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El avión del Kremlin tiene que irse hasta Egipto para llegar a Suiza: la ruta imposible de los negociadores rusos

El avión del Kremlin tiene que irse hasta Egipto para llegar a Suiza: la ruta imposible de los negociadores rusos

Para muchos, el trayecto realizado por el avión ilustra a la perfección la situación actual de Moscú y la inestabilidad que existe actualmente.

Avión Ilyushin de Rusia
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A simple vista, la mañana del martes era una más en el aeropuerto internacional de Ginebra. Aviones de corto radio, ejecutivos que regresan de Londres, turistas rumbo a los Alpes. Sin embargo, en el panel de llegadas destacaba un origen poco habitual en Europa occidental desde 2022: Moscú-Vnúkovo.

Poco antes de la medianoche del lunes, un Ilyushin Il-96 perteneciente al escuadrón especial de vuelo del Kremlin despegó rumbo a Suiza. A bordo, la delegación rusa que debía participar en una nueva ronda de conversaciones con Ucrania, esta vez con mediación estadounidense. El destino era Ginebra, pero el trayecto distó mucho de ser directo.

Un viaje lleno de curvas

En tiempos normales, la ruta más corta entre Moscú y Suiza cruzaría Bielorrusia, Polonia y Alemania antes de enfilar hacia el espacio aéreo helvético. Pero la guerra ha convertido el cielo europeo en un tablero diplomático.

Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, numerosos países europeos cerraron su espacio aéreo a aeronaves rusas, especialmente aquellas vinculadas al Estado. Polonia ha sido particularmente firme. Tras incidentes recientes con drones y cazas rusos cerca de su espacio aéreo, Varsovia reiteró que no autorizará el sobrevuelo de vuelos oficiales procedentes de Moscú.

El resultado fue un rodeo de miles de kilómetros.

El avión -matrícula RA-96018- tomó primero rumbo sur desde Moscú, atravesando Turquía, miembro de la OTAN pero que mantiene una posición más ambivalente respecto a Rusia. Desde allí continuó hacia el Mediterráneo oriental, bordeando la costa de Egipto.

Solo después giró hacia el noroeste en dirección a Italia. Recorrió prácticamente toda la península italiana antes de aproximarse a la frontera suiza a la altura de Bellinzona. El trayecto, en términos geográficos, fue una parábola que evitó cuidadosamente varios espacios aéreos europeos cerrados a Rusia.

Sobre los Alpes antes de aterrizar

Una vez en espacio suizo, el Il-96 no descendió de inmediato hacia Ginebra. Siguió el valle de Leventina, atravesó el corazón alpino y viró hacia el oeste. Sobrevoló zonas próximas a los lagos de Brienz y Thun antes de enfilar el lago Lemán. A las 6:47 de la mañana, tras cruzar brevemente espacio aéreo francés, el aparato aterrizó en la pista 22 del Aeropuerto Internacional de Ginebra.

El vuelo operaba bajo el indicativo RSD150, habitual del escuadrón especial que transporta a altos cargos del Estado ruso. Este mismo modelo, el Ilyushin Il-96, es utilizado en ocasiones por el propio presidente ruso en desplazamientos oficiales.

Diplomacia en tiempos de cielos cerrados

La escena aérea refleja el momento político. Las delegaciones de Rusia y Ucrania se reúnen en Ginebra tras dos rondas previas en Abu Dabi que no lograron avances sustanciales. Washington presiona para acelerar un marco de negociación, mientras Moscú insiste en que el eje central debe ser el territorio ocupado.

El simple hecho de que un avión oficial ruso tenga que describir una ruta que pasa por Turquía, Egipto e Italia para llegar a Suiza ilustra el grado de aislamiento aéreo impuesto a Moscú en Europa.

La guerra no solo se libra en el frente o en las mesas de negociación. También se manifiesta en los corredores aéreos:

  • Espacios cerrados por razones políticas y de seguridad
  • Permisos diplomáticos gestionados caso por caso
  • Rutas más largas, costosas y complejas
  • En el mapa, el trayecto parece un capricho cartográfico. En realidad, es el reflejo de una arquitectura internacional fracturada

Mientras en las salas de conferencias ginebrinas se discuten líneas de alto el fuego y posibles concesiones territoriales, el viaje del Il-96 deja una imagen simbólica: incluso para hablar de paz, el Kremlin debe dar un rodeo.