INTERNACIONAL
13/03/2019 17:26 CET | Actualizado 13/03/2019 19:37 CET

En Venezuela por 50 euros es posible estudiar un año en la universidad... pero la mayoría abandona la carrera

Lograr una de las escasas becas es la única esperanza de muchos jóvenes para continuar con sus estudios.

Valery Sharifulin via Getty Images
Estudiantes en una universidad venezolana.

Estudiar una carrera universitaria en Venezuela es un sueño cada vez más escurridizo. Lo que en España cuestan un par de créditos académicos, unos 50 euros, pueden alcanzar para pagar la matrícula de todo el curso en universidades privadas de reconocido prestigio del país caribeño. Sin embargo, estas cantidades se han convertido en un abismo económico insalvable que muchas las familias cada vez tienen más difícil asumir: el devaluado salario mínimo venezolano ronda, al cambio, los 5 euros.

Esta problemática tiene su origen en la convulsa crisis política y económica que atraviesa Venezuela desde hace años y que se ha agudizado en los últimos meses. Este cóctel ha provocado una carestía desbocada y un dramático deterioro de los servicios públicos y privados —la última y más sonada consecuencia han sido una serie de apagones eléctricos que han sumido al país en el caos—.

En este contexto, dejar los estudios por no poder asumir los costes de la matrícula o, simplemente, para trabajar en lo que sea y contribuir a la economía familiar, es algo a lo que una gran parte de los estudiantes se ven abocados. Los medios venezolanos estimaban ya en 2017 que la tasa de abandono de los estudios universitarios era del 60%.

Pero actualmente este porcentaje podría ser mayor aún. "No hay una cifra oficial porque el Estado no promueve esos datos, ya que juegan en su contra, pero hablamos aproximadamente de casi un 70% de abandono en general en el sistema universitario", explica a El HuffPost el director ejecutivo de la asociación estudiantil Beca a un Pana, Nicola Yammine, durante una reciente visita a Madrid para participar en un evento organizado por The Objective. Esta asociación surgió en 2010 para recaudar fondos con los que conceder becas a estudiantes que tengan necesidades económicas, buenas calificaciones y un compromiso social demostrable ('pana' significa 'colega', o 'compañero').

Fuga de talento

Las consecuencias van más allá del drama individual que supone para cualquier estudiante ver sus aspiraciones profesionales truncadas. "A nivel colectivo, tienes una generación de jóvenes que lamentablemente no puede formarse y no pueden prepararse, no porque no tengan la intención, sino porque no tienen las posibilidades y las oportunidades", explica Yammine. Precisamente muchos de estos jóvenes acaban emigrando y engrosan las cifras de la creciente diáspora venezolana, que supera los 3 millones de personas, lo que supone una gran fuga de talento del país.

Obtener una beca es la única forma, en muchos casos, de proseguir la carrera. A pesar de que las universidades ofrecen las ayudas que pueden, las cuantías son escasas. Gracias a actividades para recaudar fondos, donaciones de particulares y diversas ONG, la asociación dirigida por Yammine ha concedido hasta el momento ayudas para asumir la matrícula a 75 alumnos, y aspira a becar a muchos más. Hasta la fecha, su labor benefactora se ha centrado en cuatro universidades privadas en las que los precios de las matrículas oscilan entre 47 y 194 euros anuales. Unas cantidades que en Venezuela, donde el salario de un médico no llega a los 30 euros mensuales, muchas familias ya no pueden asumir.

En el caso de las universidades públicas, el sistema es distinto, según explica Yammine, debido a que la Administración ya subsidia la matrícula y las becas, de modo que resulta más complicado trasladar a estos centros la ayuda que ofrece su asociación, aunque asegura que están buscando fórmulas para ello. "El principal problema en estas universidades es el transporte y conseguir los materiales y libros que son necesarios" para los estudiantes.

"Becar sueños"

No solo los alumnos se ven obligados a tirar la toalla; también parte del profesorado ha abandonado debido a las insuficientes condiciones laborales. Algunos de los que continúan impartiendo clases lo hacen por amor a su profesión. La falta de datos oficiales, nuevamente, hace difícil precisar las cifras. Los mermados presupuestos académicos conllevan, además, falta de materiales, dificultad para llevar a cabo actividades formativas específicas y complican el mantenimiento de laboratorios y otras instalaciones.

Con un panorama social y económico en constante empeoramiento, estudiar en Venezuela significa hacer una carrera de obstáculos. Para superarlos, además de recursos, exigen voluntad y no perder la esperanza en un horizonte mejor. Es por ello que el lema de la asociación dirigida por Yammine cobra todo su sentido: "Becamos sueños".

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