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05/04/2018 07:26 CEST | Actualizado 05/04/2018 07:26 CEST

Boris Izaguirre: 'La frivolidad es una lupa, una manera de ver el mundo'

Thomás Canet

Boris Izaguirre es un hombre hecho a sí mismo o más bien hecho a la imagen y semejanza del hombre con el que soñaba ser. Lo paradójico es que a su perfecto caballero idealizado lo reconoció en ellas: las mujeres de alta sociedad en Caracas. Entre esas figuras se encontraba, por ejemplo, Carolina Herrera, que día sí y otro también, hechizaban a sus seguidores (cuando aún no existían ni Twitter ni Instagram) con su idílica vida de cuento de princesas en las páginas de sociedad del El Nacional.

Era el periódico en el que trabajaba el padre de Boris y en el que también lo haría él a los 16 años. "Cuando leía esas páginas para mí era como un desfile, no me lo podía creer, y pensaba me tengo que acercar a ESO para llegar a ellas". El objetivo estaba clarísimo, y Boris, perseverante, a costa de colarse en todos los saraos, logró que comenzaran a invitarle como otra figura relevante más

De algún modo este capítulo de adolescente soñador de su historia, me recuerda a la protagonista de La boda de Muriel (1994), una película en la que Muriel, una chica con sobrepeso que vive en un mundo de fantasía, canciones de ABBA y catálogos nupciales, hace realidad sus ilusiones. En el caso de Izaguirre, la banda sonora estaría a cargo de Marta Sánchez y Paulina Rubio.

De pequeño Boris admiraba tanto a las mujeres de alta sociedad que salían en los periódicos que decidió que tenía que acercarse a ellas, fuera como fuera. ©Thomas Canet

En lugar de soñar con el príncipe azul, él lo hacía con las estrellas de la Prensa Rosa. "Lo de ellas para mí era un reinado, un algo de lo que tenía que nutrirme", nos explica. "Mi sueño no era conocer a Raquel Welch, sino ¡ser Raquel Welch!... Hasta que la vi y era una enana y la verdad, yo estoy muy contento con mi tamaño". Todo esto nos lo cuenta mientras bebemos un delicioso té de jazmín en el hotel Wellington de Madrid Un escenario glamuroso y elegante -muy a su estilo y cerca de su casa- en el que nos citó para hablar de su última obra Tiempo de tormentas(Editorial Planeta).

Hablamos sobre ella, pero además sobre muchos otros temas. Fue una conversación deliciosa y de grandes revelaciones: el escritor está enganchadísimo a la series The Crown, House of Cards, Grace and Frankie, Stranger Things y ahora "American Crime Story: el asesinato de Gianni Versace " Es LA SERIE -subraya-, una sinfonía, cada episodio es un movimiento y Penélope (Cruz) está maravillosa".

Y también nos enteramos del divertido origen de su nombre. Cuando nació (Caracas, 29 de septiembre de 1965) nos contó que estuvo tres días sin nombre. "Mi mamá quería llamarme Alejandro, pero entonces había un político muy corrupto que se llamaba Alejandro Izaguirre y mi padre exclamó: "Mi hijo no se puede llamar como el policía Izaguirre", a su vez Rhazil mi hermano, muy loco, insistía que me llamaran Barrabás, como el que crucificaron con Jesucristo, porque había visto la película y le había encantado ¿Te imaginas que me llamara Barrabás Izaguirre?...

Me libré por los pelos. Al tercer día, mi padrino Gonzalo Castellanos que era pintor sugirió: "Llámenlo Boris, como Boris Vian"; otro amigo de papá añadió "¡Ay, como Borís Godunov! y la enfermera que estaba en medio de todo este meollo se sumó a la disertación con "¡Como Boris Karloff!" y así me llamaron como me llamo".

"Estoy muchísimo más delgado, me fascina. En Miami vivo enfrente de un supermercado orgánico lo que me ha hecho mejorar notablemente mi alimentación". © Thomas Canet

Boris Izaguirre es tal como lo vemos: histriónico (aunque ahora algo menos), amanerado, intenso, divertido, quizá algo frágil y con un punto de ingenuidad. Quién crea que se trata de un personaje, lo lamento, está equivocado. Culto hasta lo insospechado e inteligente, para ser fiel a sí mismo, supo fusionar la frivolidad con la cultura y el intelecto. Rara Avis. Él achaca ese logro a sus libros favoritos, como por ejemplo Retorno a Brideshead de Evelyn Waugh. "Es la historia de un castillo y la familia Flyte que fascinan al protagonista Charles Ryder, un observador que contempla todo desde fuera. Yo creo que vivo mi vida de esa manera", dice. Lo cierto es que Boris habla mucho (con una transparencia soberbia), pero observa y escucha muchísimo más.

Pero estamos aquí para hablar de tu libro

Detrás de Tiempo de Tormentas hubo un antes y un después en la vida de este comunicador nato: cumplir los 50, el fallecimiento de su madre Belén Lobo, mujer de tutús y pas de deux y una de las pioneras del ballet en Venezuela, a la que estaba muy unido, y su mudanza a Miami hace tres años para trabajar en el programa Ya era hora de Telemundo, "ese traslado fue casi una gran locura, porque volver a empezar a una cierta edad, tiene algo de eso", recuerda. Hay quien dice que un fallecimiento y una mudanza son de las experiencias más traumáticas que puede atravesar un ser humano.

Y sí, Boris lo pasó muy mal, pero cual ave Fénix, resurgió de sus cenizas... Algo habrá tenido que ver el escribir su última novela. "Este libro me ha costado mucho -reconce. Yo pensaba que la escribiría en cuatro meses y acabaron siendo cuatro años, en el que la obra se convirtió en un edificio con cada vez más plantas, más habitaciones, más columnas ¡Fue una cosa tremenda! En muchos momentos me la tuve que replantear".

Es estos momentos Boris Izaguirre acaricia la idea de retomar su carrera como guionista. ©T.C.

Has tenido momentos muy duros en tu vida...

Demasiados golpes, pero creo que no sabría vivir de otra manera. Tú no te puedes esperar que no te vayan a dar hostias, así que tienes que estar atento. Las que me dieron físicamente, algunas agresiones muy violentas, me las dieron porque yo no me supe defender, no sabía defenderme. Las otras, las más metafóricas, las he recibido y me he dicho "hay que enfrentarlas". Soy una persona que me he levantado varias veces.

Tiempo de Tormentas es la historia de la relación de una madre que es bailarina profesional y que se llama Belén con su hijo Boris, que es gay a lo largo de 49 años. Una obra en la que su autor rememora los días de escuela, el amor, una violación, el silencio, sus primeros pasos como columnista o escritor de telenovelas, el salto a la fama en con Crónicas marcianas, su reconocimiento como finalista del Premio Planeta, el glamur, los abismos...

Pero sobre todo habla de ese vínculo materno filial que atraviesa muchos estadios: el de descubrirse, de protección y de separación. "¡Es como una montaña rusa! -alerta su autor-. Siempre pensé que era muy buena idea compartir esa conexión, que fue muy intensa, siempre muy positiva pero con sus conflictos y momentos bastante difíciles, que tiene de fondo un país que cada vez se convierte más en una nueva Atlántida. Ser un observador desde fuera (como Charles Ryder) era la mejor manera de ver lo que pasaba en Venezuela.

Pasé mucho tiempo prestando demasiada atención a querer ser guapo, cuando lo más atractivo que tengo es mi cabeza. No supe ser feo, hay que aprender a serlo

Boris Izaguirre retratado por Thomas Canet en el hotel Wellington de Madrid. ¡Es un top model!

¿Dirías que escribir Tiempo de Tomentas ha sido catártico?

No, si lo hubiera sido, la habría escrito más rápido, pero se convirtió en una buena novela. Ha sido muy difícil. La he exprimido mucho, la he corregido hasta el último segundo... Y también ha sido horrible volver a pasar por determinados momentos de mi propia historia otra vez.

Se te ve más tranquilo ¿estás en un momento de inflexión?

Estoy muchísimo más delgado, que es una cosa que me fascina. Vivo enfrente de un supermercado orgánico, uno de los más caros de mundo que se llama Whole Foods y esa cercanía me ha hecho mejorar notablemente mi alimentación, además del pánico de comer mal, que es una cosa que notas cuando sales de España y llegas a Estados Unidos.

Tú no puedes esperar que no te vayan a dar hostias, así que tienes que estar atento. Las que me dieron físicamente, algunas agresiones muy violentas, me las dieron porque no me supe defender, no sabía defenderme. Las otras, las más metafóricas, las he recibido y me he dicho "hay que enfrentarlas"

¿Sueles ir a Venezuela?

Sí, estuve en 2016. Fui a una manifestación La toma de Caracas que fue muy importante con millones de personas, gente llegada de todas partes, del interior del país, incluso de una población indígena a la que le hicieron la vida imposible. Fue ahí donde descubrí cosas muy importantes para la novela que hasta entonces no tenía tan claras. Fueron tres días en los que me di cuenta de que no hacía falta que volviera más. Me pareció que era un estorbo y que podía complicar las cosa.

Yo nunca puedo contradecir la opinión que otros tengan de mí ¡Jamás! Considero que es mi rol que tú termines mi discurso. ©Thomas Canet

¿Tú eras un estorbo?

Yo siempre he sido muy incómodo en Venezuela y esa incomodidad me ha dado una gran fuerza que me ha permitido irme a vivir a otro sitio. Me empecé a ir muy pronto, pero cuando vine a España, que fue mi vez más definitiva tenía 26 años y llevo 26 años desde entonces.

¿Hugo Chávez te ha dejado huella?

Yo me vine a España dos semanas después del golpe de estado en Venezuela que había descalabrado todo, de tal manera, que me sentía incapaz de volver a poner juntos esos pedazos rotos. Y pensé: "Es mejor que me marche". Con Tiempo de Tomentas la novela pude ver que lo que más me dolió de marcharme fue romper con mi casa, y en realidad con los años descubrí que era romper con mi mamá, porque la convertí en una voz al teléfono y quizá ella no estaba tan de acuerdo con eso. Pero los dos hicimos esa segunda parte de nuestra relación, una conexión muy importante. Los dos aguantamos mucho, algo que podríamos haber evitado si hubiéramos vivido en un país más sensato. En ese sentido, Hugo Chávez sí me ha marcado.

Boris Izaguirre es un lector voraz, que devora los periódicos tanto como los libros. ©T.C.

A esta altura ¿te sientes más venezolano o español?

De niño tenía la sensación de que era moldeable, me veía a mi mismo como una persona a la que podían cambiar y pensaba "Qué raro que no me puedan cambiar el pelo, la cabeza, las facciones..." Hay veces que pienso que sigo así, ser de una sola manera es agotador. Prefiero ser de ciudades que de países.

En un momento determinado de mi vida escogí que la frivolidad era una lupa, una manera de ver el mundo. Con los años he entendido algunas cosas más serias, pero yo podría decir que esa es mi nacionalidad: la frivolidad. Ser frívolo es una forma de inteligencia, no del todo estudiada ni con suficiente bibliografía, no está en las bibliotecas... A lo mejor si algún día me pongo en eso, yo podría ser como el gran... Mmm

"Yo prefiero el glamour, siempre, porque tiene más bulería. En el fondo, no sé exactamente qué aporta ser elegante, salvo en los gestos, en el pensamiento, en tus decisiones y tu conducta". Boris Izaguirre

¿Oscar Wilde?

¡No! él precisamente no era frívolo. Era un hombre cultísimo, inteligentísimo y que utilizaba el verbo y el idioma para mandar un mensaje...

Igual que tú...

Quizá

Creo que no te enteras de quién eres...

Eso está bien, porque como soy muy comunicador prefiero que sean otros los que lo definan. Algunas veces me ha salido muy mal, porque la gente piensa "es bobo" y la verdad es que yo no creo que lo sea. Yo nunca puedo contradecir la opinión que otros tengan de mí ¡Jamás! Considero que es mi rol que tú termines mi discurso.

"Ser frívolo es una forma de inteligencia, no del todo estudiada ni con suficiente bibliografía". ©Thomas Canet

¿Te importa lo que los demás piensen de ti?

Sobre mi no, pero me importa muchísimo lo que dicen, porque de eso vivo, de escuchar y de contar. Lo que opinen de mi jamás me ha importado, nunca en la vida. Te lo he dicho, en absoluto voy a contradecir lo que alguien piense de mi.

Entonces eres el personaje que se necesita en cada momento

En las fiestas soy muy buen invitado. Lo divertido es que yo empecé colándome en todo lo que me gustaba, porque no estaba en mi entorno. Lo que sí estaba a mi alcance era el mundo de la danza, por mi madre, y el del periodismo y el cine por mi padre. Desde luego ambos me llamaban muchísimo la atención pero había muchísimas otras cosas que no formaban parte de los intereses de mis padres ni de su entorno: por ejemplo, las estrellas de la vida social de Caracas ¡realmente me fascinaba muchísimo! Y me ha enseñado muchísimo.

¿Qué te ha enseñado?

Lo que ves de mí, desde el aspecto, cierta manera de ser, la educación, la forma de conversar, de organizar un poco la vida... ¡Cosas muy serias!... Muchos crecimos con estas celebridades en el Hola y a mí me han aportado toda clase de información y de formación.

La mayoría de la gente que me caen bien tiene en común un gran sentido del humor, una gran inteligencia y una especie de valentía ante la vida

A ver Boris, cuando tú le levantas por la mañana, te lavas los dientes y te encuentras con tu imagen en el espejo: ¿sabes de quién se trata?

Todavía estoy esperando ese momento que todo el mundo dicen de la edad, cuando los años te devuelven la persona que ya no reconoces. Yo aún sigo reconociéndome e incluso me agrada el resultado. Creo que a mí la madurez me está dando como mejor aspecto del que tuve más joven. Hace 20 años tenía una cara más con ese rollo estilo plastilina, ahora me siento más acerado.

"Soy una persona muy capaz de organizarme y trabajar, está demostrado, pero en este momento siento que necesito descansar de la prosa y explorar otro tipo de narrativas". ©T.C.

¿Alguna vez te has sentido feo?

Sí, muchas veces y creo que ha sido un gran error, no porque sea guapo, sino porque pasé mucho tiempo prestando demasiada atención a querer ser guapo cuando lo más atractivo de mí es mi cabeza. No supe ser feo, hay que aprender a ser feo.

No cualquiera puede fusionar cultura y frivolidad. Lo de Boris Izaguirre es un arte. ©T.C.

Con todo lo que has hecho y lo que haces ¿cuál es tu auténtica pasión?

Escribir, y afortunadamente puedo vivir de lo que escribo. Siempre lo hago con música, tengo una selección en spotify que es un poco horripilante y en momentos muy determinados prefiero en silencio. Cómo dice Rubén mi marido, tengo momentos que estoy muy acompañado por Marta Sánchez y Paulina Rubio y se pregunta ¿cómo va a salir esa novela? A mí me tranquiliza y me ayuda mucho. Cuando escribo también suelo nadar, porque practicar natación es un proceso muy silencioso y solitario en el que puedes ir editando lo escrito. También suelo ir al cine. ¡El cine es la verdadera gran narrativa! Vas te refugias en un poco y luego vuelves a lo tuyo.

La política la miras desde un punto de vista estético, casi como si se tratara de celebrities...

Ellos también se ven así, se observan muchísimo, cada vez más. Se nota que Albert Rivera analiza muchísimo cómo se ve, forma parte de su discurso. Es evidente que Aznar tenía un estilo muy marcado y muy estudiado y que Rajoy nunca se ha quitado la barba. Hay gente que piensa así, que una vez que te creas una imagen te debes quedar con ella porque es lo que tiene seguro.

Izaguirre opina que los políticos actúan como auténticas celebrities. ©T.C.

¿La corrupción a qué clase de personajes afecta?

Para mí la corrupción es una cosa como súper innata y que todos tenemos, pero algunos son más astutos y otros menos. De haberme corrompido, me hubiera preguntado lo que creo que a ninguno de ellos les preocupa. Nunca piensan que van a ser culpables. Por ejemplo: Rodrigo Rato estaba en pleno mogollón de la locura en el Teatro Real viendo El holandés errante. Yo estaba sentado a su lado y le saludé, porque íbamos juntos al gimnasio. Yo no creo que la corrupción sea como la elegancia, se supone que tú naces elegante, pero pienso que no naces sino que te haces corrupto... A veces lo pongo en duda. Hay momentos en los que uno mismo se puede corromper, por ejemplo: alguien te dice para consigas algo que quieres "¿Por qué no le regalas un bolso importante?" y tú te ves meditando, y al final decides, bueno, vale, vamos a hacer ese regalo ¡Ahí yo creo que empieza un poco la cosa!

¿A los políticos les falta cultura?

La verdad es que sí. Si fueran más cultos serían más éticos y sin duda serían mejores. Los políticos no se ven a sí mismos porque están tan apasionados por la inmediatez, que no tienen sentido del fondo. Con ellos tenemos un enorme problema, nuestra responsabilidad es escogerlos, y creo que la mayoría de la gente no es consciente de esa obligación ni tampoco posee las herramientas educativas para escoger bien. A mí me cuesta mucho escoger y los de Venezuela me parecen un desastre. El gobierno es una dictadura y en la oposición son incapaces de hacer nada. Estamos desde hace 19 años acorralados, y cuando estuvieron en el poder fueron tan desastrosos que permitieron que pasara lo del chavismo. Son tan responsables del chavismo como ahora de no saber hacer oposición.

El escritor piensan que Humphrey Bogart y Lauren Bacall son el ejemplo de un gran amor. "El verdadero amor en equipo", dice. ©T.C.

Cultura, sociedad y otras hierbas

¿Es cultura que se haga una exposición sobre el armario de Carmen Lomana en el Museo del traje?

Yo fui a verla el día antes de que la inauguraran, a mí me parece muy válido. Los museos tienen que tener una parte tradicional, como las monarquías, si lo observas las monarquías son muy parecidas a los museos: están vivas, pero también tienen cosas simbólicas que no lo están tanto. Yo creo que la combinación es necesaria. Para que la sociedad esté sana, es necesaria la renovación de mentes, de personas, de actos...

¿Qué opinas sobre las redes sociales?

Generaron un conflicto generacional. Nosotros, de repente, nos vimos separados de nuestros hijos, fue la primera vez que pasaba eso en mucho tiempo. Antes todo estaba como más pegado. Tuvimos que adaptarnos y ser como ellos y lanzarnos a utilizarlas. También han generado problemas con las noticias falsas. Pienso que hay que observarlas con mucho respeto y estar atentos. Como dijo Belén Rueda "no hay que demonizar la tecnología"

Pero a ti te gustan, tienes más de 300.000 seguidores en Instagram.

Yo empecé mucho en Twiter; Facebook me parecía que exigía mucho y aún exige por eso creo que le va tan bien... Y luego Instagram que para mi es divino porque tiene ese elemento de narcisista y la posibilidad de hacer una realidad paralela; además, te da respuestas: por ejemplo a mis seguidores no les gusta que yo les venda cosas, quieren ver cómo hago, qué hago, qué pienso... Lamentablemente yo nunca podría hacer negocio promocionando cosas. Pero estoy muy contento con ellos, sobre todo los respeto muchísimo y entiendo lo que me dicen.

Tú ¿eres fan de la elegancia?

Yo prefiero el glamour, siempre, porque tiene más bulería. En el fondo no sé exactamente qué aporta ser elegante, salvo en los gestos, en el pensamiento, en tus decisiones y tu conducta. Todos lo hemos aprendido de Carolina Herrera que dice que la elegancia está en todas las cosas que te rodean y que tú eres. En cambio el glamur tiene como el desorden. Yo vengo de un lugar que es muy desordenado, en Venezuela y seguramente por eso lo prefiero.

"Nunca sé exactamente qué es lo que me gustaría hacer". La duda es bella. ©T.C.

Hablemos de amor

Llevas más de un cuarto de siglo con tu marido Rubén Nogueira y ahora que vives en Miami os separa todo un océano. ¿Cómo lo llevas?: "Con Rubén, más que querernos nos sentimos. Somos un equipo imbatible y todos los días renovamos esa idea. Lo de la distancia lo solucionamos subiendo a un avión por turnos"

¿Eres fiel?

Sí, pero con mucho esfuerzo.

¿Cuál es tu gran sueño?

A mí me gusta mi vida, me gustaría que todavía fuera un poquito más. Yo creo mucho en el más hasta en la ropa, y en el menos para los kilos. Más de más. Me gustaría tener una vajilla más... Acaricie la idea de tener un amor carnal más, pero fue un desastre aunque me salió una buena novela Un jardín al Norte

De anciano ¿cómo te ves?

Viejo verde como mi papá.

Este artículo se publicó originalmente en el blog de la autora.

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