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04/09/2015 07:16 CEST | Actualizado 03/09/2016 11:12 CEST

Bolsa, no es China, son los especuladores

bolsaReza el proverbio chino que "cuando el dedo señala a la Luna, el idiota mira al dedo". Pues eso: a la hora de fijarse en las turbulencias estivales de las bolsas, no seamos idiotas, o sea, no miremos a China, sino a los especuladores. Parece mentira que a estas alturas sigamos replicando el mantra de que China se hunda que los chacales financieros andan repitiendo desde hace cuatro semanas para crear el pánico en los pequeños y medianos inversores en bolsa para, ellos sí, hacer su agosto.

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Reza el proverbio chino que "cuando el dedo señala a la Luna, el idiota mira al dedo". Pues eso: a la hora de fijarse en las turbulencias estivales de las bolsas, no seamos idiotas, o sea, no miremos a China, sino a los especuladores.

Parece mentira que a estas alturas sigamos replicando el mantra que los chacales financieros andan repitiendo desde hace cuatro semanas para crear el pánico en los pequeños y medianos inversores en bolsa para, ellos sí, hacer su agosto.

Un mantra tan simple como falaz: China se hunde y, en consecuencia, lo mejor es escapar de la catástrofe vendiendo a bajo precio y de forma alocada las acciones. Acciones que, pocos días después, los especuladores compran tiradas de precio con el beneficio correspondiente.

Para generar el caos utilizan dos instrumentos esenciales: uno, hacer caer las bolsas asiáticas para que ello arrastre a las europeas de forma que estas, a su vez, hagan lo propio con las norteamericanas, que a su vez, vuelven a golpear a las europeas, creando un círculo vicioso del que solo se sale cuando los especuladores tienen que realizar sus ganancias, para volver a empezar de nuevo poco más tarde; otro, las actuaciones bajistas, con las que hacen descender artificialmente los valores de compañías sanas como depredadores que se abalanzan sobre sus presas de forma selectiva y sistemática.

Primero soltaron que la depreciación de la moneda china, el yuan, iba a ser interminable: en realidad, solo duró dos días, y fluctuó menos que el dólar, el euro o el yen en cualquier semana normal; la semana siguiente la cosa era que el mercado bursátil chino se hundía, algo que no ha sucedido en términos milenaristas; finalmente, que la economía china se estaba parando: de risa, cuando el decrecimiento del consumo en ese país es cubierto con creces por el crecimiento en los países desarrollados y cuando los índices lo desmienten (añadiendo además que las exportaciones europeas a China son tan relativas que cada uno de los grandes países de la UE comercia más con alguno de los medianos de la UE por separado que con Pekín).

Por ejemplo: ¿ustedes creen que es suficiente para entrar en pánico el 1 de septiembre que el índice de producción manufacturera de China en agosto fuera del 47'1 en vez del previsto 47'3? En fin, sobran explicaciones.

Los especuladores amplifican todos sus movimientos aprovechando el bajo volumen de negocio de meses como agosto, el despiste de los primeros días de septiembre y, cómo no, el efecto multiplicador de las órdenes de venta dadas automáticamente por las máquinas, entre otras cosas estrafalarias como los índices que midan la volatilidad (o el miedo) y los que a sus vez miden a estos (sobre los que también se negocia).

Parece mentira a estas alturas, pero los chacales están desplumando a millones de pequeños y medianos inversores en estas semanas sin que nadie les señale con el dedo y cuando todos los índices macroeconómicos europeos (incluidos los españoles) y norteamericanos son verdaderamente positivos.

Parece mentira a estas alturas, pero los chacales están desplumando a millones de pequeños y medianos inversores en estas semanas sin que nadie les señale con el dedo.

O sea, que cuando no está pasando nada de nada, los especuladores, con simples rumores y cuatro datos, están generando el miedo que alimenta al miedo y creando una tormenta financiera que les permita realizar los pingües beneficios que, por poner el caso de Europa, el acuerdo del Eurogrupo sobre Grecia les impidió conseguir como tenían previsto y descontado. Claro que antes de ese acuerdo decían que el mundo se iba a hundir y cuando se ha aprobado el agosto el tercer rescate la influencia positiva del mismo en las bolsas ha sido inexistente. Curioso, ¿verdad?

Me olvidaba: por si todos sus argumentos no fueran suficientes, les queda el de la supuesta subida de tipos por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos, que nadie sabe si se va a producir y cuando, pero que ellos utilizan como adicional banderín de enganche del pánico.

Dicho todo lo cual, me quedan dos preguntas. La primera, a los gobiernos de los países desarrollados: ¿por qué no se prohíben las operaciones especulativas bajistas en las bolsas -brutales las lanzadas estos días contra Abengoa o Repsol, por ejemplo-? Evidentemente, ello no iría contra la libertad de actuación en el mercado, sino en la dirección de protegerlo de las distorsiones de la misma. La segunda, a los medios de comunicación: ¿por qué no dejan de amplificar el cuento de los especuladores?

Si todos habláramos claro, el temor sería más difícil de generar. Bien lo sabemos aquí tras sufrir a esos mismos especuladores cuando aseguraban día tras día durante años que España iba a pedir un rescate ¿de cuánto?, ah, sí, decían que de 400.000 millones de euros, para así destrozar nuestra prima de riesgo y hacerse de oro. Mejor nos hubiera ido si todos a una los hubiéramos denunciado públicamente en vez de aceptar su discurso del miedo.