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23/02/2016 07:05 CET | Actualizado 22/02/2017 11:12 CET

Amor romántico

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Foto: ISTOCK

"El día que la mujer pueda amar con su fuerza y no con su debilidad, no para huir de sí misma sino para encontrarse, no para renunciar sino para afirmarse... entonces el amor será una fuente de vida y no un mortal peligro", escribe Simone de Beauvoir (1908-1986)

Con motivo de la convencional fiesta de San Valentín, un mal invento de los grandes almacenes, el Instituto Andaluz de la Mujer ha puesto en marcha una importante campaña en la que se advierte de los mitos del amor romántico. Al mismo tiempo, presenta un estudio, Voces tras los datos: una mirada cualitativa a la violencia de género en adolescentes, con un análisis, serio y preocupante, sobre estas situaciones por las que pasan nuestras jóvenes, por culpa, precisamente, de eso que se ha dado en llamar "amor romántico", que suele ser desigual, posesivo y absorbente.

Carmen Alborch, en su libro Los placeres de la edad, dedica un capítulo a "El placer del (buen) amor", en el que escribe:

"El amor, como la propia vida, está amasado de goce, de asombro, de ilusión..., pero también de decepción y de miedo" [...] Se sigue enseñando el amor romántico, hecho de fantasía y disponibilidad las veinticuatro horas al día, en todos los ámbitos de la sociedad (televisión, cine, escuelas, etc.) En este sentido, una vez más parece clave el papel de la educación, que es el pilar básico para desmontar prejuicios, estereotipos y estrategias que solo conducen a la repetición de errores".

El amor es lo más importante en nuestras vidas, sea cual sea su naturaleza: amor de pareja, filial, de amig@s, en plenitud, sexual; difícilmente se puede comprender la vida sin amor, pero debe ser siempre en igualdad, porque, como en tantas otras cosas, también en este asunto los dictados del patriarcado han marcado las pautas de cómo debe ser el comportamiento femenino.

En nombre del amor romántico, las mujeres han sufrido graves humillaciones que, en muchas ocasiones, han terminado en violencia física o psíquica. Ha sido siempre la conquista del amor lo que le ha dado sentido a la vida de las mujeres, que por amor lo han hecho todo, hasta dejar de tener vida propia para pasar a ser subsumidas en la vida del otro. Nos contaron que el amor era guía y rumbo, pero no nos dijeron que la vida solo tiene sentido si te pertenece a ti y que no se debe dejar en manos de nadie.

León Felipe en su poema Sé todos los cuentos, escribió. "Yo no sé muchas cosas, es verdad/digo tan solo lo que he visto/ Y he visto: /Que la cuna del hombre la mecen con cuentos". A la mujer, desde la cuna hasta la tumba, no han hecho más que contarle cuentos.

En los cuentos que nos cuentan desde nuestra más tierna infancia, a los varones se le enseñan tres cosas sobre el amor: 1. Hay cosas más importantes en la vida que el amor romántico. 2. Hay una mujer destinada a ti. 3. El amor es inagotable e incondicional (como el amor de mamá).

A las mujeres nos enseñan otras tres cosas diferentes: 1. No hay nada en la vida más importante que el amor romántico. 2. Hay un hombre destinado a ti. 3. Las mujeres nacen con un don para amar inagotable e incondicionalmente. Por eso, su objetivo es ser esposa y madre.

Para los hombres, el amor es eso que sucede al final de la aventura. El príncipe azul que vencerá porque siempre se siente querido. Las mujeres, si somos elegidas, tenemos que sentirnos inmensamente afortunadas, porque somos el triunfo a su heroicidad, el descanso del guerrero, y tantas otras cosas sobre las que reflexiona Coral Herrera. Solo existimos en función de ellos: nacemos de su costilla, crecemos y pasamos a ser su media naranja, y si cumplimos el papel asignado, de sumisión y reproducción de la especie, con suerte, saldremos indemnes del envite; si escapas a la norma, si te rebelas, pagaras las consecuencias duramente, con humillaciones, castigos y hasta con la muerte.

La vida es amor, pero de otra clase: en igualdad siempre y con mucho respeto a la individualidad de cada persona, sin estrategias de control, de ningún tipo; amar a tu pareja y hacerle daño es incompatible. Por eso llamamos con reiteración a las mujeres, en general, y a las adolescentes, en particular, a que no consientan que ningún amor les haga daño.

Las desigualdades que puedan darse lo son por muchas razones, tantas como provoca la propia vida: el amor a los hijos es uno, a los padres, otro, el de los nietos, enorme, en la pareja, la complicidad es siempre necesaria, pero en todos ellos se debe preservar la libertad.

Hay dos recientes películas sobre el amor, muy diferentes, Carol y Sufragistas, ambas extraordinarias. Una, Carol, es sobre el amor lésbico en la Norteamérica de los años 50, y la otra sobre la lucha de las mujeres inglesas por la consecución del derecho al voto en Londres en 1918; son imprescindibles para conocer bien cuánto nos ha costado a las mujeres romper las normas del patriarcado para poder ser libres.

Sobre Carol escribe Octavio Salazar: "No es solo una bellísima historia sobre la fuerza del amor, sobre el precio de la valentía o sobre el coste que casi irremediablemente tiene saltarse las reglas. Es también una mirada sobre mujeres que se liberan del corsé que las ha convertido en objetos y en seres concebidos para vivir por y para los otros". El amor de las Sufragistas a su causa también las libera de la vida espantosa que llevaban y libera a la mitad de la humanidad que somos las mujeres. No hay un solo amor, pero cada uno es único e irrepetible.

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