TENDENCIAS
29/12/2012 11:15 CET | Actualizado 30/12/2012 10:27 CET

Navidades expatriadas: esperando el paquete de comida española, cenando en un chino, cocinando a 4.000 metros de altura...

M.

Quizá tú también conoces a alguien que este año no ha vuelto a casa por Navidad.

Según los últimos datos del INE, son 1,8 millones los ciudadanos con nacionalidad española que residen fuera del país. María es una de ellas. En 2009 decidió cursar un máster en China, donde vive desde entonces. Estas Navidades, su trabajo le ha impedido viajar hasta España. “No tengo vacaciones porque en China la Navidad no existe. En las calles de Shanghai no se respira ningún ambiente especial. No hay luces, ni árboles decorados.” Pese a todo, se pidió un día libre para celebrar el 25 con sus amigos mexicanos, franceses, y españoles.

Ella aportó algunos productos que le mandaron sus padres desde su Asturias natal: jamón ibérico, queso, turrones... “Nos pasamos el año comiendo arroz y noodles, ¡así que durante estos días estamos intentando no probar nada chino!”. Para después de los entremeses, esta treintañera preparó una sopa de pescado (eso sí, hecha con almejas y nécoras chinas) y solomillo de cerdo.

La que sí que comió chino en Nochebuena fue Rocío, licenciada en Publicidad de 26 años. Llegó a Londres hace sólo unas semanas con el propósito de aprender inglés. Repartió tantos currículums, que ahora está pluriempleada - en una tienda de ropa y en un restaurante -, razón por la cual no ha podido estar estas semanas con su familia en España. El mismo día 24 tuvo que trabajar. Al salir, le esperaba su novio, que voló desde Madrid a la capital inglesa para impedir que Rocío viviese una Navidad en soledad, encerrada en el hotel donde se alberga hasta que encuentre piso. “A las 9 de la noche los trenes dejaron de funcionar, y los autobuses estaban en servicios mínimos, así que acabamos en China Town comiendo un menú traicionero que nos salió por un ojo de la cara.” Esta pareja de madrileños asegura que el dolor de estómago posterior les impedirá olvidar esta última Nochebuena...

"NO ME GUSTAN LAS UVAS. ¡POR FIN ME LIBRO!"

Pero no todos los que pasan las Navidades fuera del país lo hacen obligados. Miguel ha querido quedarse en la que es su ciudad desde febrero de 2011: Dublín. “Cuando vivía en Madrid, veía que mis compañeros de curro internacionales hacían planes superdivertidos en Navidad, y me daba envidia. Este año soy yo quien los está haciendo”.

El día 25 cada uno de sus amigos llevó algo típico de su país: la argentina una empanada, la italiana un risotto, el francés un vino... Aunque el plan realmente distinto para este joven de 26 años será el de Nochevieja. “No me gustan las uvas, y ¡por fin este año me voy a librar de comerlas! La noche del 31 estaré con muchos amigos de otras nacionalidades, y afortunadamente lo de las 12 uvas es algo que sólo hacemos los españoles.”

Lorena, sin embargo, tiene claro que esa noche conectará con TVE Internacional para tomárselas. Ella es una más entre el millón de personas que ha abandonado nuestras fronteras desde enero de 2011 . La empresa en la que trabaja desde hace 12 años decidió nombrarla hace unos meses directora de su delegación en Bolivia, donde también se celebran estas fiestas. Se fue allí con su marido, su hijo de 5 años y sus perra en La Paz, a 4.000 metros de altitud. “Con lo que cuesta adaptarse, y superar el mal de altura y los problemas estomacales, como para irnos ahora y volver a empezar a la vuelta”, afirma.

COCINAR A 4.000 METROS DE ALTURA

Cuenta Lorena, madrileña de 36 años, que las elevadas cotas afectarán también a su menú de Nochevieja: “Sin una olla express será imposible hacer un consomé a 4.000 metros de altura, ya que tardaría días debido a la falta de oxígeno, que retrasa mucho las cocciones.” En su defecto, prepararán sopa de miso y sushi hecho con trucha del Titicaca, y la saborearán al ritmo de “los villancicos que llevan ya semanas sonando en el Spotify, aunque en esta casa somos más de Bing Crosby que de Raphael.”

El motivo que ha hecho que Nuria y Juan pasen estas fechas fuera de casa, es otro: un bebé en camino. Estos dos gallegos de 33 años se trasladaron a Estados Unidos en septiembre, cuando él firmó un contrato postdoctoral para trabajar en la Universidad de Harvard en Boston, Massachusetts. Nuria terminará su propia tesis doctoral allí, después de dar a luz. “Con el tema del embarazo es un rollo volar. Además, llegamos hace poco y el gasto de dos billetes nos parecía prescindible. Así que las estamos pasando entre médicos, ecografías, análisis de glucosa y algunos amiguetes.” En Nochebuena conectaron con sus familias por Skype, y en fin de año irán a Nueva York, “por eso del glamour de la gran manzana.”

Todos reconocen que echarán de menos no estar en España. Citan a “familiares y amigos”. Y, también, al jamón ibérico y “la comida rica”.

¿Tú también has pasado la Navidad lejos de tu casa o has echado de menos a quien no ha podido regresar? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!