La empresa alicantina que empezó fabricando redes de pesca en 1997 y ahora protege las avenidas de Ucrania de los ataques de drones con sus redes en más de 65 países
"No hay mucha diferencia entre parar un atún de 500 kilos y un dron de 7 u 8".

Una compañía española contribuyendo a la resistencia ucraniana. Una empresa de Callosa de Segura ha pasado en menos de tres décadas de fabricar redes de pesca a convertirse en proveedor de soluciones contra drones en zonas de guerra. Se trata de Internacional de Redes y Cuerdas (IRC), una firma alicantina con presencia en más de 65 países que ahora protege infraestructuras y calles en Ucrania frente a ataques con aeronaves no tripuladas.
El cambio no ha sido improvisado. Según explica su director comercial, Juan Luis Antón Jiménez, la clave está en adaptar un conocimiento técnico acumulado durante años: detener grandes peces no es tan distinto de frenar drones. Esa lógica ha permitido a la empresa reconvertir parte de su producción y entrar en un mercado marcado por la urgencia y la demanda creciente.
De la pesca industrial a la defensa: una evolución lógica
IRC nació en 1997 centrada en redes para pesca y construcción. Durante años, su negocio se apoyó en sectores tradicionales, especialmente en la captura de grandes especies como el atún, que pueden superar los 500 kilos.
Ese punto es clave. La resistencia, elasticidad y diseño de sus redes ya estaban pensados para soportar impactos y tensiones elevadas. Por eso, cuando surgió la necesidad de frenar drones —mucho más ligeros, de entre 7 y 8 kilos en muchos casos—, la adaptación fue más técnica que conceptual.
En palabras del propio Antón: "No hay mucha diferencia entre parar un atún de 500 kilos y un dron de 7 u 8". La empresa ya había trabajado previamente con redes para espectáculos de drones, lo que facilitó aún más el salto hacia aplicaciones defensivas.
Ucrania, el principal escenario de uso
El conflicto en Ucrania ha acelerado esta transformación. Hoy es el principal mercado de IRC en volumen dentro de esta nueva línea de negocio.
Las redes se instalan principalmente en:
- Grandes avenidas urbanas, para proteger a la población civil.
- Infraestructuras críticas, como instalaciones energéticas o logísticas.
- Puntos estratégicos expuestos a ataques aéreos de baja altitud.
El objetivo es sencillo: interceptar drones antes de que impacten o detonen, reduciendo daños materiales y, sobre todo, víctimas.
Según la empresa, se trata de una solución "económicamente asequible" en comparación con sistemas tecnológicos más complejos como inhibidores o defensas antiaéreas, y con una efectividad notable en entornos urbanos.
Un inicio marcado por la urgencia y las donaciones
La relación con Ucrania comenzó de forma inesperada. Un cliente de IRC, afectado por el estallido de la guerra, tuvo que reconvertir su actividad hacia necesidades defensivas y contactó con la empresa.
En ese momento, las dificultades logísticas y comerciales impedían operaciones normales. Fue entonces cuando la compañía tomó una decisión poco habitual en el ámbito empresarial: enviar material como donación.
La mediación de una trabajadora ucraniana de la empresa facilitó el proceso. Y, según el propio director comercial, la motivación fue clara: "La dirección decidió hacer lo que le pedía el cuerpo: ayudar a salvar vidas". Ese primer paso abrió la puerta a una colaboración que hoy se ha consolidado como una de sus principales líneas de actividad internacional.
Un modelo que refleja el cambio en la guerra moderna
El caso de IRC ilustra una tendencia más amplia: la guerra actual está incorporando soluciones más simples, adaptables y económicas frente a amenazas tecnológicas como los drones.
Según datos del Center for Strategic and International Studies (CSIS), el uso de drones en conflictos armados se ha multiplicado en la última década, obligando a desarrollar sistemas de defensa rápidos y escalables.
En ese contexto, soluciones como las redes físicas tienen varias ventajas:
- No dependen de sistemas electrónicos vulnerables a interferencias.
- Son rápidas de instalar.
- Tienen un coste significativamente menor.
- Pueden desplegarse en entornos urbanos complejos.
Con presencia en más de 65 países, IRC demuestra cómo una empresa tradicional puede reinventarse en un contexto global cambiante. Su caso combina industria, innovación y adaptación a nuevas demandas. Y deja la conclusión de que la tecnología más eficaz no siempre es la más sofisticada, sino la que mejor se adapta al problema real.
