29 multinacionales españolas ganaron 18.282 millones en 2023 y pagaron solo 307 millones en impuestos: su tipo efectivo fue del 1,7%, frente al 25% que paga una pyme
El contraste entre unas y otras llama poderosamente la atención.

Las grandes multinacionales españolas no tributan todas igual. Y las diferencias son mucho más profundas de lo que sugiere la media. Según los últimos datos publicados por la Agencia Tributaria, un grupo de 29 grandes compañías registró en 2023 beneficios por valor de 18.282 millones de euros, pero apenas abonó 307 millones en el impuesto de sociedades. El resultado: un tipo efectivo del 1,7%, muy lejos del 25% nominal que soporta una pyme en España.
La cifra forma parte del denominado informe "país por país" (Country by Country Report), una herramienta impulsada en el marco de la OCDE para analizar cómo tributan las grandes corporaciones en función de su actividad global. Y lo que revela es una fotografía desigual.
Un sistema con grandes contrastes
En total, 171 grupos multinacionales españoles declararon más de 112.000 millones de euros en beneficios en 2023 y pagaron unos 24.395 millones en impuestos, lo que deja un tipo efectivo medio del 21,7%. A simple vista, la cifra se acerca al tipo nominal español. Pero ese promedio oculta enormes diferencias internas.
Uno de cada tres grandes grupos (63 en total) tributa por debajo del 15%, el umbral mínimo pactado internacionalmente en los últimos años. Estas compañías apenas aportan el 7% del total del impuesto de sociedades, pese a concentrar una parte relevante de los beneficios.
En el extremo opuesto, 52 multinacionales registraron ganancias superiores a los 51.000 millones y pagaron cerca de 17.500 millones en impuestos, lo que eleva su tipo efectivo hasta el 34%. Es decir, dentro del mismo ecosistema empresarial conviven realidades fiscales completamente distintas.
Cómo se explica pagar menos
La clave no está solo en cuánto ganan estas empresas, sino en cómo estructuran su actividad. Las multinacionales operan a través de complejas redes de filiales repartidas por todo el mundo. En el caso español, los 171 grupos analizados suman más de 16.000 delegaciones, casi la mitad fuera de la Unión Europea.
Esa presencia internacional permite distribuir beneficios y costes entre distintos países, cada uno con su propia normativa fiscal. No se trata de una única práctica, sino de un conjunto de estrategias legales —desde la localización de activos hasta la financiación interna— que influyen en dónde se declaran los beneficios y, por tanto, dónde se pagan los impuestos.
El propio informe introduce matices importantes. El tipo efectivo no se calcula sobre el beneficio global consolidado, sino sumando resultados país por país, lo que puede alterar significativamente el resultado final. Además, no equivale al tipo nominal ni al mínimo global impulsado por la OCDE, ya que cada cálculo responde a metodologías distintas.
Por debajo del mínimo global
El dato más llamativo es el de las empresas que quedan claramente por debajo del 15%. Por ejemplo, 19 multinacionales obtuvieron 12.460 millones de beneficios y pagaron 864 millones, lo que supone un tipo cercano al 7%.
Sin embargo, el caso más extremo es el de las 29 compañías con un tipo del 1,7%. Una cifra que las sitúa muy por debajo del estándar internacional acordado en los últimos años, aunque ese pacto —impulsado precisamente por la OCDE— ha sufrido ajustes recientes por presiones políticas, especialmente desde Estados Unidos.
Dónde se gana y dónde se paga
El informe también permite analizar otra brecha relevante: la diferencia entre dónde se genera la actividad y dónde se tributa. España concentra el 55% de la facturación de estos grupos, pero solo alrededor de un tercio del impuesto total.
En cambio, en regiones como América el peso de los beneficios y de los impuestos es mayor que el de las ventas. Esto sugiere que los resultados no siempre se registran donde se produce la actividad económica principal, una de las cuestiones que precisamente tratan de abordar las reformas fiscales internacionales.
Rentabilidad y empleo: otra desigualdad
Las diferencias no se limitan a los impuestos. También aparecen al analizar la rentabilidad y la estructura de las filiales. En conjunto, estos grupos presentan una rentabilidad del 8,4%, superior a la del año anterior.
Sin embargo, las filiales en España se sitúan por debajo de esa media, con un 6,3%. En paralelo, concentran más empleo y mayor tamaño. En otros territorios, en cambio, las estructuras son más pequeñas pero registran niveles mucho más altos de beneficio por trabajador.
Ese contraste se refleja en casos como Luxemburgo o Malta, donde con plantillas reducidas se alcanzan elevados niveles de productividad y rentabilidad. Un patrón que vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la fiscalidad internacional y la distribución real de los beneficios.
