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11/02/2013 07:17 CET | Actualizado 12/04/2013 11:12 CEST

Scarlett Johansson apuesta por una "gata" mucho más agresiva que Elizabeth Taylor

Johansson tiene más malicia que Taylor, el personaje que construye rezuma la frustración de sentirse una mujer incompleta, representa ese dolor capital que nace en la mujer sexualmente rechazada, esa acidez que produce el orgullo herido. Y lo hace desde la rabia, más que desde la tristeza.

Del 17 de enero al 30 de marzo, por sólo $32 un estudiante puede ver a Scarlett Johansson sobre el escenario interpretar a uno de los personajes femeninos con más garra de todo el teatro, Maggie, en "La gata sobre el tejado de Zinc", en la que supone su segunda incursión en Broadway, donde se estrenó a los veinticinco años con "A view from the bridge". Tres años después y con un divorcio a sus espaldas, la actriz regresa al escenario con mucha más fuerza, imitando perfectamente el acento sureño, con una voz sorprendentemente grave que le da un carácter y personalidad que muchas de sus películas nos habían hecho creer que no tenía. Por esta producción, dirigida por Rob Ashford, la actriz hollywoodiense cobra $40,000 semanales, más el 7,5% de la taquilla. La obra se escenifica en el "Richard Rodgers Theatre" (un lugar mítico, en pie desde 1924) con capacidad para 1.319 personas, por lo que es posible conseguir una entrada sin mucha dificultad.

Para los que ya no tengan la suerte de estudiar, el precio de la entrada oscila entre los $89 y $250 y pese a la tormenta invernal con nieve y muchos grados bajo cero, podrán ver a la actriz más sexy de Hollywood en camisón pasearse por el escenario. No obstante, dista mucho de ser la mujer lánguida y tímida que imaginábamos en "Lost in Translation". Elizabeth Taylor, pese a su pelo oscurísimo y a haber quedado viuda durante la primera semana de rodaje de la película, sonaba mucho más dulce en su papel de 'Maggie"; Johansson tiene más malicia, el personaje que construye rezuma la frustracción de sentirse una mujer incompleta, y no sólo por el hecho de que su marido se niegue a tener hijos con ella sino porque representa ese dolor capital que nace en la mujer sexualmente rechazada, esa acidez que produce el orgullo herido y lo hace utilizando la rabia (más que la tristeza) para canalizar ese dolor. Durante las tres horas de duración de la obra, la actriz transmite desesperación en cada gesto, en cada una de las palabras que lanza como dardos, de forma impulsiva e irreprimible, alimentando una cadena acumulativa de odio que sólo genera más tensión. Johansson se atreve con el reto de personificar la impotencia, la negación del fracaso; y ejemplifica de forma notable ese círculo vicioso del que cuesta escapar, el amor obsesivo de una mujer hacia una relación ya incorregible, que pese a ello se resiste a abandonar.

La obra teatral, escrita por Tenesse Williams y llevada al cine por Richard Brooks en 1958 (en lo que constituyó uno de los grandes clásicos), obtuvo seis nominaciones a los óscars; narra la guerra fría entre una pareja, cuando él se refugia en el alcohol tras la muerte de su mejor amigo, así como otros temas trascendentales como la muerte (el padre del protagonista celebra su último cumpleaños, tras el anuncio de un cáncer terminal) o la codicia; mostrando la complejidad del ser humano en diferentes contextos. El clímax llega con la escenificación de la parte en la que ella le dice: "¿Hasta cúando va a durar este castigo ? (...) Me siento como una gata sobre un tejado ardiendo". A lo que él le responde: "Entonces salta del tejado, Maggie, hazlo. Los gatos no se lesionan cuando saltan. -¿Saltar hacia dónde? - Búscate un amante. -No merezco esto. No puedo mirar a otro hombre que no seas tú (...) -Estarás bien. Las de tu calaña siempre están bien. -Soy más decidida de lo que crees. Ganaré algo de esto. -¿Ganar qué? Cuál es la victoria de una gata sobre un tejado ardiendo? -Quedarse ahí, supongo, tanto tiempo como le sea posible".

La presencia de la actriz llena el escenario poniendo en evidencia a un Benjamin Walker carente del carisma necesario para interpretar a Brick. La actuación del protagonista masculino no puede escapar de la mala imitación a Paul Newman; Walker no consigue ser ni la sombra de su sombra, desequilibrando la obra por completo. Del resto del reparto, sobresale la actuación del actor irlandés Ciarán Hinds, impecable en su intensísimo papel como "Big Daddy" y que resulta mucho más memorable que la de la galardonada Debra Monk que sobreactúa interpretando a una "Big Mama" que no consigue convencernos.

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