INTERNACIONAL
22/07/2012 11:53 CEST | Actualizado 22/07/2012 12:15 CEST

Primer aniversario de la masacre de Utoya: El primer ministro noruego asegura que Breivik "fracasó"

PAULA BRONSTEIN / GETTY

Solo dos días después de que 12 personas muriesen en un tiroteo en un cine de Denver, Noruega recuerda este domingo la tragedia que conmocionó a todo el país hace justo un año. Aquel día, el ultraderechista Anders Behring Breivik, de 33 años, mató a 77 personas. Primero explotando una furgoneta bomba que acabó con la vida de ocho personas en el centro de Oslo y poco después asesinando a otras 69 en la isla de Utoya, donde se celebraba un campamento de las Juventudes Laboristas. "El autor fracasó. La gente ganó", aseguró este domingo el primer ministro noruego, Jens Stoltenberg.

"No eran niños inocentes, sino activistas por el culturalismo", afirmó tras los atentados Breivik, que no estaba arrepentido: "Hice el ataque más espectacular en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Lo haría de nuevo, porque fueron actos motivados por el bien y no por el mal". Dijo estar convencido de que había actuado "en defensa propia" contra el "multiculturalismo" y el "marxismo cultural" y aseguró pertenecer a una organización llamada Caballeros Templarios de cuya existencia no tiene constancia la policía.

HUELLA FÍSICA

Ahora, un año después, todavía queda una huella física de los atentados: hace unos días se acabaron de retirar las más de 4.300 toneladas de escombros de los edificios más afectados por la bomba, pero el complejo gubernamental de Høyblokka, el centro de poder del país, sigue inutilizado. Las autoridades aún no han decidido si derribarán los nueve edificios y construirán un nuevo complejo, que no estaría listo hasta como poco dentro de 8 años, mientras varios departamentos trabajan en locales provisionales, incluido el primer ministro, cuya oficina está ahora en el Ministerio de Defensa.

Los atentados evidenciaron graves errores de coordinación de las fuerzas de seguridad, muy criticados por las familias de las víctimas, que tuvieron que esperar ocho meses para que la Policía admitiera algunos fallos y pidiera disculpas.

HOMENAJE

Para recordar el primer aniversario de los atentados, en Noruega se celebran durante todo el domingo actos en todo el país y, especialmente, en los lugares en los que Breivik cometió la masacre. También se celebran ceremonias religiosas. La principal transcurre en la catedral de Oslo, rodeada de fuertes medidas de seguridad.

En la apertura de esos actos, Stoltenberg, aseguró que el pueblo ha triunfado sobre el intento del ultraderechista de transformar el país con sus ataques. "La bomba y los disparos querían cambiar Noruega. El pueblo noruego respondió abrazando nuestros valores. El autor fracasó. La gente ganó", señaló Stoltenberg en su discurso en el complejo gubernamental de Oslo.

En el acto, al que también asistió la familia real, el primer ministro reconoció que el debate sobre los fallos de seguridad es "necesario e importante para aprender y evitar que ocurra de nuevo". Hasta dentro de tres semanas no presentará su informe la comisión creada por el Parlamento sobre la actuación policial, pero ésta ya se ha cobrado dos víctimas en forma de dimisiones: el ministro de Justicia y la jefa de los servicios de inteligencia, aunque ambos apelaron a motivos personales para dejar el cargo.

"Hoy debemos recordarnos unos a otros que el amor es eterno: la llama de la vida se ha apagado, y el dolor deberán llevarlo para siempre, pero los cálidos recuerdos nadie se los puede quitar", afirmó el primer ministro.

REFORMA DE LA LEY

El Gobierno lanzó hace unos días una propuesta de reforma de la ley antiterrorista que da amplias facultades para investigar potenciales actos terroristas de individuos aislados, aunque le han llovido críticas apuntando a que se quiere castigar las ideas.

Más duras y generalizadas han sido las protestas contra la nueva ley para quienes sean condenados a recibir atención psiquiátrica por parecer hecha a medida para Breivik, que podría recibir ese castigo. El juicio al ultraderechista noruego de 33 años, cuya sentencia se pronunciará previsiblemente el 24 de agosto, ha provocado un amplio debate sobre la necesidad de cambiar los criterios que en el Derecho noruego permiten declarar a alguien penalmente responsable de sus actos atendiendo a si existen dudas sobre su estado mental.

La defensa de la democracia y de la sociedad multicultural, contra la que atentó Breivik, contrastan con la recuperación en los sondeos del ultranacionalista Partido del Progreso, que parece haber superado la fuerte caída sufrida en los comicios municipales de septiembre y ha echado mano de nuevo del discurso antiinmigración.