ECONOMÍA
20/01/2016 17:32 CET | Actualizado 20/01/2016 18:26 CET

Así es Davos, el pueblo suizo donde se reúnen las élites mundiales

EFE

DAVOS-. El estadio Vaillant Arena es normalmente uno de los centros neurálgicos del pueblo suizo de Davos. Allí juega el equipo local de hockey sobre hielo, una auténtica potencia en esa disciplina. La población sólo tiene 11.000 habitantes, pero el HC Davos ha ganado 31 Ligas nacionales, así que en las paredes de algunos restaurantes cuelgan fotos del equipo y de los jugadores. Estos días, sin embargo, en esta localidad nada es como siempre. Nadie atiende al deporte y el Vaillant Arena está vacío. Davos acoge hasta el sábado la 46 edición del Foro Económico Mundial, que reúne a la élite política internacional. No hay más noticia que esa.

El evento, que se organiza anualmente en este mismo lugar, paraliza y corta por completo la rutina de este pequeño pueblo que los suizos consideran una ciudad porque tiene más de 10.000 habitantes. Aceptando esa premisa, Davos es la ciudad situada a mayor altitud de toda Europa, a 1.560 metros sobre el nivel del mar, en plenos Alpes y a pocos kilómetros de las fronteras de Liechtenstein y Austria.

Es una localidad que no destaca por ser especialmente pintoresca, pero esta semana está colapsada: grandes atascos en sus entradas y salidas, francotiradores en las azoteas de muchos edificios, helicópteros que sobrevuelan constantemente el espacio aéreo, cientos de policías armados por las calles…

Este año, además, la amenaza terrorista ha provocado que se refuercen las ya de por sí intensas medidas de seguridad. El Parlamento suizo aprobó el despliegue de 5.000 efectivos del Ejército y cientos de policías, que en esta ocasión y como novedad utilizan chalecos antibalas, y el espacio aéreo ha sido restringido en 46 kilómetros a la redonda. Todos los servicios de inteligencia de Suiza están enfocados en Davos y cuentan con el apoyo de las agencias más importantes del mundo y de países vecinos, como Francia o Alemania.

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Davos, nieve y policía

El aeropuerto más cercano a la localidad, el de Zúrich, está a más de dos horas por carretera: primero una autovía y luego una estrecha y serpeante vía rodeada de varios centímetros de nieve y cortada en varios tramos por controles policiales, el primero de ellos situado a más de 30 kilómetros de la localidad. Los policías hacen parar a la mayor parte de los coches. Miran a sus ocupantes, en ocasiones les hacen bajar, revisan el vehículo y les ordenan seguir la marcha.

No es para menos, dado que durante esta semana pasan por allí más de 40 jefes de Estado y de Gobierno junto a 1.500 magnates y ejecutivos de las compañías más importantes. Entre ellos, el ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos, y los presidentes del Santander, Ana Botín, y el BBVA, Francisco González.

La situación de China, la segunda economía del mundo tras la estadounidense, y su impacto a escala global serán motivo de debates diarios durante el Foro, donde el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, hará previsiones para la Eurozona. Según informa EFE, la evolución el sector energético, la posibilidad de prevenir futuros shocks económicos, la transformación de las finanzas, los cambios que sigue imponiendo la revolución tecnológica y la expansión de internet y las perspectivas de las economías emergentes, serán otros temas que se propondrán.

LOS CONTRASTES EN LAS CALLES

Aunque el Foro en sí ha comenzado este miércoles, desde hace varios días se celebran en Davos multitud de eventos, como la presentación del Índice de Competitividad por el talento Global, un ranking mundial elaborado por Adecco basado en la capacidad de atracción y retención del talento.

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Una espesa capa de nieve cubre las calles de la ciudad.

Así que las nevadísimas calles de la localidad dejan ver estos días curiosos contrastes: ejecutivos vestidos con impolutos trajes cruzan sus maletines con los esquís que portan muchos aficionados a la nieve, deseosos de disfrutar de las extensas pistas que convierten a Davos en un destino estrella de las vacaciones de montaña; periodistas y fotógrafos -hay acreditados 500, pese a que hay muchas más peticiones- cargan con los trípodes de sus cámaras ante la curiosa mirada de ancianas oriundas que se abrigan al salir del súper. Y más les vale protegerse bien del frío: esta semana en Davos los termómetros bajan hasta los 22 grados bajo cero y no suben de los seis, también negativos.

Mientras, los hosteleros se frotan las manos, y no precisamente porque se les estén congelando. El Foro supone una potente inyección económica para la localidad. Aunque los gerentes de algunos restaurantes afirman que no suben los precios de las cartas esta semana, sí admiten que, por ejemplo, los desayunos cuestan más. Y eso en Suiza, un país carísimo, es mucho decir. Si un desayuno vale habitualmente 20 francos (unos 18 euros), estos días se puede llegar a pagar incluso 40 (más de 36 euros) por él.

Los hosteleros de Davos admiten que la semana es dura. Dicen que hay mucho trabajo y que los clientes son muy exigentes. Pero muchos ya sueñan con el final del Foro. Entonces llegarán sus días de descanso, los líderes mundiales se irán, los focos de las televisiones se apagarán y el hockey volverá a ser lo más importante.