Mónica, española en Corea del Sur: "En invierno los coreanos beben café con hielo y en verano se toman caldos hirviendo"
Las curiosas costumbres gastronómicas y las supersticiones del país asiático dejan alucinados a los occidentales que deciden instalarse allí.

Uno de los aspectos más mágicos de viajar es sumergirse de lleno en una nueva cultura y aprender de ella. En un mundo hiperglobalizado, cada vez es más habitual hacer las maletas e iniciar una nueva etapa vital a miles de kilómetros de casa.
Según los datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, actualmente hay aproximadamente cerca de 614 ciudadanos españoles residiendo de forma oficial en Corea del Sur.
Una de ellas es Mónica Ponce, una española que ha formado su hogar en el país asiático junto a su marido surcoreano, Young Min, y su hijo, Daniel. A través de su canal de YouTube, esta creadora de contenido comparte su día a día y, en uno de sus últimos vídeos, ha querido destacar los brutales (y divertidos) choques culturales a los que se enfrenta cotidianamente.
Sopas hirviendo a 40 grados a la sombra
Mónica confiesa estar fascinada, no tanto por los exóticos ingredientes de la cocina surcoreana, sino por la peculiar época del año en la que deciden consumirlos. "En invierno los coreanos beben café con hielo y en verano se toman caldos hirviendo", afirma.
El contraste con nuestra cultura mediterránea es abismal. "Normalmente en España, cuando es invierno, siempre se toma su cafelito caliente, su sopita, su caldito", explica.
Por su parte, su marido Young Min confirma esta enorme brecha culinaria y admite que a él le resulta incomprensible nuestra devoción por las sopas frías. "Aquí en Corea, la base de la comida coreana es caliente, en plan hervido, con caldo, algo así. Para mí es muy raro el salmorejo y el gazpacho", comenta al respecto el esposo de Mónica, Young Min.
Esta chocante tradición asiática tiene una explicación cultural muy arraigada: en Corea existe la firme creencia de que se debe "vencer al calor con más calor". Por eso, sudar tomando sopas hirviendo en pleno mes de agosto se considera una práctica beneficiosa y desintoxicante para el organismo.
El terror inmobiliario al número cuatro
Más allá de los fogones, otro de los aspectos que más descoloca a los recién llegados es la tetrafobia, o el miedo al número cuatro, ya que su pronunciación en coreano suena casi idéntica a la palabra "muerte". Aunque a los occidentales nos pueda sonar a simple superstición, allí es un asunto muy serio, hasta el punto de que este dígito desaparece por arte de magia de la mayoría de las edificaciones.
"De hecho, al hospital donde vamos con Daniel, nuestro hijo, las consultas de los doctores pasan de la tres a la cinco, no hay consulta número cuatro", sostiene Mónica. Y añade un detalle muy curioso sobre la arquitectura local: "También en los ascensores, pasan de la planta tres a la planta cinco directamente o el número cuatro lo cambian por una F, que es básicamente four en inglés", concluye la creadora de contenido, resumiendo a la perfección lo fascinante que resulta adaptarse a la idiosincrasia coreana.