POLÍTICA
24/04/2021 09:53 CEST

Punto de inflexión: Vox dinamita la campaña del 4-M

Los posibles socios del PP buscan votos con carteles racistas y no condenando las amenazas a Iglesias .

EFE
Ortega Smith, Abascal y Monasterio

“Pablo Iglesias Turrión, has dejado morir a nuestros padres y abuelos. Tu mujer, tus padres y tú estáis sentenciados a la pena capital. Tu tiempo se agota”. Una carta con este mensaje se recibió en el Ministerio del Interior, dentro había cuatro balas de fusil. También había misivas para Fernando Grande-Marlaska y para la directora de la Guardia Civil, María Gámez.

Y unas horas después, la candidata de Vox, Rocío Monasterio, se despachaba así: “De Iglesias me creo poco y del Gobierno, nada”. Esto ha provocado un terremoto en la campaña madrileña, que se ha visto sacudida también al traspasar Vox varias líneas rojas. El líder de UP le pedía que condenara lo que había pasado en el debate de la SER, ella se negaba y hacía alusiones genéricas. “Lárguese”, le decía. Y lo hizo Iglesias, que abandonó el ‘cara a cara’, como harían más tarde Ángel Gabilondo y Mónica García.

Un punto de inflexión total en la campaña, en la que UP y Más Madrid se niegan a verse más con la ultraderecha en los platós. Con consecuencias ya directas: La Sexta y RTVE han cancelado sus debates previstos para la semana que viene. Una campaña en la que ya se pone en juego el propio concepto de democracia, de respeto y de la actitud de Vox ante la violencia. 

Vox se ha convertido en el único posible aliado de Ayuso, una situación que nunca se aceptaría en países como Alemania o Francia

La extrema derecha ya había subido el tono a niveles insospechados hace apenas unos días con el cartel colocado en la estación de Cercanías de la Puerta del Sol con tintes xenófobos y en el que se criminaliza a los mejores extranjeros no acompañados. La Fiscalía pidió incluso su retirada, pero un juez ha permitido que siga expuesto. Todo esto ha creado un clima irrespirable, que impregna toda la política y que dibuja un panorama cada vez más polarizado y agresivo.

Además, Vox es el potencial compañero de baile de Isabel Díaz Ayuso, que durante todos estos días habla de introducir en su gobierno figuras transversales y que vayan más allá de los partidos -lo que se ha interpretado como gente cercana a Vox y Cs-. El PP, según las encuestas, se ha engullido casi por completo a Cs -que no entraría en la Asamblea al no llegar al cinco por ciento-. Esto dibuja un panorama de una amplísima mayoría para la actual presidenta, pero condicionada por la ultraderecha -el único partido con el que está dispuesto a pactar-.

No ha rechazado nunca un acuerdo con ellos y, además, Ayuso se niega a llamarles ultraderecha (parte de su éxito se basaría en recoger votos de los de Abascal por su parecido discurso trumpista). Los populares llevan ya años pactando con la extrema derecha (como en Andalucía, Madrid y Murcia), algo que sería impensable para otros colegas suyos en Europa como Angela Merkel.

Y es que en estas elecciones se podría cruzar una línea que hasta ahora no sha visto: un Gobierno entre el PP y Vox. Ayuso habla de mayoría absoluta, pero ningún sondeo le da eso. En la encuesta flash del CIS conocida este jueves se apuntaba a la victoria del PP, pero daba margen a la izquierda para poder gobernar sumando los votos de PSOE, Más País y Unidas Podemos.

Una de las claves está en los indecisos: casi un 20 por ciento de madrileños no sabe qué papeleta coger el próximo 4 de mayo. Y el otro gran factor que determinará el resultado es la participación, la izquierda necesita movilizar al voto progresista (la derecha está en niveles muy altos ya según las encuestas) para tener posibilidades. Según el CIS, el 80% de los madrileños dice que irá con “toda seguridad” a las urnas, lo que serían niveles récord. No obstante, las formaciones de izquierdas temen el efecto de que los comicios sean un martes.

En los siguientes días será esencial lo que haga el Partido Popular y la actitud que tomen sus dirigentes ante el escenario de un pacto con Vox. En un primer momento, a través de un tuit del PP de Madrid se decía: “Iglesias, cierra al salir”. Una provocación más, que tuvo que ser borrada posteriormente. Un juego a medias hacía el alcalde de Madrid, José Luis-Martínez Almedia, condenando pero luego hablando del “cinismo” de Iglesias. Más rotundo y “sin matices” era Pablo Casado en su condena. Isabel Díaz Ayuso ha sido la que hablaba más tarde el viernes y se distanciaba de Vox: “Sin ninguna duda condeno cualquier amenaza”. ¿Será capaz de pactar luego con la ultraderecha? Después del 4-M se revelará.

Hoy por hoy, el aire es irrespirable en Madrid.

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