El Tour de Flandes cumple cien ediciones

El Tour de Flandes cumple cien ediciones

Una pequeña comunidad que habita en los territorios de Flandes ha sabido proteger los escenarios de un ciclismo primitivo, que hoy aparecen como descontextualizados en el televisor y que nos permiten revivir, por unos días, las mismas emociones que los aficionados de la Europa de entreguerras en las cunetas de los muros de adoquín.

  5c8b0fc32500000704c9f4ec

Alexander Kristoff y Niki Terpstra en la edición de 2015/ GETTYIMAGES

El tiempo de los esforzados de la ruta era el tiempo de las bicicletas pesadas, del hierro y el piñón fijo, de los tubulares enroscados en la espalda, gafas de aviador y bigotes de húsar; era el tiempo de la etapas maratonianas que comenzaban de día y terminaban de noche, el tiempo en el que tropas a dos ruedas asaltaban las posadas y tabernas en busca de líquido reconstituyente.

Eran los tiempos en los que el Imperio Otomano llegaba a su ocaso y Lenin lideraba la Revolución Rusa, el compositor Igor Stravisnky estrenaba La consagración de la Primavera en el Teatro de los Campos Elíseos, el mismo año que nacía una de las pruebas ciclistas que hoy es sinónimo de primavera, el Tour de Flandes. Nacía en 1913 De Ronde van Vlaanderen, una carrera ya centenaria que se ha celebrado desde entonces solo interrumpida por la primera Guerra Mundial. De aquél ciclismo, como en general de todo, poco queda en apariencia, la imagen transmutada por el paso de las décadas, por el cambio de siglo, da paso a lo intangible, al esfuerzo, sacrificio y épica de un ciclismo ya diferente a la mirada.

Pero este deporte centenario ha sido capaz de conservar algunos de sus tesoros más preciados, protegerlos de la modernización que trae consigo el paso del tiempo, del desarrollo que impone su huella de asfalto en pueblos, ciudades y campos. Una pequeña comunidad que habita en los territorios de Flandes ha sabido proteger los escenarios de un ciclismo primitivo, que hoy aparecen como descontextualizados en el televisor y que nos permiten revivir, por unos días, las mismas emociones que los aficionados de la Europa de entreguerras en las cunetas de los muros de adoquín.

En el Tour de Flandes, que este domingo cumple su edición número cien, se funde el viejo y el nuevo ciclismo, como en la París-Roubaix, siete días después, hermana inseparable de ese viejo ciclismo, mítico y legendario que conforman unas pocas y selectas carreras a las que hoy llamamos "monumentos del ciclismo".

Este año, los 256 km de recorrido estarán salpicados con siete tramos llanos y dieciocho cotas que se retuercen hasta desniveles exagerados.

El terreno minado en forma de pavés y los temidos "muros" de esta clásica belga, hacen de ella una de las pruebas más exigentes y prestigiosas del calendario ciclista, terreno solo apto para especialistas. Este año, los 256 km de recorrido estarán salpicados con siete tramos llanos y dieciocho cotas que se retuercen hasta desniveles exagerados, siempre con el tortuoso adoquín poniendo a prueba la rigidez de las máquinas y el equilibrio de los corredores. Los puntos fuertes estarán, como manda la tradición, en los míticos Oude Kwaremont (11%), Paterberg (20%) y Koppenberg, el terrible muro que con su 22% de pendiente máxima constituye una de las imágenes icónicas del ciclismo de las clásicas de primavera, la de un constreñido pelotón de ciclistas empujando a pie su bicicleta por la estrecha calzada adoquinada.

Favoritos

La edición número cien no podía contar con mejor homenaje que la celebración de un duelo ya clásico y que viviremos por última vez este año. Fabian Cancellara (34, Trek) y Tom Boonen (35, Etixx-Quick Step) han dominado la escena de los adoquines de las clásicas de primavera desde hace ya más de una década. Ambos cuentan con tres victorias en el Tour de Flandes, igual que predecesores como Johan Museeuw o Fiorenzo Magni y nadie ha superado ese número por lo que, de lograrlo, uno de ellos conseguiría un record histórico. El suizo ya cuenta con cuatro victorias esta temporada, el año de su despedida, y parece estar en mejor predisposición que el belga, que lleva una temporada bastante discreta después de superar la lenta recuperación de la caída sufrida al final de la temporada pasada.

Las últimas semanas nos han permitido calibrar el estado del resto de favoritos, muchos de ellos habituales del pódium de Flandes en los últimos años, selecto grupo de escogidos que aspiran por encima del resto a la victoria en los muros de pavés. Alexander Kristoff (Katusha), vencedor de la última edición, llega con 6 victorias esta temporada, la última esta misma semana en los Tres días de La Panne. Greg Van Avermaet (BMC), tercero en 2015 y segundo en 2014, llega este año con más galones que de costumbre tras haber vencido, por delante de Peter Sagan (Tinkoff), en la general de la Tirreno-Adriatico y en otra clásica belga, la Omloop Het Nieuwsblad consolidando, de paso, el morboso duelo entre ambos, quizás continuación en los próximos años del citado CancellaraVSBoonen. El eslovaco, que fue segundo en 2013, llega también en condiciones óptimas tras su reciente victoria en la triste Gante-Webelgen, escenario trágico del fallecimiento del belga Antoine Demoitié. Niki Terpstra, segundo el año pasado y Stijn Vandenbergh son las balas en la recámara del Etixx; Sep Vanmarcke (Lotto NL), tercero en 2014, Jurgen Roelants (Lotto-Soudal), tercero en 2013, Filippo Pozzato (Southeast), segundo en 2012, Sylvain Chavanel (Direct Energie), segundo en 2011, y Stijn Devolder (Trek), vencedor en 2008 y 2009, también estarán en la salida.

Sin contar en su palmarés con un pódium en De Ronde, pero igualmente aptos para ello, el domingo también veremos retorcerse en las colinas de las Ardenas a Michal Kwiatkowski y Geraint Thomas (Sky), Arnaud Démare (FDJ), André Greipel (Lotto-Soudal), Lars Boom (Astana) o Edvald Boasson Hagen (Dimension Data). Y con el recuerdo lejano de uno de los nuestros, Juan Antonio Flecha, único español en un pódium de Flandes (tercero en 2008), Juan José Lobato y José Joaquín Rojas (Movistar), tratarán de mitigar la sequía nacional en la fría primavera belga.

Este post ha sido publicado inicialmente en el blog del autor.