La joven tarifeña desmonta el mito del "sueño helvético" y relata la cruda realidad física y mental de empezar de cero en la hostelería de un país tan frío como hermético.
Lleva tres años dando clase en un bachillerato rumano y su veredicto es demoledor: la falta de disciplina y el "notable regalado" le han hecho valorar la exigencia educativa de España como nunca antes.