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11/09/2020 12:37 CEST | Actualizado 11/09/2020 12:37 CEST

La hipocresía del punitivismo abolicionista

El abolicionismo ha construido un imaginario revestido de una superioridad moral que se hace necesario combatir a la luz de los datos

Miquel Benitez via Getty Images
Silla vacía utilizada por una prostituta en las inmediaciones de Barcelona. 

El punitivismo se ha erigido como la única herramienta de los gobiernos con la que imponer la visión de “lo que debería ser la sociedad”. El abolicionismo, que surge como una supuesta posición ética y de cuidado para con las mujeres, ha devenido en una suerte de paternalismo ineficaz, en una pata más sustentadora del patriarcado que utiliza sin pudor la herramienta que mejor y más sirve para sus propositivos: el punitivismo. 

El cierre de los prostíbulos en España nos lleva indefectiblemente a una mayor clandestinidad, mayor violencia y mayor desprotección para las personas que ejercen la prostitución. Cerrar los prostíbulos sin ofrecer alternativas habitacionales y laborales es violatorio de derechos humanos. Así, el Gobierno de España ha decidido dejar en la calle a más de 60.000 mujeres sin ofrecer ningún recurso: sin posibilidad de paro, de ayudas. Mientras, la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (ANELA), constituida en España a principios de los 2000, sigue funcionando a pleno rendimiento. El Gobierno de España así ha decidido criminalizar a las putas mientras decide ser cómplice de la patronal y, en muchos casos, del proxenetismo. 

Todos los partidos que han gobernado España se declaran abolicionistas, pero son esos mismos partidos los que han legalizado y permitido la creación de la asociación de los empresarios de los clubes de alterne, mientras desde el poder criminalizan, excluyen, impiden la sindicalización y deciden que las putas no son sujeto de derecho. ¿Se dan cuenta de la hipocresía? Los partidos que dan las licencias a los clubes de alterne son los que luego dejan a las putas en la calle arrogándose una supuesta posición ética abolicionista. Patriarcado y androcentrismo de toda la vida.

El cierre de los prostíbulos en España nos lleva indefectiblemente a una mayor clandestinidad, mayor violencia y mayor desprotección para las personas que ejercen la prostitución.

El abolicionismo ha construido un imaginario revestido de una superioridad moral que se hace necesario combatir a la luz de los datos. Amnistía Internacional y ONU SIDA ya avisaron de que la criminalización y el abolicionismo solo lleva a las putas a sufrir violencia y a la exclusión social. Buena parte del abolicionismo solo ofrece punitivismo, persecución e hipocresía. Es hora de ser consecuente con los derechos humanos y despenalizar el ejercicio la prostitución, una posición que considero pueden abrazar también desde sectores abolicionistas no punitivistas. La mayoría de ordenanzas municipales en España sobre esta cuestión son abolicionistas y lo único que han conseguido es más violencia y más clandestinidad para las putas, no para los clientes, y no para los empresarios, que recordemos que son tolerados y protegidos por los mismos partidos que se declaran abolicionistas. Despenalizar no es lo mismo que regular. Por eso considero que debemos avanzar hacia ese lugar común que es dejar de criminalizar y de perseguir a las putas.

En realidad, los partidos que han gobernado España no son abolicionistas, su problema es solo con las putas, a las que, repito, persiguen a través de las ordenanzas de los ayuntamientos donde gobiernan mientras conceden licencias a los clubes de alterne y dan carta de libertad a la patronal de la prostitución, la ANELA. ¿Hasta dónde pueden llegar los niveles de hipocresía del poder? ¿Hasta cuándo están dispuestos a seguir exponiendo a las putas a más clandestinidad por un puñado de votos?

Desde el abolicionismo punitivista se afirma que en España no se persigue a las putas, porque la prostitución es “alegal”. Es falso. Basta revisar las políticas de numerosos ayuntamientos de España. Tenemos el ejemplo de hace unos años de Argentina, donde se siguió la misma línea que se está siguiendo ahora en España: el resultado fue más clandestinidad, más persecución, más cárcel para las putas. 

El punitivismo que defiende la mayoría del abolicionismo es una pata más que sustenta al patriarcado.

Todos tenemos posiciones y cuestionamientos al respecto de la prostitución. Pero hay una realidad que está por encima de nuestras morales y visiones del mundo: la situación de clandestinidad y persecución de las putas. No todo el abolicionismo es punitivista y no todas las personas que defienden la despenalización de la prostitución están a favor de la regulación. Es un debate más complejo que el maniqueísmo que nos presenta el abolicionismo punitivista. 

El punitivismo que defiende la mayoría del abolicionismo es una pata más que sustenta al patriarcado, contribuyendo a la defensa de la dicotomía androcéntrica que afirma que para la mujer solo hay dos caminos posibles y antagónicos: o puta o santa y si eliges el primero eres una disidente de “lo que debería ser una mujer” y hay que condenarte, perseguirte y silenciarte. Por eso tenemos que seguir cuestionando los roles que el androcentrismo impone a la mujer y también debemos cuestionar las formas que utiliza para mantener su hegemonía. El punitivismo nunca fue un aliado de las mujeres ni de las disidencias sexuales, por eso me sorprende que desde sectores abolicionistas sigan insistiendo en el discurso del amo, que diría Lacan, en vez de dar herramientas que liberen a los cuerpos de las mujeres de la persecución, la cárcel, la violencia o la explotación. 

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