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08/09/2015 07:08 CEST | Actualizado 07/09/2016 11:12 CEST

Merkel: de madrastra de la austeridad a madre de todos los refugiados

Tal vez Merkel ha visto en este drama humanitario actual no sólo otra nueva oportunidad de reforzar ese liderazgo que tiene , sino también la posibilidad de modificar su imagen de madrastra europea que impone a los países del Sur unos regímenes de austeridad sin aceptar excusas o dilaciones. Ya no es la matrona prusiana insultada en Atenas y en otras capitales. Se ha convertido en la madre caritativa que abre su casa a esas víctimas de las guerras civiles y del terror islamista.

Un refugiado recién llegado a Munich lleva un foto de la canciller alemana. EFE

Quienes conocen a Angela Merkel saben que no es una persona impulsiva y que, como buena científica, sopesa pros y contras, tomándose su tiempo antes de adoptar una decisión. Esta manera de ser ha creado incluso un nuevo verbo, empleado por los jóvenes alemanes: "merkeln"; o sea, no decidirse, dar vueltas sobre un tema sin pronunciarse al respecto, poniendo un tanto nerviosos a los otros.

Han sido las fotos de un niño sirio ahogado y las de 71 inmigrantes asfixiados en una furgoneta aparcada en una cuneta en Austria las que han obligado a la canciller a dejar de merkelear y a coger el toro por los cuernos. Después de haberse negado, como Francia, a las cuotas de admisión de demandantes de asilo planteadas por Bruselas. Y después de haber bloqueado el Gobierno conservador anterior, también presidido por Merkel, una reforma de la Convención de Dublín que hubiera creado un fondo de solidaridad con los países que forman la frontera exterior de la UE ( Grecia, Italia o España).

Tal vez Merkel ha visto en este drama humanitario actual no sólo otra nueva oportunidad de reforzar ese liderazgo que tiene (más por falta de competidores de ese liderazgo que por méritos propios superlativos), sino también la posibilidad de modificar su imagen de madrastra europea que impone a los países del Sur unos regímenes de austeridad sin aceptar excusas o dilaciones. Ya no es la matrona prusiana insultada en Atenas y en otras capitales. Se ha convertido en la madre caritativa que abre su casa a esas víctimas de las guerras civiles y del terror islamista. Merkel ha dado en este caso ejemplo de esa "buena Alemania" que acoge a esos refugiados y que pone sobre la mesa seis mil millones de euros para abrir centros de acogida y darles una primera asistencia de emergencia.

No va a ser fácil para Merkel, políticamente hablando, porque esa generosidad va a costar dinero, no sólo a Alemania, que había logrado equilibrar sus ingresos con sus gastos, sino al resto de socios comunitarios. Las políticas de austeridad no ayudarán.

Los socios bávaros van a vender muy caro su apoyo a la canciller, quien tiene ya un esbozo de una nueva ley de asilo que se empezará a debatir el mes próximo. Las fronteras con Austria y Hungría no van a estar permanentemente abiertas. Los expedientes de demanda de asilo van a ser tramitados mucho más rápidamente con la ayuda de tres mil nuevos puestos de policías y dos mil funcionarios más. Quienes vengan desde Kosovo, Albania y Montenegro serán rechazados, y aquellos que vengan de terceros países considerados seguros, serán expulsados en un plazo máximo de tres meses.

Merkel deja atrás su imagen de madrastra para convertirse ahora en una madre acogedora pero exigente, y con una tarea hercúlea de integrar a unos refugiados que han sido y son rechazados por una parte de la población, especialmente en la mitad oriental del país. Los incendios provocados en centros de acogida a lo del mes de agosto dan prueba de ello. Tal vez ser madre sea más complicado que jugar a la madrastra.

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