El ejercicio físico es la mejor píldora contra el Alzhéimer

Algunos investigadores apuntan a que incluso sería mejor que la medicación.
Perfect day for Yoga in the city
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El cerebro no se alimenta únicamente de nutrientes neurosaludables y agua. Requiere además otros “alimentos” que complementan e incluso son más importantes que la propia alimentación. Entre los parámetros esenciales de la salud cerebral se encuentran la práctica del ejercicio físico.

El ejercicio físico mejora la “respiración” de nuestras neuronas

Investigadores de la Universidad de Carolina del Sur han demostrado que el ejercicio regular aumenta el número de mitocondrias en el músculo y en el cerebro. Las mitocondrias se encargan de generar energía en nuestras células (y sobre todo en las neuronas, que son tan demandantes de oxígeno) por lo que resulta en efectos mentales muy positivos, como mejorar la memoria y reducir la depresión.

El ejercicio aeróbico aumenta la neurogénesis y el aprendizaje

Por otra parte, una reciente colaboración de investigadores de la Universidad de Jyväskylä (Finlandia) y de la Universidad de Michigan (Estados Unidos) efectuada en animales de experimentación demostró que el ejercicio físico aeróbico a los que ponían a correr en una noria fomenta la neurogénesis en el hipocampo, mientras que este efecto no se observaba en los animales sedentarios. El hipocampo es un área cerebral relacionada con la memoria y aspectos cognitivos. La neurogénesis hipocampal es un proceso continuo que contribuye a una variedad de conductas adaptativas, como es el aprendizaje. El ejercicio aeróbico en los humanos sería el equivalente a caminar, trotar, bailar, pedalear, etc., en el que nuestras células utilizan oxígeno para respirar. Curiosamente, esta neurogénesis no se observaba cuando se efectuaba ejercicio anaeróbico (carrera a máxima velocidad, saltos, levantar peso elevado).

La microbiota intestinal también se beneficia

El ejercicio físico también regula el equilibrio de la microbiota intestinal. En otros artículos de este blog, hemos comentado que la microbiota intestinal cumple funciones esenciales para el cerebro. Sin ellas, nuestro cerebro no funcionaría bien. Las bacterias del intestino en su metabolismo muchos nutrientes que el cerebro necesita (vitaminas del grupo B, vitamina D y K, ácidos grasos de cadena corta, aminoácidos).

Los desequilibrios de los tipos de bacterias del intestino se asocian al desarrollo de autismo, esclerosis múltiple, esclerosis lateral amiotrófica, alzhéimer, párkinson, depresión, insomnio, etc. Frente al aumento de las disbiosis intestinales, uno de los aspectos más favorables es hacer ejercicio físico para mejorar también el estado de las bacterias intestinales.

Cuanto más caminamos, más aprendemos

Otra observación interesante es que cuanta más distancia recorrida de manera aeróbica por estos animales, más se fomentaba la neurogénesis hipocampal en los adultos. De manera “naturalista”, los investigadores comentan que la correlación entre la distancia recorrida y la neurogénesis tiene sentido si pensamos que cuanto más caminamos más susceptibles somos de encontrar nuevos ambientes y estímulos, para los que tendríamos que adaptarnos rápidamente. Y en ese aspecto, el hipocampo juega un papel fundamental para aprender y procesar información nueva particularmente relevante.

Además, esto es válido a cualquier edad, desde la infancia hasta la vejez.

El cerebro también usa el lactato para su actividad

Aunque de manera tradicional se ha considerado la glucosa como el alimento esencial por excelencia de las neuronas, las investigaciones recientes apuntan a que el lactato que se genera por el ejercicio intensivo también llegue al cerebro donde puede participar en diversas funciones.

Por ejemplo, el lactato se asocia con la producción de neurotransmisores, es decir, los mensajeros químicos que las neuronas usan para comunicar entre ellas. Además, el lactato en el cerebro también se correlaciona con un aumento de factores de crecimiento que mejoran la actividad de aprendizaje y la memoria.

Ejercicios “a la carta” según la persona y el tipo de ejercicio

Los cambios bioquímicos que se observan en el cerebro pueden ser distintos de ejercicios aeróbicos de baja intensidad (que producen menos lactato) o ejercicios de resistencia anaeróbicos (ejercicios de fuerza con peso elevado).

Aunque se ha estudiado menos, es probable que el tipo de ejercicio que más lactato genera sea el de resistencia. Además, este tipo de pautas son preferibles frente al ejercicio de alta intensidad para las personas de edad avanzada y con obesidad. Para una persona mayor no resistiría una sesión de “cross-fit” por ejemplo. Hay también que tener en cuenta que el ejercicio tendrá efectos distintos según el tipo de persona. Las personas menos entrenadas tendrán mayor producción de lactato que las que están muy entrenadas.

La mejor píldora contra el Alzheimer

El Alzheimer es una enfermedad crónica incurable. En épocas recientes, con el aumento del estrés y el aislamiento por la crisis sanitaria provocada por la COVID-19, se ha disparado el aumento de casos de Alzheimer y se han agudizado los síntomas de esta enfermedad en las personas mayores. El mejor antídoto parece ser el ejercicio físico, según los estudios.

La actividad física reduce el riesgo de Alzheimer entre un 28 y un 45%. Por otra parte, cuando se practica el ejercicio físico en personas que padecen esta enfermedad también se observa mejoría en la circulación sanguínea cerebral, el volumen del hipocampo (un área cerebral de la memoria) e incluso aumenta la formación de nuevas conexiones neuronales. También parece mejorar los síntomas neuropsiquiátricos, la atención, la memoria en general y la capacidad de comunicarse verbalmente.

Algunos investigadores apuntan a que incluso sería mejor que la medicación, ya que se pueden observar efectos muy beneficiosos cuando se practica el ejercicio físico de manera regular, al mismo tiempo que se evitan los efectos secundarios de la medicación. Obviamente, muchos factores están en juego en estas reflexiones. El ejercicio físico debe ser mantenido de manera asidua, y es un aspecto que muchos enfermos de Alzheimer no se pueden permitir. Por otra parte, hay aspectos del estilo de vida (compañía, nutrición, estado de ánimo, etc.) que también ejercen una gran influencia en el progreso de esta enfermedad.

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