Gita, economista de Harvard, dicta sentencia sobre el fin de Occidente: "Estados Unidos y Europa ya no están en el mismo bando"
La situación se vislumbra oscura para todo Occidente, aunque por primera vez en décadas, la fractura social y política entre Washington y Bruselas parece más evidente y grave que nunca. En cualquier caso, la situación de EEUU no es nada halagüeña, con numerosos frentes abiertos y problemas aparentemente irresolubles: deuda, inflación y una apuesta total por la IA.
La economía estadounidense ofrece una imagen envidiable: crecimiento sólido, inflación a la baja y mercados bursátiles en máximos. El propio Donald Trump no pierde ocasión de presumir de ello. Y no le falta parte de razón. Pero, bajo esa superficie optimista, se acumulan desequilibrios que podrían desembocar en una corrección de gran calado, advierte Gita Gopinath, una de las economistas más influyentes del mundo. La pregunta ya no es si todo va bien hoy, sino cuánto puede durar.
Estados Unidos entra en 2026 con varios motores encendidos al mismo tiempo. La inteligencia artificial se ha convertido en el gran catalizador del crecimiento, acompañada de inversiones masivas en centros de datos y nuevas infraestructuras digitales. A eso se suma el efecto riqueza: la subida de las acciones mejora la situación financiera de muchos hogares y alimenta el consumo.
Además, hay más estímulos en camino. En los próximos meses entrarán en vigor nuevas rebajas fiscales y se espera que los tipos de interés empiecen a bajar. Todo ello está compensando, al menos de momento, el impacto negativo de los aranceles a la importación.
Pero este equilibrio es frágil. La factura oculta de los aranceles. No todo es tan positivo como sugieren los titulares. Los aranceles impuestos en los últimos años han tenido un coste claro:
- Han elevado la inflación entre medio punto y un punto porcentual
- Muchas empresas absorbieron ese sobrecoste, reduciendo márgenes
- El mercado laboral empieza a perder fuerza
- La creación de empleo se está desacelerando
El resultado es una economía que seguirá creciendo, sí, pero rodeada de riesgos cada vez más visibles.
La burbuja de la IA y el miedo a los 35 billones
Uno de esos riesgos tiene nombre propio: inteligencia artificial. Durante meses, los mercados han descontado enormes ganancias de productividad futuras. El problema, señala Gopinath, es que muchos inversores han confundido ese potencial con valoraciones bursátiles justificadas.
Ahora empiezan a pesar los costes reales de la IA, especialmente los ligados a centros de datos y consumo energético. Si las expectativas se corrigen bruscamente, el golpe podría ser histórico:
- Hasta 20 billones de dólares en activos podrían evaporarse en EEUU.
- Otros 15 billones estarían en riesgo en el resto del mundo
- Total: 35 billones de dólares, más que en la crisis de las puntocom
El precedente de Deepseek, una empresa china capaz de desarrollar IA a costes mucho más bajos, fue una primera señal de alerta. El mercado la digirió rápido, pero una segunda sacudida similar podría no ser tan fácil de absorber.
Un accidente peor que el de las puntocom
Según Gopinath, una corrección fuerte hoy sería más dañina que la de principios de los 2000. ¿La razón? Nunca antes tanto dinero global había estado invertido en acciones estadounidenses. Y los detonantes no se limitan a la tecnología, sino que también se ven reflejados por el repunte de la inflación, la subida de tipos de la Reserva Federal, las graves dificultades para financiar la enorme deuda pública y el aumento del rendimiento de los bonos a largo plazo.
Bancos centrales bajo presión política
A todo ello se suma una amenaza institucional: la independencia de los bancos centrales. La presión directa del presidente estadounidense sobre la Reserva Federal —incluidas amenazas legales a su presidente y ataques a otros miembros— envía una señal inquietante.
Aunque el Tribunal Supremo podría frenar algunos intentos, el simple hecho de que los banqueros centrales sientan al poder político en su contra ya es un problema. En un mundo con niveles de deuda récord y balances inflados, su margen de maniobra es cada vez menor.
Europa logró atraer capital en 2025 gracias a valoraciones más bajas y mejores rendimientos bursátiles. Pero esa ventaja se ha ido agotando. Para justificar los precios actuales, las empresas europeas necesitan aumentar beneficios, y ahí surge un obstáculo clave: el continente no está liderando la revolución de la IA.
Para revertirlo, Gopinath es clara: menos burocracia, más desregulación y políticas activas de innovación. Además, sería muy positivo tomar decisiones como frenar acuerdos comerciales estratégicos van justo en la dirección contraria.
Más allá de la economía, el diagnóstico es geopolítico. El viejo Occidente ya no actúa como un bloque. Estados Unidos y Europa divergen, y otros actores empiezan a ocupar espacios vacíos. La reacción de los mercados ante tensiones comerciales o amenazas territoriales demuestra que el orden mundial está en transición. La gran incógnita es quién defenderá ahora un sistema basado en reglas.
El riesgo final: la fractura social
Para Gopinath, el problema más profundo va más allá de Trump o de los mercados. La polarización social, la presión migratoria, el declive de muchas ciudades y el impacto de la IA sobre la clase media están empujando a las sociedades hacia los extremos.
Y ahí está el verdadero peligro: una economía que crece, pero deja a demasiada gente atrás. Porque cuando el centro se vacía, cualquier sacudida —financiera o política— puede tener consecuencias mucho más graves.