Robert Reich, economista y académico, constata que la IA empobrecerá a los trabajadores: "La semana de 4 días traerá un sueldo de 4 días"
El experto trata de reducir el entusiasmo en torno a la aplicación efectiva a nivel laboral de la inteligencia artificial, especialmente en lo referente a la reducción de las jornadas de trabajo.
Mientras buena parte de Silicon Valley promete que la inteligencia artificial abrirá la puerta a semanas laborales de cuatro -o incluso tres- días y a una nueva era de prosperidad, el economista Robert Reich enfría el entusiasmo. En un ensayo reciente, el exsecretario de Trabajo de Estados Unidos sostiene que ese relato optimista oculta una consecuencia incómoda: menos días de trabajo podrían significar, sencillamente, menos salario.
Reich cuestiona la narrativa dominante según la cual la automatización permitirá producir más con menos esfuerzo y, por tanto, repartir mejor el tiempo y la riqueza. A su juicio, la experiencia histórica apunta en la dirección contraria. Aunque la economía estadounidense crece con solidez y los mercados bursátiles atraviesan un buen momento, la mayoría de los trabajadores no percibe esa bonanza en su bolsillo.
La promesa tecnológica frente a la realidad salarial
Algunos grandes directivos han alimentado la idea de una transformación radical del empleo. Eric Yuan, consejero delegado de Zoom Video Communications, y Jamie Dimon, al frente de JPMorgan Chase, han sugerido que las herramientas de automatización permitirán reducir la semana laboral sin sacrificar productividad.
Reich, sin embargo, desmonta ese planteamiento con crudeza. Según argumenta, si la jornada se reduce a cuatro días, lo más probable es que el salario se ajuste también a cuatro días. Y si se limita a tres, ocurrirá lo mismo. No hay indicios -afirma- de que las empresas estén dispuestas a mantener sueldos íntegros en un escenario de menor dedicación formal.
Para sostener su tesis, recurre a un dato estructural de la economía estadounidense: la brecha entre productividad y salarios. Desde la década de 1970, la producción por trabajador ha aumentado de manera constante, pero la remuneración media no ha seguido el mismo ritmo. El resultado es que una parte creciente del valor generado se concentra en la cúspide empresarial y financiera.
En términos prácticos, esto implica que:
- La productividad puede dispararse gracias a la IA
- Los beneficios empresariales pueden crecer
- Pero los salarios no necesariamente acompañarán esa mejora
Una tendencia que ya está en marcha
Reich sostiene que no hace falta esperar a una revolución total de la inteligencia artificial para observar esta dinámica. En 2025, el crecimiento del empleo a tiempo completo ha sido prácticamente plano, mientras aumentan las fórmulas de trabajo por encargo y los contratos precarios. Al mismo tiempo, muchos sectores con salarios bajos registran caídas reales de ingresos.
En su análisis, la tecnología reciente no ha creado una sociedad de abundancia compartida, sino una estructura cada vez más polarizada:
- Un grupo reducido acumula riqueza extraordinaria
- Una mayoría ve estancados o reducidos sus ingresos
- Crece la necesidad de combinar varios empleos para mantener el nivel de vida
- La inteligencia artificial, advierte, podría acelerar esa fragmentación si no existen mecanismos que redistribuyan los beneficios de la automatización
El factor decisivo: el poder
Para el economista, la cuestión central no es tecnológica sino política y estructural. La clave reside en quién controla las ganancias derivadas de la innovación. Si el poder de negociación sigue concentrado en grandes corporaciones y accionistas, los avances en eficiencia no se traducirán en mejoras generalizadas.
En otras palabras, el debate sobre la semana laboral de cuatro días no puede desligarse de la distribución del ingreso y del equilibrio de fuerzas entre capital y trabajo. Sin reformas que fortalezcan la posición de los empleados -ya sea mediante negociación colectiva, políticas fiscales o regulación-, la promesa de trabajar menos y vivir mejor corre el riesgo de convertirse en una ilusión.
Frente a la retórica de la "liberación del trabajo", Reich lanza una advertencia: sin cambios profundos en la estructura económica, la inteligencia artificial podría no reducir la desigualdad, sino ampliarla. Y la reducción de la jornada, lejos de ser una conquista social, podría convertirse en otra forma de ajuste salarial encubierto.