Por favor, habilita JavaScript para ver los comentarios de Disqus.
Qué significa la captura de Maduro para China y Rusia: intereses y 'realpolitik' tras el shock

Qué significa la captura de Maduro para China y Rusia: intereses y 'realpolitik' tras el shock

Moscú y Pekín pierden un aliado importante en América Latina, pero por ahora sus reacciones se limitan a las palabras y no se espera que se trasladen a los hechos. Hasta pueden ver avaladas sus apuestas en Ucrania o Taiwán con este golpe. 

Vladimir Putin, Nicolás Maduro y Xi Jinping, en imágenes de archivo.
Vladimir Putin, Nicolás Maduro y Xi Jinping, en imágenes de archivo.Getty Images

Como un boxeador sonado, el mundo trata aún de reaccionar al golpe de efecto que ha supuesto la intervención ilegal de Estados Unidos en Venezuela, que ha acabado con el arresto de su presidente, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores. A la velocidad del rayo se habla ya de transiciones, de control, de inversiones y negocios, sin contar siquiera con los ciudadanos venezolanos (ni los opositores) y con cierta cooperación por parte de Delcy Rodríguez, la nueva "presidenta encargada" del país. 

En este remolino, conviene detenerse a revisar cómo han reaccionado dos de los principales socios con que contaba el hasta ahora presidente oficialista, Rusia y China, potencias que en las dos últimas décadas han dado a Caracas el apoyo financiero, diplomático y militar necesario para aguantar el embate norteamericano en forma de sanciones y aislamiento y que ahora dicen estar "consternados". 

Los dos han condenado la operación de Washington, los dos han pedido la liberación de Maduro y los dos reclaman diálogo, pero no han pasado de las palabras. Ninguno ha movido aún un dedo por su amigo, su hermano, como lo han llamado reiteradamente, y no se esperan acciones próximas. Por ahora, triunfa la prudencia y, también, la realpolitik. Están a verlas verlas venir. 

La lección global

En apariencia, el ataque relámpago a Venezuela ha causado una profunda inquietud en Moscú y Pekín. Después de todo, EEUU aparentemente acaba de cortar el principal tentáculo sudamericano del nexo global antiestadounidense que ellos conforman y lo ha hecho con una facilidad inesperada. Está claro que a ningún autócrata o totalitario le gusta ver a uno de los suyos capturado, encadenado y entregado, dejando su destino en manos de un tribunal extranjero. Demasiadas analogías, aquello de las barbas y el vecino. 

Es vieja, por ejemplo, esa anécdota que dice que el mandatario ruso, Vladimir Putin, pasó horas poniéndose los vídeos del ajusticiamiento de Muamar el Gadafi en 2011, obsesionado con correr la misma suerte (recordatorio: fue sodomizado con una bayoneta antes de morir tiroteado). 

Sin embargo, estas inquietudes pueden no ser tan profundas como algunos podrían suponer. Seguramente habrá quienes en Moscú y Pekín concluyan que la operación de Caracas es una prueba más de que Trump está más interesado en proyectar poder regionalmente que globalmente, que, "en otras palabras, es un matón de patio pero un cobarde en el centro de la escena", como resume el analista británico Adrian Blomfield en The Telegraph.

La lección global que pueden sacar estas dos naciones, por ahora, es que Trump se ha mostrado dispuesto a afirmar su dominio de forma generalizada, pero limitada: lanzando ataques aéreos esporádicos y con objetivos específicos contra afiliados del Estado Islámico en Nigeria, contra militantes hutíes en Yemen y en una operación calificada de histórica -aunque breve y de consecuencias aún por apreciar- contra el programa nuclear iraní. El republicano dice que ha logrado paz en ocho conflictos, además, pero no son paces, en realidad. Todo es así en la política exterior del magnate: espectacular pero limitado, de alto impacto y corto recorrido, efervescencia para sus votantes MAGA. 

Trump, en su primer año de mandato, ha mostrado menos interés en enfrentarse a Rusia en el tema de Ucrania y ha suscitado temores de que pueda abandonar Taiwán en busca de un gran acuerdo con China. O sea, no se ha metido en camisa de once varas contra ellos, sino contra adversarios de menor calado. Va en la línea de lo que se vio a principios de diciembre, cuando su Administración publicó su Estrategia de Seguridad Nacional, un documento que constata un cambio en la política exterior estadounidense hacia una visión del mundo basada en esferas de influencia y en el transaccionalismo, con la idea de "Estados Unidos Primero".

Si los líderes chinos y rusos concluyen que la destitución de Maduro forma parte de la implementación de una estrategia en la que EEUU se retira de un papel global en busca de la hegemonía regional, podrían sentirse envalentonados en lugar de disuadidos, con consecuencias potencialmente catastróficas para la estabilidad internacional. Los funcionarios estadounidenses, en medios como la CNN, ya se están defendiendo de esa interpretación, argumentando que sólo restableciendo su preeminencia en su propio hemisferio podrá reafirmar su dominio global. Mauricio Claver-Carone, exenviado de Trump a Latinoamérica, declaró al New York Times en noviembre: "No se puede ser la principal potencia mundial si no se es la principal potencia regional".

Nicolás Maduro, Vladimir Putin y Xi Jinping depositan justo a otros líderes flores en la Tumba del Soldado Desconocido durante el Día de la Victoria, el 9 de mayo de 2015, en Moscú (Rusia).
Nicolás Maduro, Vladimir Putin y Xi Jinping depositan justo a otros líderes flores en la Tumba del Soldado Desconocido durante el Día de la Victoria, el 9 de mayo de 2015, en Moscú (Rusia).Sasha Mordovets / Getty Images

Las motivaciones

Trump comenzó a mover tropas al mar Caribe en septiembre, y en cadena vinieron luego los ataques a lanchas de supuestos narcos (en los que han muerto un centenar de personas, sin que por el momento se hayan mostrado pruebas de su vinculación con mafias y cárteles), el cierre del espacio aéreo, el bloqueo a petroleros, la autorización a acciones de la CIA en suelo venezolano... Así, hasta la noche definitiva, la del pasado viernes al sábado.  

Ha quedado claro, pese a sus declaraciones confusas de estos meses, que siempre se trató de un cambio de régimen en el país, un objetivo defendido en algunos círculos políticos de Washington durante más de una década. Marco Rubio, el secretario de Estado, presionó durante todo un año para implementar una política de línea dura hacia Venezuela, un argumento que inicialmente encontró resistencia en Trump, más convencido en persistir en las sanciones, hasta que fue escuchado por Stephen Miller, subjefe de gabinete de Trump, que ha sido clave, a la postre. 

En este tiempo, se han ofrecido numerosas justificaciones a la operación por fases. Sin duda, Venezuela sirvió como punto de apoyo en Sudamérica para Rusia y, especialmente, China, también Irán, países del no oficial nuevo Eje del Mal, lo que les permitió a los tres expandir su influencia regional a expensas de Washington. La intensificación de la acción militar ha ofrecido una forma relativamente económica de proyectar el poder estadounidense. 

"La operación crea una oportunidad única en una generación para que Washington traduzca sus preferencias de seguridad en una realidad estratégica, al garantizar que potencias extrahemisféricas como China y Rusia queden excluidas de una influencia significativa en Caracas", escribe Alexander B. Gray, investigador de la Iniciativa GeoStrategy en el Centro Scowcroft para la Estrategia y la Seguridad del Atlantic Council, en un análisis de urgencia ofrecido por este tanque de pensamiento washingtoniano. 

Sin embargo, las motivaciones más importantes parecen haber sido las internas, más que externas. Un electorado clave del sur de Florida, un bastión republicano vital, ha exigido desde hace tiempo una acción decisiva contra Maduro, que ha apoyado al régimen izquierdista en Cuba, del que huyeron muchos floridanos de hoy. También la familia del propio Marco Rubio. Una sólida política hacia Venezuela también le ha permitido a Trump mostrarse firme en materia de narcotráfico, inmigración y seguridad nacional, todos ellos temas clave para su base. 

Habrá que ver las consecuencias que tiene su movimiento en la zona, cuando muchos temen el regreso de una era de intervención militar y golpismo estadounidense que esperaban que hubiera terminado con la Guerra Fría. En la madrugada del domingo al lunes, Trump ya le puso públicamente el nombre que los analistas estaban usando desde el verano: es la Doctrina Donroe, parafraseando la antigua Doctrina Monroe. "El hemisferio (occidental) es nuestro", dijo a la prensa.

Los negocios del triángulo Caracas-Pekín-Moscú

En el caso de China y Rusia, hablamos de amigos de Venezuela desde tiempos de Hugo Chávez, que han mantenido sus relaciones fuertes con Maduro, pese a que no, no era lo mismo. El interés más que la cercanía han aguantado los lazos. Sobre todo, entre el triángulo Caracas-Pekín-Moscú ha habido intereses comerciales y de influencia, en un intento de contrarrestar la de Washington en toda América Latina. No sólo es una apuesta por Venezuela ni, por tanto, ideológica, sino que se engloba en el plan general tanto de rusos como de chinos de tener la voz cantante en el llamado Sur Global. Por ahora, con éxito notable ante el olvido de la Casa Blanca, todo sea dicho. 

Las relaciones entre Rusia y Venezuela han sido sólidas en estos años, caracterizadas por una alianza estratégica que se ha profundizado recientemente, en áreas clave como energía, economía, defensa y salud. Moscú considera a Caracas su principal aliado comercial y militar al sur de EEUU y reconoce a Maduro como el presidente legítimo, incluso tras las elecciones del verano de 2024, consideradas fraudulentas por buena parte de la comunidad internacional. Por ejemplo, entre ambos hay un Acuerdo de Asociación Estratégica por 10 años, que entró en vigor en noviembre, mientras se han firmado 40 nuevos pactos sectoriales, incluyendo la extensión de alianzas con empresas mixtas petroleras rusas (como PetroPerijá y PetroBoquerón) y avances en la producción y exportación de gas. También se buscaba, hasta ahora, desarrollar una infraestructura financiera independiente.

La cooperación incluye la transferencia de tecnología para la producción nacional de insulina en Venezuela y protocolos en vacunas contra el cáncer, proyectados para el nuevo 2026, que a ver en qué quedan.

La balanza comercial entre ambos es consistentemente a favor de Rusia, con cifras recientes que indican un intercambio total que rondó los 1000 millones de dólares en 2024 (según la ONG Transparencia Venezuela), destacando la importación rusa de productos venezolanos como petróleo (aunque con dificultades logísticas) y la exportación rusa de maquinaria, tecnología y armamento. 

Sin embargo, aunque Putin ha reafirmado su apoyo a Venezuela frente a la presión externa y condena las acciones de EEUU, como las sanciones o el cerco militar más reciente, ha dejado claro que su apoyo es político y de solidaridad, no militar directo en caso de conflicto. En lo defensivo, el Kremlin se ha llevado un buen chasco con el arresto de Maduro, porque se supone que debía darle protección, responsable como era de los sistemas de seguridad y defensa aérea de Venezuela, han desvelado fuentes de inteligencia norteamericanas

Un envío de la Asistencia Técnica Humanitaria de China, a su llegada a Caracas, (Venezuela), el 27 de mayo de 2019, con 269 toneladas de medicamentos y equipos médicos.
Un envío de la Asistencia Técnica Humanitaria de China, a su llegada a Caracas, (Venezuela), el 27 de mayo de 2019, con 269 toneladas de medicamentos y equipos médicos.Ramses Mattey / NurPhoto via Getty Images

China, por su parte, tiene una relación aún más fuerte en tiempos recientes. Venezuela, de hecho, fue el primer país latinoamericano en establecer este nivel de asociación con el régimen, lo que indica una relación diplomática de alta prioridad. Pekín es un socio comercial importante: en 2024, el comercio bilateral alcanzó los 6.400 millones de dólares, dice la misma ONG, con una balanza comercial negativa para Venezuela, que es el país Venezuela es el país de la región que más dinero debe a Pekín, con préstamos que se han pagado principalmente con petróleo a lo largo de los años, unos 60.000 millones de dólares, equivalente al 16% del PIB nacional, según datos de Inter-American Dialogue y la Universidad de Boston. Todo un salvavidas que estaba menguando ya.

"Tras el colapso de la producción de crudo, el desplome de la economía venezolana a partir de 2014 y el endurecimiento de las sanciones, China recortó de forma drástica la financiación y la inversión directa. Desde entonces, el peso económico real de Venezuela para el país asiático ha perdido relevancia frente a otros socios regionales, como Brasil, Chile, Perú o México", ahonda el diario El País

El gigante asiático, el mayor importador de crudo del mundo, se ha consolidado desde 2019 como el principal destino de las exportaciones petroleras venezolanas, con entre el 55 y el 80%, entre 2023 y 2025, informa Reuters. A la inversa, el peso es notablemente menor: el petróleo venezolano supone un 4% aproximadamente de las importaciones totales chinas. Si no se entiende con el nuevo Gobierno de Rodríguez, ese porcentaje será fácil de encontrar en otros mercados. Quizá más caro, pero solventable. Venezuela tiene hoy el 18% de las reservas mundiales de petróleo, las mayores del planeta. 

Las eventuales consecuencias para los amigos

Así pues, la posible pérdida de acceso a la energía venezolana perjudicará a Rusia y China. Las empresas rusas tienen participaciones significativas en la economía venezolana a través de empresas conjuntas en los yacimientos petrolíferos de la Faja del Orinoco, mientras que China es el mayor acreedor del país, empezando por las firmas del sector. 

Con Trump considerando claramente la posibilidad de que EEUU reemplace a ambos países como principal socio energético de Venezuela en la era post-Maduro, sus ambiciones en América han sufrido reveses, eso es incontestable. Pero también hay ventajas, porque el resentimiento en Sudamérica y la ira en el mundo en desarrollo aún podrían jugar a favor de los dos "hermanos mayores", como a veces se les llamaba en Caracas. Y, a la vez, se estaban quedando solos en un apoyo a un régimen sin apenas respaldo internacional, ni reconocimiento. Todo demasiado abierto. 

En el caso de Putin, aparte del sonrojo de tener en sus manos la seguridad de Maduro y no haber podido mantenerla, suma la pérdida de un socio más que, aunque en la práctica no le hunda la vida, sí supone un eslabón menos en su cadena de fuerza. En un año, ha visto a sus amigos de Irán bombardeados por EEUU, peligrando los suministros de material defensivo (sobre todo drones) por los daños materiales y económicos y las sanciones crecientes. También ha perdido al sirio Bashar Al Assad refugiado en Moscú, derrocado tras 14 años de guerra civil. Con él, se han quedado en el aire las poderosas bases militares rusas en el país, cuyo uso aún intenta negociar con el nuevo Gobierno.

Aunque ahora se dan golpes en el pecho quejándose de lo hecho por Trump, lo hecho por el norteamericano ha sentado un nuevo precedente para el uso de la fuerza militar por parte de cualquier gran potencia que busque un cambio de régimen en su vecindario. Y eso es algo que tanto China como Rusia pueden desear, bien para lograr Ejecutivos satélites, a sus órdenes, bien para hacerse directamente con ciertos territorios. 

Por ejemplo, es probable que en Taiwán hayan visto con especial alarma los acontecimientos de este fin de semana en Sudamérica y lo mismo en Ucrania. Por si se ha olvidado, Putin quiso acabar con su presidente, Volodimir Zelenski, de una manera similar a la empleada por EEUU, pero con menos medios y, al fin, sin éxito. 

Trump, con sus maneras, ataca el viejo orden mundial, se salta el derecho internacional y hasta el multilateralismo (¿dónde estaba la Organización de los Estados Americanos, para empezar?), y toda esa melodía la tararean también rusos y chinos. Ni tan mal, mientras sea en cabeza ajena. 

Por eso y porque los intereses urgentes de las dos potencias están lejos del Caribe, en el este de Europa y en el Indo-Pacífico, respectivamente, no querrán, parece, más conflicto. Las declaraciones de estos días sirven para mostrar su enojo, pero si dan pasos tangibles pueden lloverles más sanciones y ninguno de los dos quiere asumir esa carga por Maduro, más aún cuando no saben si las nuevas autoridades o lo por venir aún les renta. Sobre todo, Rusia, debilitado por una guerra que se acerca a los cuatro años y cuyo final está negociando con Trump, con posibles conquistas territoriales jugosas a la vista. 

Queda mirar, vigilar, nadar y guardar la ropa. Y no equivocarse, sobre todo. 

MOSTRAR BIOGRAFíA

Soy redactora centrada en Global y trato de contar el mundo de forma didáctica y crítica, con especial atención a los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos.

 

Sobre qué temas escribo

Mi labor es diversa, como diverso es el planeta, así que salto de Oriente Medio a Estados Unidos, pero siempre con el mismo interés: tratar de entender quién y cómo manda en el siglo XXI y cómo afectan sus decisiones a la ciudadanía. Nunca hemos tenido tantos recursos, nunca hemos tenido tanto conocimiento, pero no llegan ni las reformas ni la convivencia prometidas. Las injusticias siempre hay que denunciarlas y para eso le damos a la tecla.

 

También tengo un especial empeño en la actualidad europea, que es la que nos condiciona el día a día, y trato de acercar sus novedades desde Bruselas. En esta ciudad y en este momento, la defensa es otra de las materias que más me ocupan y preocupan.

 

Mi trayectoria

Nací en Albacete en 1980 pero mis raíces son sevillanas. Estudié Periodismo en la Universidad de Sevilla, donde también me hice especialista en Comunicación Institucional y Defensa. Trabajé nueve años en El Correo de Andalucía escribiendo de política regional y salté al gabinete de la Secretaría de Estado de Defensa, en Madrid. En 2010 me marché como freelance (autónoma) a Jerusalén, donde fui corresponsal durante cinco años, trabajando para medios como la Cadena SER, El País o Canal Sur TV.

 

En 2015 me incorporé al Huff, pasando por las secciones de Fin de Semana y Hard News, siempre centrada en la información internacional, pero con brochazos de memoria histórica o crisis climática. El motor siempre es el mismo y lo resumió Martha Gellhorn, maestra de corresponsales: "Tiro piedras sobre un estanque. No sé qué efecto producen, pero al menos yo tiro piedras". Es lo que nos queda cuando nuestras armas son el ordenador y las palabras: contarlo. 

 

Sí, soy un poco intensa con el oficio periodístico y me preocupan sus condiciones, por eso he formado parte durante unos años de la junta directiva de la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) España. Como también adoro la fotografía, escribí  'El viaje andaluz de Robert Capa'. Tuve el honor de recibir el XXIII Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla por mi trabajo en Israel y Palestina y una mención especial en los Andalucía de Periodismo de la Junta de Andalucía (2007). He sido jurado del IV Premio Internacional de Periodismo ‘Manuel Chaves Nogales’.

 

 


 

Cómo contactar conmigo: