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12/12/2015 09:54 CET | Actualizado 12/12/2016 11:12 CET

Cómo apoyar a quien ha sufrido un trastorno alimenticio en las cenas navideñas

thanksgivingfHa vuelto esa época del año de las comidas, la familia, los amigos... Pero para la gente que lidia con un trastorno alimenticio, todos los aspectos entrañables de estas fechas se ven ensombrecidos por un peligro inminente: la comida y todo el bagaje emocional que la acompaña.

Maren Caruso via Getty Images
Overhead of two men eating holiday meal

Ha vuelto esa época del año: Navidad. Una época de comida, familia y amigos.

Para la gente que lidia con un trastorno alimenticio, todos los aspectos entrañables de estas fechas se ven ensombrecidos por un peligro inminente.

La comida y todo el bagaje emocional que la acompaña.

Si vas a dar una cena de Navidad para un invitado con un historial de problemas alimenticios, no puedes eliminar todos y cada uno de los detonantes de la mesa. Pero hay detalles que puedes tener en cuenta para hacer una cena mejor y más cómoda para él y para todos tus invitados.

1. Deja de preguntar a la gente si ha ganado o perdido peso.

Imagínate que llega un familiar al que llevabas un año sin ver. Faltarán unos 30 segundos para que alguien exclame "¡Qué bien te veo! ¿Has adelgazado?" (también es posible que se hagan comentarios a quienes hayan ganado peso, aunque la gente tiende a ser más cuidadosa en ese caso).

Hay tres razones principales por las que no debes hacerlo:

a. Básicamente estás diciendo "el peso es lo primero en lo que nos fijamos en esta casa". Seguro que te das cuenta de que no es lo mejor que se le puede decir a los invitados que están recuperándose de un trastorno alimenticio.

b. No estás diciendo nada que la otra persona no sepa. Obviamente le ves bien, sea cual sea su peso. Y si no estás seguro al 110% de que los cambios en su peso son intencionales y no debidos al estrés, la depresión o a una enfermedad, mejor no digas nada.

c. El peso es un tema de conversación muy aburrido. En realidad, lo que estás preguntando es: "Tu relación gravitacional con la Tierra se ha visto ligeramente alterada, ¿no?".

Perdón por los bostezos.

Pregúntales por su trabajo, por sus hijos, por la serie a la que están enganchados. Por cualquier cosa.

2. Habla de temas que no tengan que ver con la comida.

Preguntar "¿Está todo rico?" puede parecerte una buena manera de empezar una conversación, pero, para alguien con problemas alimenticios, esa pregunta puede sonar así:

"No estás comiendo nada. Me he dado cuenta. Todos nos hemos dado cuenta"

o

"Estás comiendo demasiado. Me he dado cuenta. Todos nos hemos dado cuenta".

Si la comida fuera lo más importante de la Navidad, podríamos preparar y comer cenas extravagantes cualquier otro día del año, pero no lo hacemos. Se tratan de unas fechas en las que lo más importante es reunirse con la familia (o con los amigos, depende de con quién elijas pasar las fiestas).

Yo no voy a decirte de qué tienes que hablar. Tú conoces a tus invitados mejor que yo. Por ejemplo, en mi casa, puedo garantizarte que alguien gritará "socialismo democrático" por lo menos una vez en el transcurso de la cena. Independientemente de la opinión que tengas al respecto, estarás de acuerdo conmigo en que es un tema de conversación más interesante y menos comprometedor que la comida.

3. Deja de justificar lo que comes.

"Esta mañana no he desayunado, así que no pasa nada si me como otro trocito de turrón"

"No debería comer tanto... ¡Mañana por la mañana voy al gimnasio!"

Aunque no hayas tenido problemas alimenticios con anterioridad, para alguien que sí los ha tenido, estás retransmitiendo en voz alta el mismo tipo de pensamientos desordenados con los que él tiene que lidiar normalmente.

Y el único problema no es que sea estresante, sino que también es peligroso. Los que padezcan trastornos alimenticios pueden razonar "la gente 'normal' piensa así, así que no hay ningún problema en que yo siga pensando lo mismo".

Exclusiva: puedes tomar postre, el mundo no va a dejar de girar. No tienes por qué justificarte ante nadie. Además, a nadie le importa cuándo vas al gimnasio.

Cómete el postre y punto.

4. Guarda la báscula del cuarto de baño.

No te cuesta nada y es un gesto que puede ahorrarle mucho estrés a tu invitado. ¿Por qué no lo ibas a hacer?

Podría preguntarte para qué necesitas una báscula -pues la relación entre peso y salud habría que cogerla con pinzas-, pero de eso hablaremos otro día.

5. No bromees con términos específicos del mundo de los trastornos alimenticios.

"Ojalá tuviera la fuerza de voluntad necesaria para ser anoréxica. ¡No puedo parar de comer!"

"Vaya atracón de langostinos me he dado".

Son cosas que oigo constantemente. Por favor, evítalas.

Un simple "qué rico" o "estoy lleno" bastará, gracias.

6. Propón alguna actividad para antes y después de la comida.

La comida en sí misma no es la única causante de la ansiedad. Antes y después de la cena, los que se están recuperando de un trastorno alimenticio pueden entrar en un bucle de pensamientos negativos sin control.

Y aunque no es tu responsabilidad -y no está en tus manos- hacer que tu invitado tenga pensamientos positivos, puedes proponerle distracciones. Al darle a tu invitado algo que hacer, puedes cambiar los pensamientos obsesivos por unos más neutrales, relacionados con la actividad que propongas.

Por suerte, es Navidad. Seguro que hay mil cosas por hacer.

Pide ayuda para lavar los platos. Si les gustan los niños, pídeles que entretengan a los más pequeños de la familia. Dad un paseo tranquilo y hablad de lo primero que se os ocurra. Si les gusta el origami, pídeles que te ayuden a doblar las servilletas de maneras elaboradas.

(Puede que influya el hecho de que mi sueño sea utilizar servilletas dobladas elaboradamente en cada comida, pero, de verdad, es una buena distracción).

7. No hagas comentarios sobre lo que comen.

Ni siquiera si tu invitado está siguiendo una dieta de recuperación. Ya tiene suficiente con lidiar con la ansiedad que le pueda producir toda esa comida como para que le estén recordando que tiene que ingerir x carbohidratos.

Por supuesto, si te preocupa el bienestar inmediato de tu invitado, no lo ignores. Las navidades no deberían ser una excusa para dar rienda suelta a las conductas alimenticias desordenadas.

Pero, si ese no es el caso y simplemente estás preocupado porque tu invitado está comiendo demasiado o demasiado poco, no montes un número. Está bien. Confía en que se está esforzando por llevar una situación inusual y estresante como esta de la mejor manera posible.

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Puede que muchos de estos consejos te parezcan perogrulladas.

No empieces a hablar de dietas. No juzgues a nadie por su peso. No le des a la comida el papel de medidor moral.

La clave está en crear un ambiente cómodo en cuanto a la imagen física. Lo demás vendrá solo.

Estos consejos no son solo válidos para Navidad. Son válidos para todo el mundo y para cualquier época del año.

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido adaptado del inglés por Lara Eleno Romero