El experto que predijo la crisis de 2008 advierte: "Esta vez puede ser peor: la IA, Irán y Taiwán están todos conectados al mismo sistema financiero que puede colapsar"
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El experto que predijo la crisis de 2008 advierte: "Esta vez puede ser peor: la IA, Irán y Taiwán están todos conectados al mismo sistema financiero que puede colapsar"

Algunos que consideraban que lo ocurrido en 2008 sería "imposible de volver a ver", ya no lo tienen tan claro, y comienzan a sospechar que podría ser incluso peor.

Wall Street (EEUU)Getty Images/iStockphoto

Quienes vivieron desde dentro el colapso financiero de 2008 pensaron que aquello sería irrepetible. Uno de ellos, que entonces pasó de trabajar en un fondo de cobertura al Departamento del Tesoro de Estados Unidos, llegó a decir a jóvenes analistas que no volverían a presenciar algo similar. Hoy ya no lo tiene tan claro. De hecho, cree que lo que viene podría ser aún más grave.

El motivo no es un único foco de riesgo, sino la acumulación de varios factores que, aparentemente independientes, están profundamente entrelazados. Inteligencia artificial, tensiones geopolíticas en Oriente Medio, el papel de Taiwán en la industria de semiconductores y el crecimiento del crédito privado forman parte de una misma red. Y esa red, advierte, es vulnerable.

Un sistema más conectado (y frágil)

A diferencia de otras épocas, el problema no reside en un sector concreto. El sistema financiero actual funciona como una estructura altamente interdependiente donde los shocks no se quedan aislados: se propagan con rapidez.

Uno de los puntos más delicados es el mercado de crédito privado, que ha crecido de forma notable desde la crisis de 2008. La retirada de los bancos tradicionales dejó espacio a grandes fondos e inversores institucionales, que ahora financian a empresas fuera de los circuitos habituales. El problema es que estos activos son poco transparentes y difíciles de vender en momentos de tensión.

Esa falta de liquidez puede convertirse en un detonante. Si los inversores empiezan a retirar su dinero —algo que ya está ocurriendo en algunas firmas relevantes—, podría generarse un efecto dominó difícil de controlar. En mercados sin precios claros ni negociación fluida, el pánico puede escalar rápidamente.

La burbuja de la inteligencia artificial

A este riesgo se suma el auge de la inteligencia artificial, que está concentrando enormes cantidades de capital en un reducido grupo de grandes tecnológicas. Hoy, un puñado de empresas representa una parte desproporcionada del valor bursátil en Estados Unidos, algo que incrementa la fragilidad del sistema.

El problema no es solo la posible sobrevaloración, sino la interdependencia. Muchas de las compañías financiadas mediante crédito privado pertenecen al sector tecnológico, precisamente el más expuesto a los cambios que introduce la IA. Si estas empresas pierden valor o viabilidad, el impacto no se limita a un nicho: afecta a toda la cadena financiera.

Además, el propio desarrollo de la IA depende de ese mismo sistema. Centros de datos, infraestructuras y chips han sido financiados en gran medida mediante crédito privado. Si ese flujo de financiación se resiente, también lo hará el crecimiento del sector tecnológico, generando un círculo vicioso.

Geopolítica y economía, cada vez más unidas

A diferencia de la crisis de 2008, donde el epicentro fue financiero, los riesgos actuales están ligados al mundo físico. La energía, las materias primas y las cadenas de suministro juegan un papel clave.

Un conflicto en Irán, por ejemplo, puede disparar los precios de la energía o limitar el acceso a recursos esenciales. Esto afecta directamente a la infraestructura que sostiene la inteligencia artificial, altamente dependiente de electricidad y capacidad de procesamiento.

Taiwán representa otro punto crítico. Su papel en la producción global de semiconductores es insustituible a corto plazo. Un bloqueo o una invasión por parte de China tendría consecuencias inmediatas para la industria tecnológica global, ralentizando el desarrollo de la IA y golpeando a las empresas que hoy lideran los mercados.

El riesgo invisible

El gran problema, según este experto, es que los modelos actuales no están preparados para detectar estos riesgos. Los mercados financieros están diseñados para medir volatilidad, precios o correlaciones, pero no para anticipar fallos en infraestructuras, crisis energéticas o interrupciones en cadenas de suministro. Esto significa que cuando las señales aparecen en los mercados, suele ser demasiado tarde. El daño ya está en marcha.

En 2008, el sistema colapsó por la complejidad de los productos financieros y la interconexión de los balances. Hoy, la amenaza es distinta: el sistema financiero se ha vinculado a factores físicos y geopolíticos que escapan a su lógica tradicional.

Un déficit de preparación

El mensaje final es claro: los responsables políticos y los inversores están subestimando la magnitud del riesgo. No se trata de amenazas separadas, sino de un mismo entramado.

Si una parte falla —ya sea el crédito privado, la infraestructura energética o la cadena de suministro de chips—, el impacto puede extenderse rápidamente al resto del sistema. Y en ese escenario, los inversores harán lo que siempre hacen en momentos de estrés: vender los activos más líquidos, es decir, las grandes tecnológicas que hoy sostienen los índices.

La diferencia con 2008 es fundamental. Entonces, el riesgo era financiero y, en última instancia, afectaba a precios y balances. Ahora, el peligro está ligado al funcionamiento del mundo real: energía, tecnología, geopolítica. Y cuando ese tipo de riesgo se materializa, no solo caen los mercados. Se resiente todo el sistema.

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