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Trump encarga las sanciones contra España a Scott Bessent, el hombre que provocó la hiperinflación en Irán y financió a Milei con 20.000 millones de dólares para ganar las elecciones

Trump encarga las sanciones contra España a Scott Bessent, el hombre que provocó la hiperinflación en Irán y financió a Milei con 20.000 millones de dólares para ganar las elecciones

Las últimas declaraciones del presidente estadounidense dejan a las claras que la relación de su país con España atraviesa uno de los momentos más tensos de las últimas décadas; ahora la pregunta es, ¿se trata de un farol o seguirá adelante con sus amenazas?

Trump y Sánchez se saludan durante la Cumbre por la Paz en Gaza en Egipto
Trump y Sánchez se saludan durante la Cumbre por la Paz en Gaza en EgiptoEvan Vucci

Las relaciones entre Washington y Madrid atraviesan uno de sus momentos más ásperos en años. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó este 3 de marzo desde la Casa Blanca una advertencia de alto voltaje: si España mantiene su negativa a permitir el uso de las bases de Rota y Morón para la operación militar contra Irán, EEUU "cortará todo el comercio" con nuestro país.

No fue una frase improvisada al pasar. Trump cargó directamente contra el Ejecutivo de Pedro Sánchez y lo señaló como un socio poco fiable. Aseguró que había ordenado a su secretario del Tesoro, Scott Bessent, paralizar cualquier negociación con España y dejó caer que Washington podría usar las bases "si quisiera", aunque opta por no hacerlo. "España no tiene nada que necesitemos", llegó a decir, salvo "un gran pueblo", en contraste con lo que calificó de "mal liderazgo".

Rota y Morón, algo más que dos bases

Las bases conjuntas de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla) forman parte del engranaje estratégico de la OTAN en el flanco sur. No son instalaciones menores: Rota alberga destructores estadounidenses del escudo antimisiles y Morón es clave para despliegues rápidos hacia África y Oriente Próximo. La negativa española, en un contexto de ataque a Irán, rompe con la posición mayoritaria de los aliados.

En la reunión del Consejo de Seguridad dedicada a la crisis, buena parte de los países con presencia militar estadounidense respaldaron la tesis de que Teherán es responsable de la escalada. Incluso Dinamarca —a la que Trump ha presionado abiertamente con su aspiración de controlar Groenlandia— se alineó con Washington. España optó por marcar distancias. Y eso, para el actual inquilino de la Casa Blanca, equivale a deslealtad.

El laboratorio de sanciones

Para entender la amenaza comercial hay que mirar al Departamento del Tesoro. Dentro de él opera la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros), el órgano que diseña y ejecuta sanciones económicas. Su titular político, Scott Bessent, ya ha presumido de la eficacia de la "máxima presión" contra Irán.

En enero explicó que las sanciones habían reducido las exportaciones petroleras iraníes y asfixiado sus ingresos. Según su relato, el Banco Central de Irán estaría imprimiendo dinero para sobrevivir, con el riesgo de hiperinflación a la vista. Washington ha castigado además a individuos y entidades que, supuestamente, ayudaban al régimen a esquivar las restricciones.

El mensaje es claro: Estados Unidos no duda en utilizar su músculo financiero para forzar cambios políticos o estratégicos. Y lo hace con herramientas que van mucho más allá de los aranceles simbólicos.

El precedente argentino

La figura de Bessent no es irrelevante. Antes de este choque con España, el secretario del Tesoro jugó un papel decisivo en América Latina. Cuando las encuestas amenazaban la posición del oficialismo argentino de Javier Milei ante las legislativas del 26 de octubre de 2025, Washington ofreció una línea de swap por 20.000 millones de dólares para aliviar la falta crónica de divisas.

Días antes de los comicios, Trump fue explícito: si Milei no vencía, la generosidad estadounidense no sería la misma. El resultado fue favorable al presidente argentino. Más allá de la interpretación que se haga, el episodio demostró hasta qué punto la Casa Blanca está dispuesta a intervenir —directa o indirectamente— en escenarios económicos sensibles.

¿Puede Trump cumplir su amenaza?

Romper "todo el comercio" con España no es una decisión menor. Estados Unidos es uno de los principales socios comerciales e inversores en nuestro país. Una ruptura total implicaría aranceles masivos, bloqueo financiero o sanciones secundarias a empresas que operen con España. No sería un gesto quirúrgico, sino un terremoto económico.

Ahora bien, la retórica de Trump suele combinar presión máxima con margen para la negociación. Sus palabras buscan elevar el coste político de la decisión española y enviar un mensaje disuasorio a otros aliados tentados de desmarcarse.

España, por su parte, parece haber asumido que la negativa tendrá consecuencias. La cuestión es si estamos ante un órdago destinado a forzar una rectificación o ante el inicio de una escalada real.

Más que un enfado diplomático

Lo ocurrido no es solo un desencuentro puntual. Refleja una tensión de fondo en la alianza atlántica: hasta qué punto los socios europeos deben alinearse automáticamente con la estrategia estadounidense en conflictos sensibles.

Trump ha dejado claro que, para él, la cooperación militar lleva aparejada una lealtad política sin matices. El Gobierno español ha decidido que, en esta ocasión, esa línea no se cruza. La factura —si llega— dependerá de cuánto esté dispuesto Washington a convertir la amenaza en hechos.

La fuerza de nuestro futbol
Un proyecto de Santander

En un mundo donde la economía es un arma más, la advertencia de la Casa Blanca no puede despacharse como un simple exabrupto. Pero tampoco conviene perder de vista que, en la diplomacia de Trump, el ruido suele ser parte del método.

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