Los 10 momentos más surrealistas del primer año de legislatura de Trump: bailes, apretones de mano y desprecios a periodistas
El presidente estadounidense ha protagonizado todo tipo de situaciones; algunos verdaderamente bochornosas y otras que, simplemente se podrían resumir como propias de The Office.

Donald Trump siempre ha entendido la política como un espectáculo, pero en este nuevo tramo de su legislatura ha llevado esa lógica a un terreno aún más extraño: el del surrealismo institucional. Ya no se trata solo de declaraciones incendiarias o decisiones polémicas, sino de una sucesión constante de escenas incómodas, gestos fuera de lugar y comentarios que parecen sacados de una comedia absurda… si no fuera porque ocurren en la Casa Blanca, en cumbres internacionales o ante conflictos reales.
En un mundo marcado por guerras abiertas, crisis humanitarias y tensiones geopolíticas crecientes, Trump ha logrado algo insólito: convertirse a sí mismo en el principal foco de distracción. Apretones de manos eternos, bailes inexplicables, insultos a periodistas, fantasías urbanísticas creadas con inteligencia artificial o comentarios diplomáticos que dejan heladas a las delegaciones extranjeras.
Estos son algunos de los momentos más surrealistas del Trump presidente, una recopilación que ayuda a entender por qué el bochorno ha dejado de ser un efecto colateral para convertirse casi en una forma de gobierno.
El apretón de manos infinito con Pedro Sánchez
13 de octubre de 2025. Cumbre por la paz en Gaza celebrada en Egipto. Trump y Sánchez se encuentran por primera vez cara a cara desde que el presidente del Gobierno se negara públicamente a incrementar el presupuesto de Defensa de la OTAN al 5% del PIB.
En este contexto y teniendo en cuenta la peculiar relación que Trump siempre ha tenido con los apretones de manos, la escena no fue todo un show. En su encuentro individual con Pedro Sánchez -que apenas duró unos segundos- Trump elevó el gesto a prácticamente una performance. El presidente estadounidense no solo alargó el saludo más de lo habitual, sino que tiró del brazo del presidente español, lo retuvo y lo obligó a mantener la pose durante varios segundos que se hicieron eternos.
Las imágenes mostraban a un Sánchez visiblemente incómodo, intentando soltarse sin romper la diplomacia, mientras Trump parecía disfrutar del control físico de la escena. El vídeo se viralizó de inmediato como ejemplo de cómo Trump utiliza incluso los rituales más básicos de la política internacional como demostraciones de poder personal.
Trump de canguro: paseando al hijo de Elon Musk
Si algo ha marcado el primer año de la legislatura de Trump al frente del gobierno estadounidense, eso ha sido su particular relación con el dueño de X y Tesla, Elon Musk. El magnate y propietario de Space X ocupó un puesto de gran relevancia durante los primeros seis meses de mandato de Trump como líder del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE). Y en numerosas ocasiones, en el Despacho Oval y fuera de él se le ha podido ver con su hijo pequeño.
El pequeño ha mantenido siempre una relación particular con Trump, llegando a protagonizar una escena difícil de explicar, con Donald Trump actuando de canguro mientras paseaba de la mano del pequeño, mientras Musk dialogaba más atrás con un alto cargo del Gobierno estadounidense. Una escena que no dejó indiferente a nadie y que fue de lo más comentado durante días.
"Quiet, quiet, piggy": el desprecio a la prensa
Otra relación muy particular es la que mantiene Trump con los medio. Nunca ha sido buena, pero en esta legislatura ha dejado momentos especialmente graves. En uno de ellos, se dirigió a una reportera con un "quiet, quiet, piggy" ("calla, cerdita"), pronunciado con tono burlón y claramente humillante.
El episodio, captado en vídeo, provocó una oleada de críticas por su carga machista y despectiva. No fue un desliz: fue una muestra más de cómo Trump trata a la prensa crítica como un enemigo al que ridiculizar, no como un pilar democrático.
"¡Qué buen inglés!": la metedura de pata con el presidente de Liberia
Otra que dejó perplejo a más de uno y de dos tuvo lugar durante la reunión con varios representantes africanos, y concretamente con el presidente de Liberia. Durante el encuentro, Trump quiso hacer un cumplido al presidente liberiano, Joseph Boakai, destacando lo bien que hablaba inglés. El 'problema' es que Liberia tiene el inglés como idioma oficial, una herencia directa de su historia.
La escena dejó a la delegación entre la sorpresa y la incomodidad, mientras en redes sociales el comentario se interpretaba como una mezcla de ignorancia diplomática y condescendencia colonial. Un momento breve, pero muy revelador de la ligereza con la que Trump se mueve en contextos internacionales complejos.
Gaza como "Miami 2.0": la distopía hecha IA
Uno de los episodios más polémicos y crueles llegó cuando Trump difundió imágenes generadas con inteligencia artificial que mostraban Gaza transformada en una especie de paraíso turístico, con rascacielos, playas y lujo: un "Miami 2.0" en pleno Mediterráneo.
En medio de una crisis humanitaria devastadora y una matanza reconocida como genocidio por gran parte de la comunidad internacional, el presidente optó por una fantasía inmobiliaria que fue recibida con indignación. Para muchos, fue la prueba definitiva de su capacidad para banalizar el sufrimiento real y convertir cualquier tragedia en una oportunidad estética o de marca personal. El vídeo traspasa la línea de la desvergüenza y la deshumanización
"Di que sí, no me importa": cuando el fascismo se convierte en broma
Otro de los archienemigos de Trump durante su primer (segundo) año de legislatura ha sido el recién elegido alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, con quien el presidente del país ha tenido fuertes intercambios de pareceres, descalificaciones e insultos una comparecencia junto al alcalde de Nueva York, un periodista preguntó al edil si consideraba a Trump un fascista. Antes de que el alcalde pudiera responder, Trump se adelantó con una sonrisa: "Di que sí, no me importa."
Lejos de desmentir o matizar, Trump optó por trivializar una acusación grave, consciente de que la frase generaría titulares y clips virales. Una estrategia habitual: normalizar lo extremo convirtiéndolo en chiste.
El teleprompter que lo dejó al descubierto
Uno de los momentos más comentados fue cuando el teleprompter dejó de funcionar en mitad de un discurso durante la 80ª cumbre de la OTAN celebrada en la Asamblea General de la ONU. Trump, visiblemente descolocado, empezó a repetir frases, improvisar sin rumbo y mirar a los lados en busca de ayuda.
Sin embargo, no desaprovechó la oportunidad para mostrarse tan desafiante y amenazante como de costumbre: “No me importa dar este discurso sin teleprompter. Me gusta, porque así hablo desde el corazón. Sólo puedo decir que quien esté manejando ese teleprompter está en serios problemas”.
El episodio dejó al descubierto hasta qué punto muchos de sus discursos dependen del guion y cómo, sin él, aparece un Trump errático, inseguro y poco capaz de sostener un mensaje coherente.
Las escaleras mecánicas “saboteadas”
En la misma cumbre de la ONU, Trump tuvo otro momento par ala historia: las escaleras mecánicas eran sus enemigas. Tuvo lugar minutos antes de que fallara el telepromter, cuando tanto el presidente como la primera dama, Melania Trump, se disponían a ascender hacia la primera planta.
Y también como de costumbre, lejos de asumir una simple avería técnica, el presidente alimentó la idea de conspiración incluso en este asunto pese a tratarse de un detalle de lo más insignificante. Una escena menor, pero muy ilustrativa de su tendencia a ver enemigos en todas partes. De hecho pidió que se abriera una investigación por este incidente, algo que desató las risas y las mofas en las redes.
Para concluir, durante su discurso señaló que "la ONU ni me ha llamado para darme las gracias por haber solucionado siete conflictos. Solo me ha recibido con una escalera rota, que si la primera dama no llega a estar en buena forma y un teleprónter averiado".
Los bailes que ni Melania soporta
Los bailes de Trump se han convertido en un clásico del bochorno político: movimientos rígidos, gestos desacompasados y una energía extraña que ha dado lugar a incontables memes. El propio Trump llegó a admitir que a Melania le dan vergüenza.
Aun así, los repite. Porque sabe que cada baile es viral, y que el ridículo, en su caso, suma visibilidad.
"Muy guapa": Trump y Giorgia Meloni
Otro momento embarazoso protagonizado por Trump se produjo durante su encuentro con la presidenta italiana, Giorgia Meloni. En la reunión, Trump paró el diálogo durante la pregunta de un periodista para dirigirse a Meloni con un "no te molesta si te digo que eres hermosa, ¿verdad? Porque lo eres".
Tras esto, una Meloni un tanto incómoda esbozó una leve sonrisa aunque más por compromiso que por otra cosa. Todo ello antes de que Trump volviera a referirse a ella en estos términos. "Italia. Tenemos a una mujer muy respetada, una joven guapa".
Y finalizó su intervención reiterándose en la misma idea: "No puedo decir esto porque normalmente es el fin de tu carrera política si lo dices. Es una joven guapa. Ahora, si usas la palabra ‘guapa’ en Estados Unidos sobre una mujer, es el final de tu carrera política, pero correré ese riesgo", concluyó.
El comentario, repetido y fuera de contexto, convirtió un encuentro político en una escena incómoda, reduciendo a una líder internacional a su aspecto físico y reforzando una forma de relacionarse más propia de un plató que de una cumbre diplomática.
Cuando la política parece The Office
Por último, nos encontramos con un vídeo que parece más propio de la serie protagonizada por Michael Scott que por un presidente de los Estados Unidos. En las imágenes, que dieron la vuelta al mundo -una vez más-, Donald Trump paró una reunión de trascendencia con varios magnates del petróleo
Ocurrió en plena reunión con los petroleros, momento en el que el mandatario republicano decidió interrumpir la conversación para levantarse de la mesa y dirigirse hacia la ventana para observar las obras de su baile de salón, tal y como comentó a los asistentes. "Bueno, tengo que ver esto yo mismo", dijo mientras se levantaba. "Wow ¡Que vistas!", exclamó tras echar un vistazo a la ventana. "Esta es la puerta del bar".
El vídeo, para muchos, resume bien este mandato: silencios incómodos, frases fuera de lugar y miradas perdidas en un contexto que debería ser serio. Trump no rompe la cuarta pared. La ignora por completo.
El bochorno como método
Nada de esto es casual. Trump entiende mejor que nadie la lógica de la era viral: no importa si el momento es indignante, ridículo o preocupante; importa que se hable de él. En ese terreno, el surrealismo no es un fallo, sino una estrategia.
El problema es que, mientras el mundo enfrenta crisis reales, el presidente de Estados Unidos sigue bailando, reteniendo manos ajenas, insultando a periodistas y diseñando futuros imaginarios con inteligencia artificial. Y cada vez resulta más difícil distinguir dónde termina el espectáculo y dónde empieza la irresponsabilidad.