Diez cosas que no sabías de Groenlandia, el nuevo objetivo de Donald Trump
La isla más grande del mundo oculta bajo su superficie una fortuna con forma de petróleo y tierras raras, esos minerales que ahora mueven el mundo.

La historia siempre es caprichosa. Que se lo digan si no a los habitantes de Groenlandia, cuyo nombre surgió, en realidad, de una suerte de operación publicitaria. Dice la tradición nórdica que la denominación se la puso un vikingo, Erik el Rojo, quien exiliado primero desde Noruega y después desde Islandia por una serie de crímenes, llegó a la isla más grande del mundo por aquello de hacerse un nombre en su destierro. Erik el Rojo quería descubrir y conquistar la tierra que unos años antes, allá por el 700, había avistado un navegante a la deriva, Gunnbjörn Úlf-Krakuson.
Una vez allí, decidió nombrarla Groenlandia (tierra verde). La llamó así, cuenta la tradición, "pensando que las gentes estarían muy deseosas de ir allí si el país tenía un bello nombre". Erik el Rojo sabía que sería más fácil colonizar el país si se vendía la idea de una tierra rica. Mejor eso que hacer hincapié en que la mayor parte del terreno era helado e inhabitable.
Claro que entonces Erik el Rojo desconocía que bajo esos inmensos bloques de hielo se ocultaba una fortuna. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) estimó en 2019 que Groenlandia oculta "aproximadamente una media de 31.400 millones de barriles equivalentes de petróleo, gas natural y líquidos de gas natural". Y no solo eso. El país cuenta también con un buen depósito de tierras raras, como se conoce a ese grupo de elementos químicos esenciales para el desarrollo de tecnología. Aquí os dejamos diez claves para conocer Groenlandia, ahora nuevo objetivo de Donald Trump.
1. La isla más grande del mundo
Con un área de más de dos millones de kilómetros cuadrados, Groenlandia es la isla más grande del mundo y, sin embargo, la población es de poco más de 55.000 personas y la inmensa mayoría vive en su capital, Nuuk. El 80% del territorio groenlandés está cubierto por hielo y es inhabitable. A pesar de ser rica en recursos, la economía del país se basa principalmente en la pesca y las subvenciones anuales danesas.
2. Control del Reino de Dinamarca
Colonia danesa desde 1700, Groenlandia fue incluida en la categoría de "territorios no autónomos" por Naciones Unidas tras la creación de este organismo internacional en 1945, lo que obligaba a Dinamarca a rendir cuentas. Tras una votación en la que no participaron los propios groenlandeses, Groenlandia se convirtió de manera oficial en una región danesa en 1953. De este modo, Dinamarca se libraba de tener que participar en los procesos de descolonización de la época. Pese a la ausencia de opinión groenlandesa, según Lars-Emil Johansen, exprimer ministro de Groenlandia y uno de los padres del movimiento independentista isleño, es probable que hasta ellos hubieran votado a favor de formar parte de Dinamarca, ya que entonces pensaban que eso les situaría en el estatus social y económico de los daneses. Pero no fue así.
Según Naciones Unidas, "la desigual relación de poder entre daneses y groenlandeses pronto fue objeto de escrutinio". "Los salarios en Groenlandia eran mucho más bajos que en Dinamarca debido a los diferentes niveles de productividad entre la isla y la Dinamarca europea, según las autoridades danesas. Sin embargo, los funcionarios daneses destinados en Groenlandia seguían recibiendo salarios daneses, mientras que sus homólogos locales cobraban según los estándares groenlandeses con la introducción de un criterio de lugar de nacimiento. Esto se convirtió en una importante fuente de descontento para los groenlandeses con estudios en la década de los 1960 y alimentó la primera ola de nacionalismo groenlandés, que se centraba en la obtención de la igualdad dentro del Reino de Dinamarca", explican desde UNRIC (ONU).
3. Autogobierno y Territorio Autónomo
En noviembre de 2008, y tras años de reivindicación y lucha, los groenlandeses pudieron votar en un referéndum para decidir si querían un nuevo estatuto de autonomía. Más del 75% votó que sí. De ese modo, desde 2009 Groenlandia es lo que se conoce como un territorio autónomo del Reino de Dinamarca.
Aunque siga estando bajo la tutela danesa, los groenlandeses tienen el control sobre sus recursos y también el derecho legal a proclamar su independencia de Dinamarca, algo que desea la mayor parte de la población. Pero no es tan sencillo. Gran parte de su economía depende todavía de las subvenciones danesas.
4. El brutalismo danés sobre Groenlandia
Por mucho que los groenlandeses denuncien las intentonas colonizadoras de Donald Trump, eso no significa que quieran seguir bajo el control danés. Desde Dinamarca han tratado de vender la idea de que su imperialismo colonial era más atento y benévolo que el de otros países del mundo, pero no es más que propaganda. Las autoridades danesas siempre han visto a los groenlandeses como personas de segunda.
En 2024 se supo que Dinamarca había estado colocando el DIU sin su consentimiento ni conocimiento a muchas mujeres groenlandesas con el objetivo de reducir la población de la isla. Según The Guardian, casi 150 mujeres groenlandesas han demandado al Estado danés por violación de derechos humanos. "Se cree que 4.500 mujeres y niñas se vieron afectadas entre 1966 y 1970", cuenta el periódico.
Años antes de aquello, en 1951, Dinamarca realizó también un brutal experimento, que consistió en capturar a más de 20 niños inuit (groenlandeses) para ser reeducados en la cultura y la tradición danesas. En 2022, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, pidió perdón por aquello a los pocos que quedaban vivos.
5. Las sombras de Groenlandia
En Groenlandia apenas hay personas que no conozcan a alguien que se haya suicidado. La isla tiene una de las tasas más altas del mundo, también de alcoholismo. Mientras hay quien trata de reducirlo al aislamiento de la región o al clima extremo, desde hace un tiempo se ha roto el tabú de los efectos del colonialismo danés.
El año pasado, en el diario El Mundo entrevistaron a la escritora groenlandesa Niviaq Korneliussen, quien se alzó con el Premio del Consejo Nórdico por una novela que aborda desde otra perspectiva los suicidios en la isla, 'El valle de las flores'. "Más allá del aislamiento geográfico y del clima, mi pueblo arrastra historias muy complejas", relató.
"Por ejemplo, en los años 60 y 70 Dinamarca implementó el llamado Spiraljampagnen ('campaña de la espiral'), que esterilizó a más de 4.500 mujeres. En esa época también se produjo una industrialización forzosa que arrancó a la gente de sus vidas tradicionales y sus hogares para trabajar en las fábricas de las ciudades. Si nos fijamos en las estadísticas, no hubo suicidio hasta los años 50, pero desde entonces fue en aumento de forma brutal", prosiguió la autora groenlandesa.
Según Korneliussen, la descolonización total y la independencia real del pueblo groenlandés son claves para poner fin a esta epidemia: "Incluso yo, que tengo 35 años, crecí pensando que los daneses eran mejores que yo. Realmente queríamos tener la piel clara, ser delgados, tener los ojos azules y el pelo rubio. En Dinamarca hay multitud de chistes sobre nuestro alcoholismo, nuestra idiotez y nuestra violencia. Aunque, por fin, hoy en día estamos en camino de descolonizar nuestros elementos sociales, desde la sanidad a la educación y la política, creadas y dominadas por daneses hasta hace poco sin tener en cuenta nuestra idiosincrasia y conveniencia, y también lo más importantes, nuestras mentes, para encontrar una identidad, un modo de vida, que no sea conflictivo, especialmente para los jóvenes".
6. La posición geoestratégica y el deshielo del Ártico
Además de los recursos de los que dispone Groenlandia, su posición geográfica es cada vez más estratégica para las grandes potencias mundiales, ya sea Estados Unidos, Rusia o China. La catástrofe medioambiental que supone el deshielo del Ártico supone una oportunidad de negocio para los que solo piensan en el verde de los billetes. El deshielo permite la apertura de nuevas rutas comerciales que ahorrarían costes y tiempo que conllevan otros trayectos por Suez y Panamá.
Un estudio reciente del Instituto Español de Estudios Estratégicos concluyó que el Ártico ha pasado "de ser una región secundaria y sin peso geoestratégico a una región de especial relevancia donde las potencias actuales se juegan parte de su influencia y estatus futuro". El "progresivo y rápido calentamiento que pone en peligro este ecosistema tan fundamental para nuestra supervivencia [...] ofrece diferentes oportunidades, como minería, pesca, turismo, rutas marítimas...", asegura el informe.
7. El interés de Estados Unidos
Aunque ya ha quedado claro el porqué del interés estadounidense en Groenlandia, lo cierto es que este no es nuevo. En 1867, cuando EEUU compró Alaska al Imperio ruso, se habló de la oportunidad que ofrecería la adquisición de Groenlandia, una idea que reapareció con mayor o menor intensidad a lo largo de los años. En 1946, el expresidente Harry S. Truman ofreció a Dinamarca 100 millones dólares para comprar Groenlandia. Entonces, terminada la Segunda Guerra Mundial, el interés era más bien militar.
Aunque Dinamarca se negó a vender la isla, pocos años después, en 1950, permitió que Estados Unidos estableciera una base militar en Groenlandia que pudiera adelantarse al envío de misiles soviéticos. La entonces Base John Thule, ahora Base Pituffik, es la instalación militar más al norte que tiene Estados Unidos en el mundo.
8. China
Aunque las bravuconadas del presidente Donald Trump acostumbran a llevarse los titulares, su país no es el único interesado en Groenlandia. China, por ejemplo, también considera la isla un punto geoestratégico clave, aunque nunca han llegado al punto de abogar por su compra, menos aún por su conquista a través de la fuerza militar.
La forma en la que China quiere entrar en Groenlandia es, como en otras partes del mundo, a través del apoyo económico. En 2018, Dinamarca impidió, por ejemplo, que el Gobierno chino financiase la construcción de aeropuertos en la isla.
9. El termómetro del mundo
Además de ser ahora el termómetro de las disputas imperialistas en el mundo, a Groenlandia se la considera también el termómetro del mundo en cuanto a los riesgos que conlleva el cambio climático. Según estudios científicos, la isla pierde 30 millones de toneladas de hielo por hora y, mientras muchos piensan en las rutas comerciales que podrán abrirse gracias a ello, no es una gran noticia para nadie.
Según la organización ecologista Greenpeace, el deshielo provocará "que los episodios meteorológicos extremos sean más comunes en el futuro, habrá más probabilidad de sufrir olas de calor, inundaciones y tormentas muy intensas". Lo que ocurre en el Ártico, defiende Greenpeace, "no se queda en el Ártico".
10. Un par de curiosidades
En muchas zonas de Groenlandia es más fácil encontrarse con un oso polar que con otra persona, aunque tampoco estos escapan a las consecuencias del deshielo. Aunque hace poco se descubrió una población de osos polares que no necesitan el hielo marino para sobrevivir, el cambio climático amenaza su existencia.
El cambio climático también pone en riesgo una tradición inuit, la del transporte mediante trineos impulsados por perros groenlandeses, una de las razas más antiguas del mundo y, por desgracia, también en peligro de extinción.
