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Sybilla tiene una piscina en su jardín: "El problema no son solo los 3.511 euros de gastos de funcionamiento"

Sybilla tiene una piscina en su jardín: "El problema no son solo los 3.511 euros de gastos de funcionamiento"

El lujo de bañarse en el jardín también trae visitas constantes, averías, toallas perdidas y algún que otro desastre.

Tener piscina en casa puede costar más de 3.500 euros al año solo en mantenimiento.
Tener piscina en casa puede costar más de 3.500 euros al año solo en mantenimiento.Getty Images

Tener una piscina en el jardín suena a sueño de verano. Hasta que llega junio, suben las temperaturas y el teléfono empieza a llenarse de mensajes de amigos, familiares, adolescentes de vacaciones y padres que buscan un plan para sus hijos. Eso es lo que le ocurre cada año a Sybilla, que reconoce que durante los meses de calor se siente casi como si gestionara un pequeño club privado.

Suena raro eso de tener un lujo como un "castigo", pero cuidado con lo que deseas, entre ellos los gastos. Pero el problema, cuenta en The iPaper, no son solo las 3.000 libras anuales —unos 3.511 euros— que calcula que cuesta mantener la piscina entre limpieza, cloro y funcionamiento. 

También está todo lo demás: las toallas que nadie trae, la crema solar que acaba ensuciando el agua, los niños que aparecen sin bañador, los perros que hacen de las suyas y las averías que siempre llegan en el peor momento.

Una piscina que atrae visitas en cuanto empieza el calor

Sybilla admite que le gusta abrir las puertas de su casa. No se queja de que sus amigos quieran ir a bañarse ni de que los niños jueguen juntos. De hecho, ella y su marido, Charlie, suelen repetirse una frase: qué sentido tiene tener una piscina si no se puede compartir. Pero compartirla tiene consecuencias

En cuanto empieza el verano, aparecen los adolescentes que van una o dos veces por semana, los amigos que viven en Londres y buscan una escapada de fin de semana, y las quedadas infantiles después del colegio.

El resultado es una especie de agenda invisible que se llena sola. Los adolescentes, explica, prometen no llevar alcohol, pero arrasan con todo lo que encuentran en la cocina. Se comen los dulces, las pizzas, los yogures, los cereales del desayuno de los niños y hasta la fruta que ella intenta esconder.

Toallas, bañadores, gafas y crema solar para todos

Otro problema habitual es que casi nadie llega preparado. Muchos invitados no llevan toalla, gafas de natación, accesorios de piscina o incluso bañador. Por eso Sybilla asegura que su casa parece a veces unos grandes almacenes algo desordenados, con prendas y objetos disponibles para cualquier emergencia. 

A eso se suma la crema solar. Como anfitriona, se pasa buena parte del verano repartiendo y aplicando protector a los niños. Es imprescindible con temperaturas de 30 grados, pero también ensucia la piscina, obliga a usar más cloro y aumenta el trabajo de mantenimiento.

Y luego están los perros. Sybilla tiene cinco, y ellos también actúan como si todas las fiestas fueran para ellos. Su labrador chocolate roba ropa interior y la arrastra por el jardín; los carlinos marcan las toallas de los invitados; y el terrier pincha flotadores y manguitos con los dientes.

El mantenimiento cuesta miles de euros al año

Más allá del caos doméstico, la parte económica pesa. La familia calcula que la piscina cuesta unas 3.000 libras al año en mantenimiento y cloro. La cifra aumenta porque tienen una cubierta eléctrica que necesita revisiones y que, según cuenta, se estropea siempre en el peor momento. 

Suma y sigue, porque esa cubierta añade unas 1.000 libras (unos 1.173 euros) al coste total, pero también les da tranquilidad. La heredaron cuando compraron la casa hace 13 años y ha sido clave mientras sus hijas eran pequeñas y aún no sabían nadar. 

Aun así, tener piscina no significa vivir sin preocupaciones. Sybilla lo compara con tener un coche de lujo: necesita piezas, revisiones, atención constante y nunca se puede descuidar del todo.

Averías, sustos y una piscina que casi acaba convertida en jardín

En estos años también han vivido episodios difíciles, de esos de pensar en que mejor sería tener todo ajardinado y olvidarse de la piscina. Uno de los peores ocurrió cuando un niño tuvo problemas en el agua. Sybilla avisó a su madre, pero esta respondió que "ya se las arreglaría" y siguió bebiendo champán. Al final fue ella quien se lanzó al agua para sacarlo

Otro verano, un niño hizo sus necesidades dentro de la piscina y sus hijas se negaron a bañarse durante el resto de la temporada. También recuerda el día en que dejó una manguera abierta junto a la piscina y acabó inundándola. El revestimiento se desprendió y la empresa le presupuestó una reparación de 7.000 libras. Por suerte, terminó recolocándose casi solo.

Después de tantos gastos y disgustos, su marido ha amenazado más de una vez con rellenarla y plantar hortensias. Pero la piscina sigue ahí. Y aunque sus hijos comparen la suya con otras más lujosas, Sybilla tiene clara una cosa: pocas familias pueden presumir de tantas historias alrededor de una piscina privada.

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Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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