ha contado que fue más creativa cuando tenía un trabajo monótono en una tienda. La repetición le dejaba espacio mental para componer. No es casualidad.

El riesgo de eliminar el aburrimiento

No hay garantías de que una idea brillante surja mientras vacías la bandeja de entrada o haces una tarea mecánica. Pero vivimos en una época obsesionada con eliminar cualquier atisbo de aburrimiento: coches autónomos, streaming sin anuncios, asistentes que piensan por nosotros.

Los expertos lanzan una advertencia clara: si eliminamos por completo la monotonía, también podemos estar borrando el terreno donde nacen muchas buenas ideas. Y, de paso, empujando a más trabajadores al burnout.

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