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31/10/2019 07:34 CET | Actualizado 31/10/2019 07:34 CET

España no necesita nuevas empresas, necesita grandes empresas

El tamaño importa...

scanrail via Getty Images

En los últimos años el debate público ha estado marcado por la necesidad de fomentar la creación de empresas en España. Para ello, se han elaborado un sinfín de propuestas en las que, el Gobierno, trataría de reducir la carga burocrática que viven nuestros empresarios para que, con el consecuente incentivo, se siguiese impulsando la creación de empresas en nuestro país, dando un espaldarazo a los niveles de emprendimiento e innovación.

Sin embargo, si uno se para a analizar los datos, estos nos muestran una realidad bastante distinta a la percepción que tiene la ciudadanía con los titulares que emiten nuestros periódicos. De acuerdo con los datos que nos ofrece el censo del Instituto Nacional de Estadística (INE), España crea un gran número de empresas de forma anual. Para hacernos una idea, en España se han creado, en lo que va de año, más 65.000 nuevas sociedades; es decir, en relación con Alemania, por ejemplo, España crea un gran número de empresas.

Sin embargo, si uno se para a mirar las empresas que crea España, en relación con el número de empleados que poseen otros países como, por ejemplo y para tomar de referencia a la locomotora económica de la Unión Europea, Alemania, seguimos creando empresas muy pequeñas. Empresas pequeñas que, curiosamente, suponen casi el 99% (99,88%, sumando a los autónomos y trabajadores por cuenta propia) del tejido empresarial. Traducido en el contexto empresarial, en España casi la totalidad de las empresas constituidas poseen un número de empleados inferior a 250, de acuerdo con la definición de PyME.

Ahora bien, si analizamos estos datos al detalle, de acuerdo al Instituto de Estudios Económicos (IEE), en España el promedio de empleados en la gran mayoría de empresas (95%) es de 10 empleados, constituyéndose así en un gran porcentaje de las mismas como microempresas. Es decir, casi la totalidad de empresas posee una estructura empresarial muy pequeña, con un número de empleados en plantilla bastante reducido, en relación, al menos, con otros países punteros de la Zona Euro.

En España se han creado, en lo que va de año, más 65.000 nuevas sociedades.

Pese a ser pequeñas, las PyMEs suponen cerca del 70% del empleo, así como la generación de casi el 88% de lo nuevos puestos de trabajo creados. Sin embargo, estos datos pueden verse desde varias ópticas, pudiendo ser optimistas o pesimistas dependiendo de donde se mire. Poseer un gran número de microempresas puede darnos un tejido empresarial muy dinámico, menos expuesto a la hora de que determinadas empresas quiebren o, por otro lado, podemos mirarlo desde el punto de vista de la vulnerabilidad de las mismas por los escasos recursos que poseen frente a la gran empresa.

De acuerdo con los datos ofrecidos por el INE, las PyMEs son empresas que, por naturaleza, poseen una mayor vulnerabilidad a la hora de afrontar una situación recesiva en la economía. Es decir, si la economía en el país sufre un shock o una crisis, las PyMEs son las empresas más afectadas por ello, pues sus escasos recursos le aportan una mayor vulnerabilidad para atravesar con éxito un proceso como el que mencionamos. Como digo, la debilidad de las mismas ante situaciones complicadas se acentúa por esta escasez de recursos.

Al hilo, de acuerdo con los datos que ofrece el Círculo de Empresarios sobre el comportamiento de las empresas españolas ante la crisis vivida en 2008, las PyMEs fueron el gran destructor de empleo en el país. Esta limitación de recursos que poseen las microempresas llevó a que, del empleo destruido, solo el 6% lo fuese por la gran empresa, mientras que el resultado restante corresponde a la destrucción que supuso el despido y el cierre en la pequeña y mediana empresa española; no porque el empleo fuese de baja calidad, sino por necesidad ante la dura situación que atravesaba el país.

Como vemos, el resultado de tener un gran porcentaje de nuestro tejido empresarial compuesto por microempresas, más vulnerables ante las propias recesiones que vive el país, nos llevó a tener un mayor porcentaje de destrucción de empleo que otros países, donde su tejido empresarial se compone por un mayor número de grandes empresas. Sin embargo, en España seguimos hablando de creación de empresas, elaborando políticas para favorecer este fenómeno; mientras que en materia de crecimiento y consolidación de las mismas, seguimos elaborando trabas burocráticas para no dejarlas crecer.  

Las grandes empresas no solo son mas robustas, sino que pagan un mayor número de impuestos, contratan a más personal y dotan a sus empleados de salarios más cuantiosos.

Si analizamos las economías más consolidadas y menos vulnerables del mundo,estas poseen un mayor número de grandes empresas. Es decir, la gran empresa dota a los países más fuertes económicamente de una mayor robustez y solidez para afrontar situaciones no convencionales en el escenario económico, propiciando una mayor seguridad para el país. Pero este diagnóstico parece que, en España, sigue sin gustar, pues el estigma de creer que los grandes empresarios representan el lado más malvado de la sociedad gana al de la robustez y la solidez de la economía.

En resumen, poseer un tejido empresarial compuesto por grandes empresas es un objetivo a tener en cuenta. De acuerdo con el último estudio que he realizado sobre este tema, las grandes empresas no solo son mas robustas, sino que pagan un mayor número de impuestos, contratan a más personal y dotan a sus empleados de salarios más cuantiosos. Con los datos en la mano, podemos concluir diciendo que España, en estos momentos, no necesita seguir creando empresas, sino hacer más grandes aquellas que se crean, incentivando así una mayor contratación a largo plazo, así como la dotación de mayor robustez ante las situaciones no tan favorables para nuestra economía.

 

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