Solo el 30% de los drones lanzados en Ucrania llega al objetivo y aceptar las pérdidas es ahora doctrina oficial de combate
Muchos aparatos no llegan a su objetivo por fallos técnicos, interferencias o ataques enemigos. Incluso entre los que sí lo logran, no todos consiguen un impacto relevante.
Las fuerzas militares occidentales están cambiando su forma de entrenar con drones. La experiencia de la guerra en Ucrania ha dejado una idea clara: estos sistemas no son perfectos y perderlos, tanto en prácticas como en combate, es algo normal.
Cada vez más ejércitos aceptan que los drones no deben tratarse como equipos delicados o demasiado valiosos. En lugar de eso, empiezan a verlos como herramientas que pueden fallar, romperse o desaparecer durante su uso. Esta mentalidad busca preparar mejor a los soldados para una guerra donde estos dispositivos se usan a gran escala.
Responsables de programas de formación en Estados Unidos explican que los accidentes forman parte del aprendizaje. Cuando un dron se estrella durante un entrenamiento, el objetivo no es castigar al soldado, sino entender qué ha pasado y mejorar. Además, recuerdan que estos aparatos no sustituyen a personas y, en muchos casos, tampoco tienen un coste tan alto como otros sistemas militares.
Aun así, tampoco se trata de desperdiciar recursos. Para evitar pérdidas innecesarias, los ejércitos están apostando por simuladores. Con herramientas similares a los videojuegos, los soldados pueden practicar durante horas antes de pilotar un dron real. Esto permite adquirir experiencia sin arriesgar equipos desde el primer momento.
Este cambio de enfoque también tiene que ver con lo que ocurre en el campo de batalla. En Ucrania, donde el uso de drones es masivo, las pérdidas son constantes. Muchos aparatos no llegan a su objetivo por fallos técnicos, interferencias o ataques enemigos. Incluso entre los que sí lo logran, no todos consiguen un impacto relevante.
Por eso, asumir que una parte importante de los drones se perderá ya forma parte de la estrategia. No se trata solo de tecnología, sino de cantidad y rapidez de uso.
En países como Reino Unido, algunas unidades han llevado esta idea al entrenamiento diario. En lugar de proteger los drones en exceso, los utilizan en ejercicios reales, incluso sabiendo que pueden romperse. Después, los reparan y vuelven a usarlos. Según explican, este método les permite aprender más rápido y adaptarse mejor a situaciones reales.
En definitiva, los ejércitos occidentales están adoptando una visión más práctica: los drones son útiles, pero no imprescindibles. Y entender que fallan es, ahora, una parte clave para usarlos mejor.