Radiografía de la OTAN: cuánto gasta cada país en defensa y para qué servirá

Análisis del aumento del gasto militar entre los estados miembros.
Imagen de archivo de una lupa sobre el logo de la OTAN.
Imagen de archivo de una lupa sobre el logo de la OTAN.
SOPA Images via Getty Images

Hasta la pasada cumbre, la OTAN venía a ser una cuadrilla de amigos más o menos bien avenida, pero con sueldos, gustos e intereses muy diferentes. En esos encuentros, uno ellos, el líder, siempre se lamentaba y les pedía a los demás quedar con más frecuencia, y sobre todo, gastar más dinero en los planes que hacían juntos.

Así, según los datos de la propia organización de marzo de este año, de los 29 países miembro, sólo ocho cumplían con la directriz -no obligatoria- de destinar el 2% del presupuesto nacional a gasto militar, y de ellos únicamente Estados Unidos y Reino Unido son de los principales actores en cuanto a gasto total. El resto de los que “cumplen” eran Grecia, Polonia, Croacia y los tres países bálticos. Mientras que Francia, Rumanía, Eslovaquia, Noruega estarían a menos de 3 décimas de llegar a esa línea que se propuso en 2014 para ser alcanzada en diez años.

Detrás de ellos, les siguen por orden Montenegro, Bulgaria, Turquía, Portugal, Italia, Macedonia, Alemania, Países Bajos, Albania, Dinamarca, República Checa, Canadá, Eslovenia y Bélgica. En penúltima posición se situaría España, que a pesar de un reciente incremento llega al 1,03%, solo por delante de Luxemburgo (0,54%).

El informe también señala que ocho países destinan menos del 20% del gasto militar a equipos de armamento, o que en los últimos cinco años Estados Unidos ha incrementado su parte en el total de gasto militar que realizan los países miembros. Ahora éste gasta 726.000 millones de dólares, mientras que entre todos los demás “apenas” llegan a los 324.000. Por eso también Washington suele decidir dónde y cuándo se reúnen.

Y después de Madrid, ¿qué?

Ya en los meses previos a la cumbre de Madrid, tras la invasión rusa en Ucrania, varios países como España o Alemania habían anunciado que se encaminarían a superar ese listón del 2% del PIB nacional que plantean desde la OTAN y que en el caso español no se alcanza desde 1995. Tras la reunión, además de la adhesión de Suecia y Finlandia como nuevos miembros, se hizo evidente que los países apostaban por un aumento del gasto militar como forma de enfrentarse al enemigo ruso. “El 2% [del PIB] se considera cada vez más el suelo, no el techo”, afirmó el secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg.

El Gobierno español anunció ayer un crédito extra de 1.000 millones de euros en defensa. Pero llegar a ese 2%, según los datos de la OTAN, supondría casi duplicar los 13.000 millones de dólares anuales más. Los expertos coinciden en que casi todos los países miembro, incluido España, cumplirán en los próximos años con ese porcentaje a menos que alguno se encuentre con una fuerte oposición interna.

Las disputas en la coalición

En nuestro país queda por ver cuánto consigue Unidas Podemos limitar ese incremento de gasto dentro del Gobierno. Pero cuesta además que otros apoyos parlamentarios del Gobierno como ERC, Bildu o Compromís, vayan a aprobar los presupuestos de 2023 con un aumento sustancial en la partida militar. El hecho de que Yolanda Díaz no sólo haya afeado las formas por la aprobación del crédito suplementario, sino que además haya pedido la convocatoria urgente de la mesa de seguimiento de la coalición con el PSOE, algo que no sucedía desde el pasado octubre, evidencia hasta qué punto este tema provoca una división total dentro del Ejecutivo. Las declaraciones sobre este tema se han lanzado como cuchillos. “No podemos vivir anclados en el pasado, en una realidad de flores y de paz que ya no existe”, afirmó por ejemplo en una entrevista a La Sexta la ministra de Defensa, Margarita Robles, en clara referencia a sus socios de Gobierno.

En qué se empleará ese posible incremento es otra de las claves. “Lo más fácil será comprar material nuevo, y una vez más, el que sale ganando es Estados Unidos que es el principal suministrador de Europa”, apunta Jesús Núñez, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), quien echa en falta un debate sobre qué intereses y qué amenazas reales tiene nuestro país y de acuerdo a ese diagnóstico determinar cuánto y en qué debe ser destinado el gasto en defensa.

Parece lógico que las siguientes compras en el club de la OTAN serán para reponer la munición y los dispositivos que se han donado a Ucrania para su resistencia ante Rusia. Fuentes de Defensa aseguraron a la agencia EFE que España tendrá que gastar más en “preparar y adiestrar a sus militares para tener más efectivos disponibles” a raíz de la decisión de la OTAN de pasar de 40.000 a 300.000 los soldados de “alta disponibilidad”. Para Alberto Estévez, analista en comercio de armas, el grueso del gasto se destinará a grandes planes de armamento para renovar la flota de submarinos, tanques, y aviones Eurofighter. “Será repetir lo que se hizo en los 90 y que aún estamos pagando hoy”.

Por su parte, Jordi Calvé, coordinador del Centro Delas, cree que la mayor parte del gasto responderá “no tanto a una lógica de defensa como de control militar global”, en especial para garantizar la presencia en la zona del Pacífico y en todas las rutas de suministro de materias primas y energía. Según este investigador, el tipo de gasto militar sigue muy condicionado por la oferta de la industria armamentística que ya tiene nuevos tipos de buques, aviones y sistemas que vender. Al mismo tiempo, señala que el gasto militar en España no sólo viene del presupuesto del Ministerio de Defensa, ya que hay partidas en otros como el de Industria o Exteriores, que harían llegar el porcentaje real de ese gasto a una horquilla entre el 1,6 y el 1,9% del PIB.

¿Así estaremos más seguros?

Los países de la OTAN han justificado el incremento del gasto ante las amenazas crecientes que suponen Rusia y China. Pedro Sánchez apuntaba en el 40 aniversario de la Alianza Atlántica que la invasión a Ucrania había “abierto los ojos” a las sociedades de España y Europa de que “necesitan imperiosamente la seguridad” para seguir disfrutando de democracia y prosperidad.

En 2021, aún en plena pandemia y antes del conflicto en Ucrania, el gasto militar global ya suponía un récord histórico, superando por primera vez los 2 billones de dólares. ¿Un mayor gasto hará que estemos más seguros? Estévez subraya que aunque cuesta mucho romper con esa inercia de pensamiento “un mayor rearme no significan más seguridad”, y apunta como ejemplo a regiones como el Sahel o Centroamérica con mucha presencia militar pero donde la población está desprotegida.

Por el contrario, ante la misma cuestión, Núñez apunta que “en principio cabría responder que sí”, pero inmediatamente después puntualiza que ante amenazas como el terrorismo no sirve únicamente una respuesta militar, por lo que “no necesariamente un mayor gasto de defensa da más de seguridad si no se atienden también las causas estructurales [de la inseguridad]”.

Mientras que para el investigador del Centro Delás, este rearme “no cambiará mucho, sino que “reforzará una situación existente” de control militar protagonizado por Estados Unidos. Según sus cálculos, el gasto militar de los miembros de la OTAN y algunos de sus aliados como Japón o Corea del Sur ya supone más del 80% del total. Según Calvé, la Unión Europea ha optado por mantener su seguridad subordinada a los intereses de Estados Unidos, lo cual sí resultará perjudicial a largo plazo, ya que las necesidades de Europa y Rusia tienen muchos puntos en común. “Esta decisión supondrá más inseguridad energética, alimentaria, de suministros y económica”.

En abril de 2021, antes de todos estos incrementos previstos, la ONG Oxfam Intermón calculaba que la suma que el conjunto de países se gastaba en presupuesto militar en poco más de un día, 5.000 millones de euros, era la cifra que pedía la ONU para atender los casos de hambruna más graves en todo el mundo.