POLÍTICA
09/07/2019 19:33 CEST | Actualizado 09/07/2019 19:37 CEST

¿Y si se repiten elecciones? ¿Qué se aprendió de la legislatura fallida?

El precipicio del bloqueo político.

EFE

Un desastre de reunión. Una hora y cuarenta y cinco minutos en una sala del Congreso. Fracaso absoluto. El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, no han llegado a ningún acuerdo cuando apenas faltan dos semanas para el debate de investidura.

Esto hace que el país se acerque más al precipicio de una repetición electoral: con la posible fecha del 10 de noviembre. Una situación que ya no es nueva en nuestra historia política y que se vivió por primera vez hace apenas tres años, cuando los españoles tuvieron que ir a las urnas el 26 de junio de 2016 seis meses después del 20-D. 

Esta vez el reloj se pondrá en marcha la semana del 22 de julio, cuando se celebrará el debate de investidura. En la primera votación -el martes 23- Sánchez debería tener mayoría absoluta -al menos 176 de los 350 diputados-. Algo que parece improbable, por lo que habría que ir a una segunda ronda  48 horas más tarde y ahí le valdría una mayoría simple (más síes que noes). De no lograrlo tampoco, se abre un periodo de dos meses para que cualquier aspirante lo intente.

La reunión de este martes en el Congreso ha acabado con tensión máxima y con versiones contradictorias. Con revelaciones y filtraciones que intentan ser desmentidas por ambos mandos. Desde Podemos se ha hecho llegar a los medios que Sánchez ha amenazado con repetición electoral si no le apoyan en julio, mientras que desde el PSOE se ha revelado que Iglesias exige una Vicepresidencia del Gobierno.

La situación es distinta a aquella fallida investidura de hace tres años, que acabó con la repetición de elecciones y la posterior investidura de Mariano Rajoy. Este último ya no está, pero tres de los actores protagonistas siguen en el terreno: Sánchez, Iglesias y Albert Rivera. Y también algo han aprendido durante este tiempo, aunque también se vuelven a repetir algunos comportamientos.

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En la repetición electoral se premió al anterior ganador

La primera consideración es que una repetición electoral supondría un auténtico fracaso de los políticos. Los españoles votaron el 28-A y ahora deben hacer los deberes las formaciones. Todo ello, además, tras un periodo sin precedentes: cuatro elecciones en apenas un mes. Este hartazgo de los electores se refleja ya en los sondeos. Un 49,7% de los ciudadanos está en contra de ir a las urnas, según un barómetro reciente de La Razón, que señala que sí apoyarían esa repetición el 36,7%. El 13,6% no sabe o no contesta.

Y en ese contexto los que tendrían más ganas de ir a unos comicios serían los votantes del Partido Popular (un 62,1%) al entender que conseguirían mejores resultados. Los que menos quieren volver a las urnas son los votantes de Unidas Podemos (solo el 12,5%) y los socialistas (un 26,9%). Esencialmente se debe al miedo a que el resultado fuera peor para las izquierdas. Este sentimiento recorre estos días a muchos dirigentes del PSOE, que saben que podrían lograr un mejor resultado que en el 28-A pero que la izquierda podría bajar frente al bloque de la derecha por la caída de los morados y por un ‘castigo’ mediante la abstención.

Las encuestas que manejan en Ferraz no son nada malas si miran a su propio partido. En el último barómetro del CIS se reflejaba esta proyección si hubiera hoy elecciones: PSOE se dispararía hasta el 39,5%, cuando el 28-A obtuvo un 28,6%. Ciudadanos daría el sorpasso al Partido Popular y se situaría segundo con un 15,8% (en las elecciones tuvo un resultado similar). Los de Pablo Casado serían terceros con un 13,7% (tres puntos menos) y los de Pablo Iglesias bajarían a un 12,7% (frente al 14,31%). 

El PSOE sube en las encuestas pero crece el malestar con los políticos

Pero este barómetro del CIS nos deja un dato también muy punzante: la preocupación por la clase política escala hasta su máximo histórico desde 1985. Ya lo cita como problema el 32,1% de la población (cuatro puntos más que hace un mes). Esto podría luego traducirse, por ejemplo, en mayor abstención o en cambio de voto.

Una de las lecciones que nos dejó aquella legislatura fallida y la consiguiente repetición electoral es que los españoles premiaron al partido ganador, en aquel caso el PP de Mariano Rajoy, elevando sus escaños de 123 a 137 escaños. Por lo que, a priori, podría reforzarse ahora Pedro Sánchez. Y a la vez Unidas Podemos no logró el sorpasso que deseaba al verse identificado dentro del electorado de izquierdas como el culpable de que no hubiera salido el Gobierno de Sánchez con Cs -el famoso pacto de El Abrazo-.

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Por lo tanto, también se libra a partir de ahora una batalla por el relato de quién es el culpable. Desde Podemos se avisa de que Sánchez está presionando con un “en julio” o a las urnas. Y el PSOE ha filtrado que Iglesias se ha empecinado con una Vicepresidencia y con los sillones frente al programa.

Hay que recordar que tras la investidura fallida y la repetición electoral vino el “no es no” y el fatídico Comité Federal del PSOE. La situación se desbloquearía con la llegada de la gestora y la abstención del grupo socialista ante Mariano Rajoy.

¿Podría suceder ahora lo mismo con la abstención del Partido Popular? Algunas voces en el PP lo han apuntado como Isabel Díaz Ayuso o Esperanza Aguirre. Pero Pablo Casado también está en el “no es no” en un momento en el que se libra una durísima batalla dentro de la derecha por ejercer el liderazgo en la oposición. En su mente está que mejoraría el resultado de nuevo porque muchos votantes de Vox volvería a la gran casa del centro derecha y se reforzaría ese bipartidismo imperfecto.

El PP no se quiere abstener como hizo el PSOE con Rajoy

Casado le ha reiterado a Sánchez este martes en la ronda de consultas que no se va a abstener ni facilitar su investidura, pero sí se ha abierto a acuerdos posteriores como en los presupuestos -la ley clave para que aguante un Gobierno-.

Incluso Albert Rivera va más allá y ha rechazado hasta dos veces reunirse con Pedro Sánchez en las últimas semanas. La presión a Cs ha ido creciendo para que se abstenga y que el nuevo Ejecutivo no tenga que depender de los independentistas. Además, esto ha provocado una fuerte convulsión interna en el partido y la salida de Toni Roldán. En el mismo sentido, apoyan la abstención pesos pesados como Luis Garicano y Francisco Igea. En este sector corre la teoría de que ese giro a la derecha podría no convertirse en sorpasso -como ya pasó el 26-M- y además alejaría al votante del centro -lo que le pasó a Podemos hace tres años-.

Existen muchos factores si hubiera otra vez elecciones. Uno de los principales sería la incidencia que tendría la futura sentencia del procés y la posibilidad también de que esto propiciara además un adelanto electoral por parte de Quim Torra.

El hombre -y el político- es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

 

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