EEUU ha disparado 11.294 misiles en 16 días de guerra con Irán y la factura para reponer el arsenal ya alcanza los 50.000 millones de dólares: China controla el 80% del tungsteno necesario
Cada uno de sus interceptores puede costar hasta 15 millones de dólares.
La intensidad del conflicto con Irán empieza a pasar factura al arsenal estadounidense. Según un análisis publicado por el think tank británico Royal United Services Institute, las reservas de algunos de los sistemas de defensa y ataque más avanzados de Estados Unidos podrían agotarse en cuestión de semanas si se mantiene el actual ritmo de combate.
El informe, elaborado por los analistas MacDonald Amoah, Morgan D. Bazilian y el teniente coronel Jahara Matisek, traza un escenario preocupante: los interceptores del sistema antimisiles THAAD podrían agotarse en torno al 17 de abril, mientras que las reservas de misiles tácticos ATACMS y PrSM lo harían incluso antes, hacia el 12 de abril.
Un desgaste acelerado
El problema no es solo la sofisticación de estos sistemas, sino la velocidad a la que se están utilizando. En los primeros 16 días de guerra, Estados Unidos y sus aliados en Oriente Medio han empleado más de 11.000 municiones. De ellas, cerca de 5.000 se dispararon únicamente en los primeros cuatro días del conflicto.
Ese ritmo de consumo responde a la naturaleza del enfrentamiento. Irán ha combinado ataques con drones y misiles, obligando a desplegar sistemas defensivos complejos. Y neutralizar cada amenaza no siempre es eficiente: en algunos casos, interceptar un solo proyectil puede requerir múltiples misiles.
Los analistas advierten de que esta dinámica es difícilmente sostenible. A medida que se degradan radares y sistemas de detección —al menos una docena han sido dañados, según el informe—, la eficacia de la defensa disminuye, lo que obliga a emplear aún más interceptores por cada amenaza.
Sistemas clave en riesgo
El sistema THAAD (Terminal High Altitude Area Defense) es uno de los pilares de la defensa antimisiles estadounidense. Diseñado para interceptar misiles balísticos dentro de la atmósfera, cada uno de sus interceptores puede costar hasta 15 millones de dólares. Actualmente, Estados Unidos mantiene entre dos y tres baterías desplegadas en Oriente Medio.
Por su parte, los misiles ATACMS y su sucesor, el PrSM, son armas de ataque terrestre de alta precisión capaces de alcanzar objetivos a más de 300 kilómetros. El PrSM, además, es una de las apuestas recientes del Pentágono y ha sido utilizado por primera vez en este conflicto.
Sin embargo, la capacidad de producción no acompaña al ritmo de uso. Según datos del Departamento de Defensa, Estados Unidos ha fabricado poco más de 300 misiles PrSM en los últimos dos años, con algo más de un centenar adicional previsto para este año.
El impacto va más allá de Irán
El informe no solo alerta sobre el frente actual. El verdadero riesgo, subrayan los analistas, es estratégico. El agotamiento de estas reservas podría comprometer la capacidad de disuasión de Estados Unidos en otros escenarios clave, como el Indo-Pacífico.
Además, la reposición de este armamento no es inmediata. Como ejemplo, el análisis estima que reemplazar más de 500 misiles Tomahawk utilizados en el conflicto podría llevar al menos cinco años.
A esto se suma un problema estructural: la dependencia de materias primas críticas. La reposición de munición —incluidas unas 500.000 rondas de 20 mm utilizadas en sistemas antiaéreos— requiere grandes cantidades de tungsteno, un metal del que China controla más del 80% del suministro global.
Más riesgo, menos margen
Aunque los ataques iraníes han disminuido en intensidad tras los primeros días —con caídas del 86% en misiles balísticos y del 73% en drones, según datos militares estadounidenses—, la presión sobre los sistemas defensivos sigue siendo elevada.
Los analistas concluyen que la coalición liderada por Estados Unidos puede seguir combatiendo, pero a costa de asumir mayores riesgos: menos capacidad de interceptación, mayor exposición de infraestructuras críticas y una reducción del margen de maniobra global.
En ese contexto, recomiendan reforzar urgentemente la base industrial de defensa y apostar por un “escudo híbrido” que combine sistemas más baratos con tecnologías avanzadas. La clave, señalan, ya no es solo dominar el campo de batalla, sino garantizar la capacidad de reabastecimiento.