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07/10/2015 07:01 CEST | Actualizado 06/10/2016 11:12 CEST

¿No estamos solos? ¿Todavía sí se puede?

¿Necesito que un experto me lo diga o lo sé porque lo percibo en todos los detalles del día a día? Esto mismo ha ocurrido con el 15M y con las luchas y grupos surgidos después, que a pesar de la independencia, el modelo asambleario, la igualdad de voces, etc., han buscado muchas veces la voz del experto/pensador/historiador que diese legitimidad a nuestros actos.

El pasado día 1 de octubre se estrenó en los cines Golem de Madrid la nueva película documental de Pere Joan Ventura No estamos solos, coproducida por el Gran Wyoming, que añade su toque a la película a través de un plano en el que aparece grabando en un estudio la canción final del film.

A las puertas del cine, antes de la proyección, la calle se fue llenando de gente de todo tipo: periodistas, cineastas, amigos y familiares de los creadores y del equipo, políticos nuevos y, sobre todo, de gente no famosa que llevaba puesta camisetas de distintas mareas y luchas -Coca Cola, la marea blanca, la verde, etc.-; ellos son los protagonistas de esta película que intenta contar con pinceladas una parte importante de las luchas y de los colectivos sociales surgidos en los últimos dos o tres años a raíz del 15M.

A una señora que pasaba por allí le llamó la atención tanto alboroto y esos grupitos que de vez cuando gritaban algunos lemas, y me preguntó: "¿Qué es esto?". Empecé a contarle lo que era y cuando le dije que se trataba de un documental, me contestó: "Ah, vale, gracias". Y se fue, segura de que no se perdía nada importante. Pues a ella le dirijo estas palabras.

En ese tumulto frente a la sala de cine, así como en su interior, podías sentirte un extraño y pensar que estabas en un ambiente que no era el tuyo, o, por el contrario, sentir que estabas entre tu gente aunque no conocieras a casi nadie personalmente. Eso dependía de lo que te hubieras implicado o no - fuera cual fuera el grado de implicación - con lo ocurrido en las calles de nuestras ciudades y pueblos en los últimos años. Y dependía también de tu postura política ante estos hechos.

Te das cuenta desde el primer momento que la gente es más guapa y atractiva cuando ves su cara de cerca, mientras lucha, cuando está enfadada pero con la esperanza de que se pueden cambiar las cosas. Su presencia te da calor y, como dice el título de la película, te hace sentir que no estás solo, y que todos aquellos presentes tanto en la sala como en la pantalla te pertenecen y tú les perteneces.

Esta es la característica principal de esta película. Sin entrar en aspectos cinematográficos, hace que perdones y entiendas esas pinceladas rápidas y la falta de profundización, ya sea en el caso de un personaje, un colectivo o en una acción en las calles.

La película se parece mucho a nosotros, porque nosotros somos su materia, aunque sea en aspectos que despierten dudas.

Hay muchas voces y diversas, todas de gente que decidió actuar ante una situación que ya no podía seguir igual. Menos una voz, con la que se abre la película y que aparece, además, en el medio y con la que se cierra; se trata del testimonio del historiador Josep Fontana. Una voz que no encaja con el estilo del resto de la cinta y que parece que intenta dar algo de legitimidad a todas esas luchas asegurando que "vivimos un cambio histórico en las ultimas décadas".

¿El historiador o el académico dan legitimidad a los actos de los colectivos sociales o son los movimientos sociales históricos los que dan legitimidad o se la quitan a la tesis del académico?

¿Necesito que un experto me lo diga o lo sé porque lo percibo en todos los detalles del día a día? Esto mismo ha ocurrido con el 15M y con las luchas y grupos surgidos después, que a pesar de la independencia, el modelo asambleario, la igualdad de voces, etc., han buscado muchas veces la voz del experto/pensador/historiador que diese legitimidad a nuestros actos para que nos dijera "vais bien". Aunque fuera una voz externa al campo de la lucha, en una sala de conferencias o en un despacho de un académico. Esto contrasta con el resto de las voces que oyes únicamente mientras están en las calles o en su ámbito de actuación.

Aquí dejo una pregunta para la reflexión: ¿el historiador o el académico dan legitimidad a los actos de los colectivos sociales o son los movimientos sociales históricos los que dan legitimidad o se la quitan a la tesis del académico?

Durante las acampadas del 15M y en el movimiento asambleario posterior, el componente artístico y lúdico ha dominado frente a otras caras. Hasta el punto de que un sector que buscaba en el 15M la militancia política directa se alejó. El tono superior de lo lúdico y lo artístico ha sido el dominante en el movimiento, y muy dominante en la película. Esto se refleja en la presencia constante de actuaciones musicales, teatrales, bailes, abrazos para trasmitir energías positivas, etc.

En la película, este dominio se puede entender, te guste o no, para darle cuerpo y resultar más atractiva. Por eso digo, entre otros motivos, que la película se parece a nosotros, ya que en los movimientos asamblearios también la parte lúdica/artística ha estado muy presente, porque la necesitábamos, queríamos resultar más atractivos para el público (¡para nosotros mismos!). Y también porque esto era lo que sabíamos hacer, aunque éramos conscientes de que era a cuenta de la lucha política directa más cañera, aburrida y difícil, pero también más eficaz. Como dice uno de los personajes del documental, el director de la Solfónica del 15M, "es lo que sé hacer, quiero manifestarme y si lo hago con el violín, mucho mejor".

Así, de alguna manera, somos nosotros, sabemos poner una banda sonora agradable a una escena pero a veces olvidamos rellenar su contenido.

Los aplausos interrumpieron la película varias veces, en momentos emocionantes, especialmente tras la consecución de una victoria. Por ejemplo, la obtenida por la marcha de las mujeres que obligó al Gobierno a retirar parte de las modificaciones hechas a la ley del aborto, o los logros en el barrio del Cabañal en Valencia.

Al acabar la película, el público que llenó las dos salas en las que se proyectaba simultáneamente, se levantó, aplaudió y gritó: "Sí se puede, no estamos solos". Había rostros sonrientes, de quien se siente agrupado y fuerte.

Salimos a la calle y quizá todos teníamos la misma pregunta en la cabeza "¿De verdad todavía no estamos solos y podemos? ¿Qué siento en este momento? ¿Nostalgia por un momento mágico que ya no está o la fuerza de seguir y de que vamos a conseguir juntos lo que queramos?

Se trata de una pregunta que está en el aire no solo en la película sino en la realidad de los últimos meses. Mientras Pere Joan Ventura montaba su documental, seguramente le rondaba por la cabeza. Y mientras tanto, cada uno de nosotros le daba vueltas: ¿sí se puede?

A esta señora que se fue sin mostrar interés por el documental le diría: "Usted no sabía que sería la protagonista de esta película necesaria a la que le dio la espalda y se fue. A lo mejor haría falta que se diera la vuelta para verse a sí misma en la pantalla grande".