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22/07/2012 10:22 CEST | Actualizado 20/09/2012 11:12 CEST

Los bosones del BOE

La casta política debe volver a ser la clase política. Sólo así se podrán alinear las fuerzas de todas las partículas elementales en la misma dirección para desarbolar este manto de rabia que va en aumento.

Me sorprendió el gran alcance mediático que tuvo el hallazgo del tan buscado bosón de Higgs. Es normal encontrar las portadas de los periódicos o los trending topics de las redes sociales inundadas con la hazaña deportiva del momento o con la última metedura de pata del famoso de turno, pero encontrar un hito científico como tema del día es algo insólito.

La teoría de Higgs sugiere que hay un campo que impregna todo el espacio. Dicho campo no lo detectamos, pero está presente en el universo. El campo de Higgs es como un océano que lo rellena todo, y las partículas que componen dicho campo son los bosones de Higgs. Las partículas elementales que interactúan con el campo y sus bosones adquieren masa, mientras que las que no interactúan con él, no la tienen. Es mucho más complicado que todo esto, claro. Mejor vean este vídeo y en tres minutos tendrán una idea más aproximada.

Esto es física de partículas desarrollada en el gran colisionador de hadrones (LHC) de Suiza. Si estos investigadores viniesen a España, observarían anonadados lo cerca que está la física de partículas de la física de personas. Miren, España está inmersa en un campo de decepción, malestar e impotencia. No lo vemos, pero está ahí, lo empapa todo. Más que verse, se mastica. El instrumento de observación no es el LHC; son las conversaciones de los bares y oficinas. Ese campo de desánimo creciente está compuesto por bosones, aquí llamados recortes, que habitualmente toman cuerpo en el BOE. Cuando las partículas elementales (o sea, los ciudadanos) interactúan con los bosones del BOE en medio del campo de la frustración, entonces adquieren masa. Masa cabreada en forma de parados insultados que se manifiestan por las calles, funcionarios recortados que mantienen cercado el Congreso de los Diputados y autónomos empobrecidos que se tientan la ropa para comprobar si su cartera sigue en su bolsillo o si les ha salido volando al impactar con el bosón.

Recuerden que para que la teoría de Higgs sea válida debe haber otras partículas elementales que no interactúan con el campo y que por tanto no adquieren masa. Efectivamente, las hay. Estas otras partículas ajenas al campo de la indignación popular se llaman político-ajeno-a-la-realidad, banquero-en-paraíso-fiscal o élite-privilegiada-cazadora-de-prebendas-varias. Estoy por sugerirles a los científicos que den un paso más en su investigación y estudien la interacción entre ambos tipos de partículas elementales. Estoy segura de que constatarían que, a mayor insensibilidad de las partículas que no interactúan, mayor agitación furiosa de las partículas que sí interactúan y mayor retroalimentación del ambiente de pesimismo.

Esto tiene muchos peligros, pero sobre todo temo uno: que ese halo de resentimiento termine convirtiéndose en odio. Y ahí sí tendremos un problema. Porque si hay algo difícil de desarraigar de los corazones es el odio, que trae de la mano a la demagogia y el populismo. Cuando el 95% de las conversaciones de pincho y caña en este país empiezan con (y perdonen los exabruptos, tan de moda) "los putos partidos", "los putos políticos", "los putos bancos", alguien debería empezar a preocuparse muy seriamente de lo que aquí se está larvando. No creo que ese odio desemboque en las tragedias de épocas pasadas -los españoles esa lección al menos sí la hemos aprendido-, pero sí traerá el divorcio entre gobernados y gobernantes y la destrucción de la autoestima colectiva.

La casta política debe volver a ser la clase política. Sólo así se podrán alinear las fuerzas de todas las partículas elementales en la misma dirección para desarbolar este manto de rabia que va en aumento. Señor presidente, para conseguir que le sigan lo primero que tiene que hacer es ponerse delante, no quitarse de en medio. Son los abucheos los que reflejan el estado de ánimo de la nación, no los aplausos complacientes. Escúchelos, cuéntenos hacia dónde nos estamos dirigiendo, cuéntenos el plan a seguir y las tribulaciones por las que vamos a tener que pasar. Y dé ejemplo. No nos pida más esfuerzos sin antes hacer que los bosones del BOE alcancen también a las partículas indolentes. Dé a los ciudadanos un propósito y un sentido y se sorprenderá de la respuesta que va a obtener de nosotros.

El Gobierno se está comportando como un aprendiz de tenista, que le da raquetazos sin ton ni son a todas las pelotas que la máquina le va lanzando con tal de sacárselas de encima. ¡Oiga, no, que somos el país de Rafael Nadal! Necesitamos que el Gobierno comience a dar golpes maestros y bien dirigidos, que cuando el revés va mal dado y le cantan un out, que admita el error, que no se resigne y siga peleando. Solo así el público le seguirá animando cuando este partido se vaya a los cinco sets. Como Nadal, señor Rajoy, gánese el mérito de conectar con todos los ciudadanos apelando a lo mejor de ellos. Dígales que no son partículas elementales, sino fundamentales. Y entonces porte orgulloso la bandera de España. Eso sí, sin el chándal cani, por favor.

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