Orinar por la ventana y dormir entre chinches: así es el agujero negro donde Europa esconde a sus refugiados
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Orinar por la ventana y dormir entre chinches: así es el agujero negro donde Europa esconde a sus refugiados

Se encuentra en Bulgaria.

Un hombre detenido, en una imagen de archivoMossos / X

Caitlin L. Chandler, periodista especializada en migración de The New York Times, ha realizado durante 10 meses una investigación acerca de las condiciones de vida de los migrantes que están recluidos en el centro de detención de Busmantsi, en Hungría.

El centro, al que eufemísticamente llaman "hogar especial para extranjeros", es un antiguo cuartel militar situado a unos 11 kilómetros de Sofía, la capital del país. La vida allí es un auténtico infierno.

En el reportaje, la periodista señala que "los detenidos me contaron que se despertaban cada mañana con picaduras de chinches rosadas en brazos y piernas. Intentaron rociar los colchones sucios con productos químicos locales que prometían erradicar los insectos, pero nunca funcionó, o al menos no por mucho tiempo".

En cuanto a la alimentación, Chandler precisa que "tres veces al día, acudían a la cafetería para tomar comidas sin color. El desayuno consistía en pan blanco. Un almuerzo típico consistía en una alita de pollo y un poco de col; la cena consistía en patatas hervidas, pan y una manzana".

30 personas hacinadas en celdas sin baño

En el texto también se asegura que "30 personas están hacinadas en cada celda, que los guardias cierran a las 10 p. m. y no vuelven a abrir hasta las 7 a. m. Las habitaciones no tienen baños, así que por la noche los hombres orinan por la ventana".

Tampoco hay agua corriente, "así que quienes tienen gripe o intoxicación alimentaria vomitan en bolsas de plástico. Algunos hombres cuelgan sábanas alrededor de sus camas en un gesto de privacidad, pero en la esquina hay una cámara, con su revelador ojo rojo", se apunta en el reportaje.

De vez en cuando, a algunos de los migrantes alojados en el centro de detención se les lleva a una pequeña habitación en la que les esperan agentes de la policía búlgara y de la policía fronteriza de la Unión Europea, Frontex.

En ese sentido, Caitlin L. Chandler indica que "los agentes les dicen que pueden irse si firman un acuerdo para regresar a sus países de origen: Siria, Afganistán, Irak y otros. Si no lo hacen, serán encerrados durante un año y medio".

En cuanto a qué decisión suelen tomar los migrantes al respecto, la periodista expresa que "al principio, la mayoría se niega a firmar, pero es difícil mantener la cordura en una celda búlgara cuando no se ha cometido ningún delito, así que a veces los hombres firman y, una semana después, se han ido. Algunos, sin embargo, deciden aguantar los 18 meses completos, tras los cuales la mayoría será liberada y se le permitirá permanecer en Bulgaria".

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