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01/10/2019 10:45 CEST | Actualizado 01/10/2019 10:45 CEST

Cuando Myblu se enfada echa humo por las orejas

Nofumadores.org denuncia a Altadis en 15 comunidades autónomas.

PavelKant via Getty Images
Un hombre usando un vapeador. 

Borja Allué, cuyo sueldo lo paga la tabaquera Imperial Brands, estrenó su blog en El HuffPost con un ataque contra nofumadores.org. Algo debemos estar haciendo bien cuando decide firmar como presidente de Provap, asociación pro vapeo y no como lo que es, el responsable de productos de nueva generación de la tabaquera, cargo que ocupa desde hace siete meses. Allué es además administrador único de Myblu S.L., el e-cig denunciado en quince comunidades autónomas por una campaña publicitaria que −a juicio de la asociación− viola la ley de publicidad del tabaco al incitar a fumar −no a vapear− desde las marquesinas, metros y paradas de tren y autobús de toda España. 

Provap se constituyó en julio de 2019, hace apenas dos meses, y fue calificada al instante por Arturo Ribes, presidente de la UPEV (Unión de Promotores y Empresarios del Vapeo), como un intento de monopolizar el mercado por parte de las tabaqueras a través de los estancos. La asociación, que sepamos, la componen Myblu, el abogado Borja Vidaurre que ejerce como portavoz, y Nimboh S.L., sociedad constituida hace dos meses y formada por Lucas Juan Fernández Inda, administrador único de las sociedades Tabapro S.L. y Take a Vape S.L., y Daniel Salgado Palso, mayorista de tabaco, y el Gremio de Estanqueros de Cataluña. En la práctica, Provap defiende los intereses de Imperial Brands y Myblu en su estrategia de penetración en el mercado del e-cig a través de estancos y gasolineras, a las cuales accederá a través de un acuerdo con Repsol. Es el tabaco de siempre, usando las redes de siempre para sacar del mercado al resto de competidores. Los vapeadores establecidos tendrán suerte si entre Juul, Myblu e IQOS les quedan las migajas.

La vinculación de Provap con Imperial Brands es tan obvia que en su manifiesto fundacional critica sin nombrar a su compañero de oligopolio, Phillip Morris, al decir que “otros, que curiosamente vienen también al estanco, la casa del tabaco, directamente propugnan la eliminación del cigarrillo y sólo quieren productos para vapear”, en clara alusión a la última estrategia de marketing de PMI en la que aparenta propugnar un mundo sin cigarrillos mientras siguen fabricando, distribuyendo los suyos y publicitándose allá donde la debilidad del país de turno lo permita. El texto menciona hasta siete veces la palabra libertad en menos de 700 palabras. La única libertad que entienden las tabaqueras es la de hacerte adicto y dependiente a la nicotina. 

Allué afirma que “no hay ningún vacío legal” en la publicidad del vapeo, pero lo cierto es que el art. 19.4 dice exactamente que “constituye infracción muy grave la publicidad, promoción y patrocinio de dispositivos susceptibles de liberación de nicotina y envases de recarga que no estén permitidas”. Myblu es un dispositivo susceptible de liberar nicotina y, por tanto, su publicidad constituye una infracción muy grave, puro silogismo que debería costarles 600.000 euros. Sin embargo, hay truco. Los anglosajones tienen un término exacto para definir esa escapatoria de la ley: “loophole”, agujero que se encuentra en el listado de medios donde no aparece la publicidad exterior. Myblu no se puede publicitar en radio, televisión, prensa ni Internet. Su aparición en las marquesinas y stands publicitarios representa, además de un contrasentido obvio, el triunfo rampante del lobby tabaquero en colaboración con el PP cuando hicieron tarde y mal la transposición de la directiva europea a través del Real Decreto-ley 17/2017. España tratada como una economía emergente por empresas predadoras de la salud.

Para proteger la salud conviene hacer, como norma general, lo contrario de lo que te diga una empresa tabaquera.

Los beneficios de Imperial Brands dependen directamente de que España continúe con un 34% de fumadores. Nos causa sorpresa que el responsable de Myblu se pregunte “¿por qué ese empeño de una asociación antitabaco en abominar un producto que ha servido a mucha gente para cesar en el consumo de tabaco?”, mientras él trabaja para la segunda tabaquera del país. Cultivamos un sano escepticismo hacia Altadis-Imperial Brands, que lleva desde los años 50 negando sistemáticamente la evidencia científica sobre la relación entre tabaco y cáncer de pulmón, sobre la capacidad adictiva de la nicotina y poniendo trabas a cualquier legislación que les coarte el negocio, que es la muerte a plazos. A la corporación para la cual trabaja nunca le han preocupado los fumadores, mucho menos los que no fumamos. 

Ese argumento de que “vapear salva vidas”, suena demasiado parecido al “guns save lives” de la Asociación Nacional del Rifle. Industrias distintas que tienen en común las más de 33.000 muertes al año por disparos en EE UU y las 52.000 muertes evitables en España que llevan la impronta del tabaquismo. La estrategia que aplican, esa que habla de la “reducción de daños” solo está preocupada por el daño que producen las políticas antitabaco en su cuenta de resultados trimestral. Será tal vez por eso que Allué dedica medio artículo a contar la posible relación de Pfizer con un grupo antitabaco alemán e insinuar que nofumadores.org podría también recibir fondos. Le resulta difícil creer que un grupo de ciudadanos con las escasas aportaciones de sus socios dediquen su tiempo a luchar contra los abusos de la industria tabaquera y su artefacto, el cigarrillo, el mayor asesino del siglo XX. Le comprendemos, la conciencia ética es algo que no abunda en Altadis.

Para proteger la salud conviene hacer, como norma general, lo contrario de lo que te diga una empresa tabaquera. La estimable reducción del porcentaje de fumadores en el Reino Unido se debe a la ampliación de los espacios libres sin humo de tabaco, a que la cajetilla de tabaco cuesta entre 12, o incluso 15 libras según la adquieras en Newsagents o WHSmith, al empaquetado neutro, a que no se permite fumar en los estadios de fútbol, y un esfuerzo en campañas de concienciación. El Reino Unido, además, no cuenta con una gigantesca estructura de fraude de la ley como son las terrazas de hostelería. Por eso, y no por el vapeo, los súbditos de Isabel II tienen menos de un 15% de adictos y nosotros el 34%. 

En Nofumadores.org decimos que sí a todo aquello que aumente la libertad y la salud de los ciudadanos. Sí a todo aquello que impida a la nicotina esclavizar a nadie −algo de lo que las tabaqueras, por su origen, entienden un poco−, en cualquiera de sus formas de cigarrillo, carga de vapeador o tabaco calentado, ni invadir los espacios públicos. Más de 450 hospitalizaciones en EE UU por vapear y pulmones adolescentes que asemejan los de un anciano nos previenen de que Myblu y sus competidores no son ni serán nunca seguros. Sus recargas de sabores, además, causan una epidemia adolescente de adicción a la nicotina, y ya en EE UU se han levantado voces como la de Bloomberg, el magnate ex-alcalde de Nueva York, pidiendo su retirada del mercado. 

 

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