De la maldición a la gloria: cómo España ha pasado de sumirse en sus penas a convertirse en la mejor selección del siglo
Jugamos como nunca... y, de un tiempo a esta parte, ganamos como casi siempre.
Hay heridas que, aun curadas hace décadas, dejan cicatriz. Para volver a la 'maldición de los cuartos' de España hay que retrotraerse a la infancia —al menos los que vamos teniendo ya una edad, que otros ni lo han vivido—. El relato, empero, sigue siendo tentador. Lo de jugamos como nunca, perdimos como siempre, la maldición de cuartos son titulares recurrentes si un día no salen las cosas bien. Un recurso tan fácil como injusto, porque la realidad reciente debería imponer otro discurso.
La selección española (masculina, en este caso, aunque bien podría servir a la femenina) hace mucho tiempo dejó atrás su maldición para ser, como es hoy, la mejor del siglo XXI. Y la mejor de la actualidad, como acaba de confirmar el ranking FIFA actualizado tras el Mundial.
Influencers, periodistas, aficionados argentinos de toda clase perdieron la pasada semana una preciosa oportunidad de no quedar retratados lanzando ufanas proclamas como "¿quién es España?", "¿a qué juega este equipo de youtubers"? o "a España hay que boludearles, tratarles de estúpidos, porque son estúpidos", ironizando con la lejanía del primer título mundial, allá por el no tan lejano 2010.
En el fragor de una batalla, la verbal, siempre tan bien jugada por Argentina, casi nadie reparó al otro lado del charco en que la selección española presenta un palmarés envidiable en lo que llevamos de siglo XXI y, especialmente, desde el 2008 que lo cambió todo.
Fueron Casillas y Cesc los firmantes de la obra que reescribió el destino futbolístico de España en aquella tanda de penaltis frente a Italia en cuartos de la Eurocopa. Sin haberla disputado, la inmensa mayoría de españoles preparábamos ya el lamento de lo injusto que era el fútbol con nosotros. Pero, oh sorpresa, España salió triunfante de la mal llamada 'lotería de los penaltis', que tiene mucho más de ciencia que de fortuna. Días después llegaría el título continental, puerta de embarque al mayor vuelo futbolístico de nuestras vidas. Eurocopa, Mundial y Eurocopa, triplete en cuatro años. Y sí, previo paso por varias prórrogas y tandas de penaltis más.
La 'generación de oro' alargó su camino, ya sin suerte tras la gloria europea de 2012. España afrontaría desde entonces unos años tristes, sin juego, sin triunfos de relieve y sin la estabilidad que nos había llevado a la cima. La maldición de cuartos fue, de hecho, más una aspiración que un temor, porque en la Euro de Francia 2016 y los Mundiales de Rusia 2018 y Catar 2022 el batacazo fue incluso previo, en octavos.
Con Luis Enrique a los mandos, el equipo comenzó un crecimiento que nos dejó a las puertas de un par de títulos (la Euro 2021 y media Nations League 2022-23 que luego remataría De la Fuente en la fase final). Quedaba lo que hizo precisamente el técnico riojano, rematar. Apareció el hoy seleccionador, un tipo tranquilo pero con carácter, poco dado a shows pero con la personalidad suficiente para saber intervenir, y España resurgió.
Sus números cantan. De la Fuente cogió el equipo tras el Mundial de Catar a finales de 2022. En apenas meses, y olvidado el susto tempranero de Escocia, 'remató' la Nations iniciada por Luis Enrique y alzó su primer título como seleccionador absoluto. En penaltis, precisamente, contra Croacia. Un premio menor, pero premio al fin y al cabo. Solo un año después, 'La Roja' se disparó en juego y repercusión, para coronarse por cuarta vez campeona de Europa, tercera en este siglo. Jugamos como nunca y ganamos como muchas veces, podría decirse del paso de España por la Euro 2024, no sin sufrimiento.
Éramos los mejores del momento, pero no imbatibles. La Portugal de Cristiano Ronaldo lo mostró al mundo en la final de la Nations 2025. Un gol suyo nos empujó a la prórroga y posteriores penaltis que, esta vez sí, nos dieron la espalda.
España había cambiado no solo su sino; también su discurso. A diferencia de tiempos atrás, aceptábamos lo obvio, ser considerados favoritos de cara al Mundial. Siempre con el respeto de un competidor sano, sabedor de que otros aspirantes podían serlo tanto o más que nosotros, seleccionador y jugadores no esquivaron el reto. Y llegó el Mundial. Cabo Verde nos devolvió a tierra por si acaso alguien celebraba títulos antes de tiempo.
Pero España carburó. Aún sin los Yamal, Nico, Merino o Rodri al 100%, el equipo empezó a funcionar. Y partido a partido se fueron incorporando todos hasta la final misma. Por el camino, el fútbol y el método acabaron con Uruguay, Austria, la Portugal de CR7 en su último baile mundialista, Bélgica y la Francia de Mbappé, Doue, Dembélé, Olise... La archifavorita se llevó un baño de juego español para meternos de nuevo en una final mundialista, 16 años después.
Con Argentina enfrente el show del previo estaba asegurado. No tanto su seleccionador, un Lionel Scaloni siempre señor', no demasiado sus jugadores, pero sí una opinión pública que despreció a España. A falta de una 'Finalissima' que Argentina terminó por torpedear cuando se canceló su ubicación y fecha iniciales, el duelo de este domingo aspiraba a 'decidir' qué selección merece ser llamada la mejor de este cuarto de siglo. 'La pelota' dictó sentencia y fue clara.
Ganó la mejor, pese a todo y pese a todos, con la firma de Ferran Torres, un ejemplo perfecto de un país y una selección que dejaron atrás sus temores para convertirse en la referencia del momento.