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13/10/2014 07:04 CEST | Actualizado 12/12/2014 11:12 CET

Municipales adultas

Podemos ha entrado en el ciclo electoral cuando es el turno de las municipales. Tal vez no sea el escenario ideal, pero lo apremiante de la situación de millones de ciudadanos no admite cálculos ni más esperas. De ninguna manera perdamos esta gran oportunidad de consolidar el proyecto, empezando ya mismo a sacar a millones de personas de la miseria.

Los podemistas somos adultos. Y eso es una estupenda y esperada noticia, porque lo cierto es que a los españoles nos han tratado como a menores durante demasiado tiempo. Primero fue aquel estricto tutelaje infantil nacional-católico, durante el franquismo. Luego, desde la Transición, un tutelaje de adolescentes con derecho a irse de copas. Pero ahora, por fin, tenemos criterio: ya no aceptaremos tutores, y menos aún albaceas que administren lo nuestro.

El genocidio sobre el que se erigió la dictadura dejó un país fantasmagórico, despoblado de organizaciones y ciudadanos comprometidos con los asuntos públicos y la justicia social. Esas cosas se delegaban a los tutores. Así se edificó el orden del 78 y sus vueltas de tuerca adicionales del felipismo-pujolismo y el aznarismo-pujolismo. Pero frente a la superestructura forjada en esos años, nuevas ideas y formas organizativas se abren paso ahora con una autonomía que subvierte por completo las reglas acordadas e impuestas entre muy pocos, hace ya tres largas décadas.

La crisis orgánica en curso ha dado al traste con el habitual procedimiento de las altas esferas de mantener una elemental estructura de incentivos con la que contentar a una parte suficientemente amplia de la población. Su hegemonía se viene abajo. Y más abajo que se viene porque los españoles, con los pies en la tierra, cada día tomamos mayor consciencia acerca de la enorme influencia de lo público en nuestras vidas privadas, y es por ello que ahora nos auto-organizamos con creciente autonomía respecto a los grandes y alarmados intereses económicos, políticos y culturales. Queremos el control de nuestro destino en el marco de libertades de la democracia contemporánea, y regenerar el corrompido sistema. Hemos madurado políticamente. Ya somos adultos.

La ciudadanía está preparada para asumir las máximas responsabilidades. Cualquier ciudadano puede ser concejal o alcalde. Investigaciones recientes sobre élites políticas en España en las que he participado, nos enseñan que cuatro de cada cinco políticos son personas con preparación y talentos muy normales. Nadie nace enseñado y menos el gobernante. Cualquier persona trabajadora, honesta y medianamente inteligente no lo hará peor que muchos de los que venimos sufriendo. El buen gobernante consulta a las partes afectadas y especialistas antes de tomar, responsablemente, sus decisiones. Además, de capital humano no andamos escasos, al contrario: son legión los buenos profesionales desempleados, subempleados o expatriados con los que debemos contar.

Es muchísimo lo que está en juego en las municipales. Nada menos que la economía, el empleo y Estado del bienestar. Más allá de donde alcanza la memoria, los ayuntamientos, sobre todo en épocas de desempleo, han creado numerosos empleos directos: tradicionalmente, en obras públicas, conservación, jardinería, limpieza. Hoy cabe agregar implantación de energías renovables, esta tremenda riqueza natural que nuestro país va a saber aprovechar -mejor temprano que tarde- involucrando desde obreros no cualificados a ingenieros y economistas. El fomento indirecto del empleo puede ser incluso más importante, mediante facilidades diversas al autoempleo individual o cooperativo: reducción de impuestos, cesión de locales, apoyo administrativo y de asesoría durante el inicio de nuevas actividades económicas. Aquí estamos hablando de centenares de miles de empleos directos e indirectos a nivel nacional, pero es que además, los consistorios bien gobernados también pueden propiciar el ahorro en energía, economías de escala, y proporcionar numerosos servicios sociales, incluida vivienda pública, que en las grandes ciudades- por ley estatal específica - incluso tienen competencias en educación y sanidad.

En consonancia con una ciudadanía adulta largamente infantilizada, Podemos madura a toda velocidad. Los círculos territoriales y sectoriales son ya más de mil. El congreso fundacional, con 130.000 inscritos, definirá a finales de octubre reglas organizativas y principios políticos concienzudamente estudiados y debatidos por miles de militantes. Los resultados electorales y las encuestan demuestran que hemos ganado la confianza de millones de ciudadanos. En contados meses Podemos será adulto.

Gran parte de la ciudadanía quiere poder votar Podemos directamente, bajo su propio nombre. Así lo demuestran cada vez más estudios de opinión. Es verdad que la experiencia histórica nos enseña que las grandes organizaciones suelen ser más cohesionadas y fuertes cuando consolidan el conjunto antes que sus secciones locales. Sin embargo, los partidos de gobierno necesitan raíces locales. Podemos ha entrado en el ciclo electoral cuando es el turno de las municipales. Tal vez no sea el escenario ideal, pero lo apremiante de la situación de millones de ciudadanos no admite cálculos ni más esperas. De ninguna manera perdamos esta gran oportunidad de consolidar el proyecto, empezando ya mismo a sacar a millones de personas de la miseria, desde las enormes posibilidades que surte el ámbito municipal. Tampoco podemos defraudar las esperanzas puestas en nuestro proyecto y nuestro activismo. Es nuestra responsabilidad. Ya somos adultos.

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