"Me sentía como un monstruo": soldados de Israel comparan con el Holocausto su labor en Gaza
El diario israelí 'Haaretz' publica testimonios de uniformados que "mataron" en la franja o contemplaron violaciones de derechos humanos de sus colegas. Ahora intentan lidiar con algo diferente al trastorno de estrés postraumático, más moral.
El diario Haaaretz ha publicado un artículo que destroza esa frase tan repetida por las autoridades de Israel de que el suyo es el Ejército "más moral del mundo". Uniformados que han servido en Gaza, en la ofensiva lanzada durante dos años tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, exponen con crudeza unas violaciones de derechos humanos que comparan, incluso, con el Holocausto nazi.
Hablan de un "daño moral", una herida psicológica distinta del trastorno de estrés postraumático (PTSD), marcada por culpa, vergüenza y quiebra de la identidad moral.
Uno de ellos cuenta que metieron a un civil gazatí en una jaula, lo desnudaron y un soldado orinó sobre él mientras los demás se reían. Otro, que vació su ametralladora contra un anciano con tres hijos. Cuando el comandante llegó al lugar del crimen, escupió sobre los cuerpos y los insultó llamándolos "hijos de puta". Un soldado más relata que se encontraron con un civil desarmado que tenía las manos en alto. Otro militar israelí "se acercó, esperó unos segundos y simplemente disparó, sin hacer preguntas, sin que el sospechoso hiciera nada", y luego reportó el incidente como "terrorista eliminado".
Más: un testigo describe cómo los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) "simplemente disfrutaban destruyendo" y robando las pertenencias de los palestinos asesinados. Afirmó que los soldados robaban "electrodomésticos, collares de oro, dinero en efectivo, de todo" y "lo consideraban una bendición robar a los palestinos".
Ninguno de esos soldados ha rendido cuentas, a pesar de sus confesiones públicas de sus crímenes, que está teniendo un enorme impacto en las redes sociales.
"No eran terroristas"
Leer sus palabras estremece. Por ejemplo, Yuval, exsoldado de 34 años, relata un episodio ocurrido en diciembre de 2023 en Jan Yunis. Durante una operación, su unidad mató a un anciano y a tres chicos desarmados. Solo se dio cuenta después. "Cuando llegamos, me di cuenta de que no eran terroristas… Eran un anciano y tres chicos", expone.
Describe cómo un comandante escupió sobre los cadáveres y celebró el ataque. Yuval calló. "Me sentía un monstruo. No podía soportar que me llamaran héroe". Tras la guerra cayó en una espiral de vergüenza extrema, pensamientos suicidas y aislamiento. "Tal vez, en el fondo, quiera morirme para acabar con todo".
Maya, reservista y estudiante de filosofía, cuenta cómo presenció abusos y ejecuciones de civiles palestinos, incluida la humillación de un prisionero. "Me sentí hipócrita, sucia… ¿Cómo pude quedarme ahí sin hacer nada?", dice al diario progresista. La contradicción entre su vida civil y su papel en la guerra la persigue. "Era como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde".
Llanto ante 'Los fusilamientos' de Goya
Yehuda presenció cómo un oficial mató a un palestino claramente desarmado. "Esto es asesinato, simplemente asesinato", dijo otro oficial, aunque decidieron encubrirlo. Meses después, en el Museo del Prado, un cuadro de Francisco de Goya con un hombre indefenso ante fusiles lo quebró emocionalmente (Los fusilamientos del 3 de mayo). "Me derrumbé y empecé a llorar… Estaba destrozado".
Otros soldados describen saqueos, destrucción gratuita de casas y torturas durante interrogatorios. "Si somos capaces de hacer algo tan terrible sin que nadie lo sepa, ¿qué más estamos ocultando?", se pregunta Eitan tras presenciar torturas. "No olvidas las caras de la gente a la que has matado. Se queda contigo", expone.
Ran, oficial de la Fuerza Aérea que planificaba bombardeos, admite haber aprobado ataques sabiendo que morirían decenas de civiles. "Planificábamos ataques en los que sabíamos que morirían niños, y eso ya no importaba", indica.
Tras una noche de bombardeos masivos, rompió con el ejército. "Sentí que, si continuaba, traicionaría lo poco bueno que quedaba en mí", sostiene.
"Daño moral" y silencio
Los expertos citados por este medio explican que, a diferencia del PTSD -basado en el miedo-, el "daño moral" surge al violar valores éticos fundamentales, ya sea actuando o siendo testigo pasivo. "Implica culpa, vergüenza, pérdida de sentido y de la propia humanidad", señala el profesor Yossi Levi-Belz. El regreso a la vida civil intensifica el conflicto interno.
A eso se suma que el Ministerio de Defensa israelí no reconoce oficialmente el daño moral como diagnóstico independiente y lo encuadra dentro del PTSD. El ejército evita el término y habla de "lesión de identidad". "Si reconocemos daños morales, ¿qué pasa con el eslogan del ejército más moral del mundo?", dice un oficial de salud mental.
Muchos soldados callan por miedo al estigma. "Temen que los llamen traidores, izquierdistas o débiles", directamente.
El reportaje concluye que el daño moral se extiende silenciosamente entre combatientes y reservistas. Para muchos, la pregunta persiste sin respuesta: "¿Qué nos hemos convertido? ¿En qué me he convertido yo?".