POLÍTICA
10/05/2014 10:08 CEST | Actualizado 10/05/2014 10:08 CEST

¿Son útiles los cursos de formación para parados? "No responden a las necesidades de las empresas"

EFE

Las palabras "cursos de formación" van unidas últimamente a corrupción, estafas y malas prácticas. En los últimos meses han estallado importantes casos de fraude en Madrid y en Andalucía y otras comunidades están también bajo lupa: empresas que reciben irregularmente dinero de las Administraciones, cursos que no llegan ni a implantarse, alumnos fantasma...

Todo ello ha puesto en cuestión la estructura de la formación en España, un complejo entramado que se asienta sobre un sistema en el que participan el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), dependiente de Empleo; la Fundación Tripartita (integrada por el mismo SEPE, los sindicatos estatales UGT y CCOO y el gallego CIG, y las patronales CEOE y Cepyme) y las comunidades autónomas.

La formación para el empleo contó en 2013 con una partida de 2.125 millones de euros, de los que 956,9 millones se destinaron a los desempleados. La mayor parte de esos fondos (1.860 millones) provienen de la cotización que pagan empresas y trabajadores. Del resto, 165,4 millones corresponden a la aportación presupuestaria del Estado y 100 millones provienen del Fondo Social Europeo.

Esos fondos los gestionan casi a partes iguales las Comunidades Autónomas, el Gobierno con el programa Prepara y las empresas, los centros de formación y los agentes sociales: CEOE y CEPYME, CCOO, UGT y organizaciones de autónomos.

"NO SIRVEN PARA NADA"

Todo eso se traduce en cerca de 10.000 cursos anuales para parados y trabajadores y de todo tipo, desde jardinería a peluquería, pasando por informática o soldadura. A la luz de las cifras de desempleo, la formación destinada a parados no está siendo eficaz para reducir el paro.

Los propios alumnos de estos últimos cursos aseguran que su funcionamiento es, en muchos casos, más que deficiente. "Por mi experiencia puedo decir que esos cursillos no sirven para nada", sentencia Sergio Arranz, electricista vallisoletano de 27 años que hizo un curso de soldadura.

"Lo que aprendimos me puede servir para mí, porque si voy a una obra y tengo que soldar algo sabría hacerlo. Pero no me vale para reciclarme porque nadie me va a contratar por eso. De hecho, sigo en el paro. Y si alguien es soldador profesional, este curso no le iba a servir tampoco porque sabría hacerlo ya", se lamenta.

Leticia Carranza, sevillana de 34 años, lleva desde 2012 en el paro. Es periodista y asegura que ha hecho ocho cursos para desempleados: "Me he encontrado de todo, pero tampoco diría que son una estafa. Hay cursos útiles, como uno que hice de inglés, en los que los profesores eran tan exigentes como en la facultad. Y otros en los que firmabas, no hacías nada y te daban el título".

Más indignado se muestra Santos Fiallos, que hizo dos cursos de dibujo técnico en Moratalaz (Madrid). "Tenía muchas expectativas porque el programa era interesante, pero luego resultó que no era lo mismo. En cierta forma, el profesor pasaba de todo, iba a cumplir, a hacer acto de presencia. Pasó completamente del plan de estudios. Muchos estudiantes tampoco colaboraban porque iban cuando les daba la gana. No había ningún control", critica.

LA INEXISTENTE FIGURA DEL ORIENTADOR

Los expertos señalan que el sistema de formación para parados en España tienen más fallos de base: los cursos que se ofrecen actualmente no responden en absoluto a las necesidades concretas que tienen las empresas, como reconoce Francisco Rueda, director de formación y empleo de la empresa de formación Élogos,.

"Primero habría que tener una idea clara de qué necesitan las empresas y luego pedir a los proveedores de formación que den esos cursos con requisitos de calidad, solvencia...", explica. En cambio, asegura, ahora mismo se ofrece un "menú cerrado" de cursos donde el parado elige lo que él prefiere sin que nadie le asesore.

"En otros países, como los escandinavos o la propia Francia, te apuntas en la oficina de empleo y de inmediato te asignan un orientador que va a ser tu acompañamiento en todo el proceso. Él te hace un perfil de competencias. Si tú eres camarero, analizan lo que sabes y no sabes hacer, lo comparan con lo que demandan las empresas, ven qué te hace falta y te recomiendan cursos, formación", indica.

"NO TIENE MUCHO SENTIDO"

Esa falta de orientación y detección de las carencias es un punto negativo a la hora de encontrar trabajo. "Lo que verdaderamente marca la diferencia es que los cursos que se incluyen en el currículum guarden cierta coherencia con la posición vacante o el sector de actividad de la empresa a la que se quiere acceder", subraya Iria Vázquez, directora de Formación y Desarrollo del Talento de Adecco.

El problema, según aseguran los alumnos, es que el sistema no funciona bien y no siempre permite acceder a los cursos idóneos para completar un perfil profesional. Laura, maestra de educación infantil de 30 años, lamenta que los cursos que le ofrecen nunca tienen nada que ver con su área.

"Ayer mismo me enviaron una oferta de un curso de maquillaje. Hace meses fue de blanqueamiento dental. A mí, que he estudiado magisterio y siempre he trabajado de profesora. No creo que todo esto tenga mucho sentido", se queja.

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"LOS FRAUDES SON MÍNIMOS"

Teresa Muñoz, secretaria de Formación de UGT, admite que el sistema tiene que cambiar porque está planteado para unos "sectores productivos que han quedado en desuso, como la construcción", pero insiste en que la "excusa" para cambiar no debe ser las malas prácticas. "Los procesos irregulares o de presuntos fraudes son mínimos, como pudiera pasar en cualquier otra actividad. El porcentaje podría no llegar ni al 1% de la actividad", insiste.

En idéntica dirección apunta Francisco Javier López, responsable confederal de Formación de CCOO: "Hay corruptos que hay que juzgar. Hay malas prácticas que hay que corregir y hay cosas que funcionan bien y hay que mantener".

En su opinión, hay intentos de devaluar la formación para el empleo para dejarla en "manos del negocio privado" y, por eso, "se alimentan mentiras que a fuerza de repetirse terminan pareciendo verdades".

"Las evaluaciones del alumnado revelan niveles de satisfacción superiores al 85%. Dicho esto, no hay que confundir esta valoración general positiva con cursos basura que pueden verse financiados con bonificaciones, o empresarios desaprensivos como la trama descubierta en Madrid que falsificaban hasta los alumnos sacándolos hasta de listas de afiliados del PP", concluye.

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