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Trump pone a Cuba en la diana: qué busca y hasta dónde está dispuesto a llegar

Trump pone a Cuba en la diana: qué busca y hasta dónde está dispuesto a llegar

El presidente de EEUU aprieta a la isla con un bloqueo petrolero, una causa contra Raúl Castro, un despliegue armado y nuevas sanciones. Dice que quiere cambios económicos y de seguridad pero ¿contempla verdaderamente la acción armada?

Miles de cubanos enarbolan su bandera nacional, entre militares del ejército revolucionario, en la marcha del Primero de Mayo de 2024, en La Habana.
Miles de cubanos enarbolan su bandera nacional, entre militares del ejército revolucionario, en la marcha del Primero de Mayo de 2024, en La Habana.Yander Zamora / Anadolu via Getty Images

Cuba siempre ha estado bien arriba en la agenda de los Gobiernos de Estados Unidos. Su proximidad geográfica, su "peligroso" régimen comunista, su sintonía con Rusia y China, su poder desestabilizador en cuestiones de seguridad o inmigración... Todo preocupa desde que en 1959 triunfó la revolución de los barbudos y en La Habana dejó de haber una administración títere. 

Los sucesivos presidentes han impuesto un embargo, han multiplicado las sanciones internacionales y han boicoteado como han podido a las autoridades cubanas, pero no han logrado lo que ansían: un cambio de sistema o, como poco, un gabinete cooperador. Ahora, el actual mandatario, Donald Trump, entiende que ha llegado el momento de ir más allá que cualquiera de sus predecesores y, en su afán por que EEUU controle todo el hemisferio, está forzando lo que su equipo llama "una ventana de oportunidad". 

Este miércoles daba un paso más en esa dirección: en una maniobra de alto voltaje político, su Departamento de Justicia ha desclasificado cargos de asesinato contra Raúl Castro, el expresidente e histórico líder, de 94 años, por el derribo de unas avionetas. El cerco energético derivado de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, el pasado enero; la parálisis diplomática, con reuniones sin fruto que se replican con nuevas sanciones, y el anunciado despliegue militar -portaviones incluido, el USS Nimitz- sitúan las probabilidades de una intervención armada en su punto más alto en décadas. 

Ahora sí, la Casa Blanca se lo plantea. La pregunta es hasta dónde está dispuesto a llegar Trump y qué busca realmente con su estrangulamiento. "La preferencia de Trump es siempre un acuerdo negociado y pacífico. Esa es siempre nuestra preferencia. Y sigue siendo nuestra preferencia con Cuba", declaró el jueves el secretario de Estado, Marco Rubio, de origen cubano él mismo. "Sólo soy sincero con ustedes, la probabilidad de que eso ocurra, teniendo en cuenta con quién tratamos ahora mismo, no es alta", añadió. Esperanzador no suena. 

La última provocación: a por Raúl

Un gran jurado federal de EEUU ha emitido una imputación penal formal contra el expresidente cubano Raúl Castro, al que se le acusa de cargos de conspiración para asesinar a ciudadanos estadounidenses, destrucción de aeronaves y cuatro cargos individuales de homicidio. Todo nace del derribo, hace 30 años, de dos avionetas civiles pertenecientes a la organización de exiliados Hermanos al Rescate, radicada en Miami (EEUU). La ONG utilizaba avionetas civiles Cessna para patrullar el Estrecho de la Florida con el fin de avistar a los balseros cubanos que huían de la miseria del Período Especial y coordinar su auxilio con el servicio de Guardacostas norteamericano. 

Sin embargo, en varias ocasiones habían incursionado en el espacio aéreo de La Habana para lanzar panfletos con consignas a favor de los derechos humanos y llamados a la desobediencia civil, siendo como eran parte de la lucha de los anticastristas. El Gobierno cubano calificó estas acciones de violaciones flagrantes a su soberanía nacional y advirtió de forma reiterada que emplearía la fuerza militar para repeler futuras incursiones no autorizadas.

El derribo de las aeronaves forzó la firma inmediata de la Ley Helms-Burton por parte del presidente demócrata Bill Clinton, una legislación de referencia que endureció el embargo al privar al poder ejecutivo de la facultad de levantarlo de forma unilateral. La justicia estadounidense procesó posteriormente a oficiales de menor rango por el caso y desmanteló redes de espionaje internas, pero sucesivas administraciones en Washington han evitado procesar penalmente a los hermanos Castro, en aras de preservar la precaria estabilidad en el Caribe.

El pasado abril, el caso se reabrió, en uno de los giros más agresivos de la política exterior estadounidense hacia el hemisferio occidental desde el fin de la Guerra Fría. Ahora ha cuajado un pliego que acusa formalmente a Raúl -quien en 1996 ejercía como ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)- de haber jugado un papel determinante al autorizar el empleo de fuerza letal contra las aeronaves civiles e indefensas en el espacio aéreo internacional. Junto a él, la acusación identifica a otros cinco coacusados pertenecientes a la jerarquía militar y pilotos de los cazas cubanos.

Anticomunistas se congregan frente al Café Versalles de Miami (EEUU) tras la presentación de cargos contra el expresidente cubano Raúl Castro, el 20 de mayo de 2026.
Anticomunistas se congregan frente al Café Versalles de Miami (EEUU) tras la presentación de cargos contra el expresidente cubano Raúl Castro, el 20 de mayo de 2026.Marco Bello / Reuters

Las implicaciones operativas del anuncio encendieron de inmediato las alarmas internacionales. Al ser preguntado sobre la viabilidad de detener a un líder histórico que reside en una isla sin tratado de extradición con Washington, el fiscal general interino Todd Blanche ofreció una respuesta que resonó como una advertencia explícita: "Existe una orden de arresto emitida. Esperamos que comparezca aquí, por su propia voluntad o por otra vía". Se ve como una alusión directa a la espectacular (e ilegal) operación que sacó a Maduro de Venezuela para trasladarlo a una prisión federal de Nueva York, rompiendo décadas de precedentes de inmunidad diplomática fáctica.

La presentación de los cargos, realizada con una calculada coreografía simbólica en la histórica Torre de la Libertad de Miami coincidiendo con la conmemoración del Día de la Independencia de Cuba (20 de mayo), marca un punto de no retorno en la estrategia de la administración para deponer al régimen comunista de la isla o buscar uno a su antojo. Lejos de constituir un mero acto de justicia retrospectiva, la imputación introduce un fundamento judicial que, según analistas de inteligencia y expertos en seguridad nacional citados por la CNN o el New York Times, asienta el terreno legal para una eventual acción armada directa en el Estrecho de la Florida (a 145 kilómetros nada más de la isla caribeña), situando las tensiones en su nivel más alarmante en medio siglo.

Como era de prever, el anuncio de la imputación judicial han provocado una reacción airada e inmediata por parte del Palacio de la Revolución. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, compareció para condenar de forma tajante el dictamen, calificándolo de "maniobra política burda, desprovista de todo sustento legal y encaminada exclusivamente a justificar la locura de una agresión militar contra nuestra patria". Díaz-Canel acusó a Washington de manipular los acontecimientos del 96 con el único propósito de propiciar un cambio de régimen por la fuerza, advirtiendo que la isla mantendrá su soberanía e independencia.

Extrema vulnerabilidad

La ofensiva jurídica se produce en un momento de extrema vulnerabilidad para Cuba, sumida en un colapso logístico y económico absoluto tras la captura y extracción forzosa del presidente venezolano Maduro, el 3 de enero pasado, a manos de fuerzas estadounidenses. Una acción que privó a La Habana de su principal sustento petrolero. Durante más de 20 años, el suministro venezolano funcionó como el corazón económico del régimen cubano: Venezuela enviaba decenas de miles de barriles de crudo diarios a precios subsidiados a cambio de personal médico y de inteligencia cubano que estructuraba los aparatos de seguridad en Caracas. 

Sobre esa herida, la Casa Blanca ha metido el dedo, mediante un estricto bloqueo naval que impide la llegada de combustible alternativo. Las penalizaciones impuestas a las empresas navieras internacionales, a las aseguradoras marítimas y a los buques que transportan hidrocarburos hacia los puertos cubanos han estrangulado por completo las reservas logísticas de la nación. También pesa una amenaza de aranceles a cualquier nación que ose venderle o suministrarle fuel a los comunistas. 

Las consecuencias de este cerco energético han empujado a la infraestructura de la isla a un estado de parálisis técnica casi absoluto. Los informes procedentes de La Habana describen un panorama de desarticulación social generalizada, con apagones masivos durante días, falta de suministro de bienes esenciales (alimentos, agua, medicamentos), y se teme que un agravamiento de la situación lleve a una inmigración masiva a EEUU, tan cerca, como la de aquellos años 90. 

Eso aún no ha pasado, pero sí se están multiplicando las protestas internas reclamando lo básico al Gobierno, por lo que el riesgo de choque interno es real. Peor se puede poner conforme avance el año: la economía podría contraerse un 15% este 2026.

Varias personas caminan junto a basura incendiada en medio de una calle, durante una protesta contra los frecuentes cortes de luz, en La Habana (Cuba), 13 de mayo de 2026.
Varias personas caminan junto a basura incendiada en medio de una calle, durante una protesta contra los frecuentes cortes de luz, en La Habana (Cuba), 13 de mayo de 2026.Norlys Pérez / Reuters

El ala dura de Washington y el dilema presidencial

El diseño conceptual y la ejecución de la actual política hacia el Caribe llevan el sello del Secretario de Estado norteamericano, Rubio, hijo de exiliados. El veterano político de Florida ha convertido la caída de los regímenes de izquierda en América Latina en la piedra angular de su gestión diplomática, encontrando en Trump un entusiasta seguidor. Rubio ha aprovechado la estructura institucional de la administración para unificar los intereses políticos del sur de la Florida con un rediseño del mapa geopolítico regional, ofreciendo a la población de la isla una "nueva relación" condicionada a reformas de libre mercado y la celebración de elecciones pluripartidistas. Si La Habana hace lo que Washington quiere, el régimen subsistirá. Si no, habrá incluso guerra. 

Por su parte, el presidente Trump aborda la cuestión cubana motivado por la búsqueda de un éxito rotundo en el tablero exterior. No le mueven ni la visceralidad doméstica de Rubio ni afán democrático alguno. Quiere cambiar cosas que sus predecesores no pudieron, justificando los medios con el fin, y colgarse una medalla de enorme simbolismo en su país. 

Con las operaciones militares y diplomáticas en el Medio Oriente sometidas a una alta complejidad tras el estallido de las hostilidades abiertas entre Israel e Irán, la Casa Blanca ve en la extrema debilidad de La Habana una oportunidad para proyectar determinación geopolítica, llegando a comprometerse meses atrás a realizar una transición controlada del país si sus líderes no abrían la economía. Cómo no va a poder con una isla de 109.884 kilómetros cuadrados, que no llega ni a los 10 millones de habitantes. 

Los expertos en el continente americano expresan su preocupación ante el riesgo de que la administración esté operando bajo los efectos de un sesgo analítico recurrente, que nada tiene que ver con el bienestar de los cubanos. "Existe la persistente y errónea convicción en ciertos sectores de Washington de que el régimen de La Habana se encuentra tan frágil que colapsará de forma definitiva ante el menor impacto exterior", sostienen analistas del National Security Archive en un dossier al respecto. "Este enfoque subestima la resiliencia del aparato de seguridad estatal cubano. Una imputación judicial contra una figura histórica como Raúl Castro puede actuar como una advertencia extrema ("un paso cuántico" hacia la agresión), pero también tiende a cohesionar a los sectores más duros de las fuerzas armadas locales en lugar de fragmentarlos", añaden.

Una de las singularidades más notables de la presente crisis radica en la completa marginación de los canales de interlocución diplomática convencionales. Las embajadas operan meramente como oficinas de servicios básicos desprovistas de peso político. En su lugar, la administración Trump ha encomendado la gestión directa de las advertencias al director de la CIA, John Ratcliffe. Realizó un viaje oficial secreto de alto nivel a La Habana a mediados de mayo, apenas días antes de que el Justicia la emprendiera contra Raúl Castro, en el que se vio con los jefes de Inteligencia e Interior y, sobre todo, con el nieto de Raúl, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, un interlocutor esencial en las conversaciones abiertas. 

Lejos de constituir un viaje de exploración ordinario, la presencia del jefe del espionaje norteamericano en la capital cubana tuvo como propósito fundamental entregar un ultimátum inapelable a la cúpula de seguridad de la isla, aparte de ofrecer un paquete de ayuda humanitaria a la isla que, de ser aceptado por La Habana, supondría el reconocimiento de su fracaso. 

El mensaje transmitido por la CIA fue "directo", dice la CBS: la Casa Blanca exige reformas fundamentales inmediatas, la apertura de los mercados a las inversiones estadounidenses y la expulsión incondicional de los asesores e instalaciones de inteligencia pertenecientes a potencias rivales extranjeras como Rusia y China. La negativa a iniciar una transición controlada activaría las fases avanzadas de planes de contingencia militar que ya cuentan con la atención del ejecutivo. A la luz de esa cita, la presentación de la acusación penal contra Castro actúa como la pinza jurídica diseñada para dotar de cobertura institucional a una eventual acción de fuerza mayor. Y evidencia que las cosas, en lo diplomático, no van bien. 

En esas reuniones, la idea era abordar cuestiones "económicas y de seguridad", según la propia Casa Blanca, que entiende que sólo si se dan "cambios fundamentales" en esas áreas puede seguir el régimen actual. En este punto hay una enorme disparidad de opiniones en el seno del Partido Republicano, el movimiento MAGA, el equipo de Trump y sus donantes y ayudantes de la diáspora cubana: da la sensación de que Trump se conformaría con retoques a su antojo, sin un cambio global. A la venezolana, de nuevo. 

El 14 de mayo, Rubio dijo: "No creo que podamos cambiar el rumbo de Cuba mientras esta gente siga al mando en ese régimen". ¿Habla sólo de nombres, no del sistema? El mismo día, en dos comparecencias diferentes, Trump insinuó que el régimen debe ser derrocado y, al rato, que cooperaría con otros encargados, como está haciendo ahora con la venezolana Delcy Rodríguez, vicepresidenta con Maduro, mandataria ahora y a la que califica de "persona estupenda" porque se pliega, entre otras cosas, a sus exigencias sobre el petróleo. Hoy por hoy, no se ve una Delcy en Cuba (aunque tampoco nadie hubiera dicho que la había del 3 de enero pasado, cuando la número dos de Maduro parecía ultraleal a su líder), a saber quién podría obedecer las órdenes del adversario histórico. 

"El objetivo final es claro. Se trata de deslegitimar al régimen de Castro y crear las condiciones para un cambio interno a mediano plazo que se ajuste mejor a los intereses de EEUU. Dichos intereses radican en un régimen en La Habana alineado con las prioridades de seguridad estadounidenses y opuesto a la injerencia extrahemisférica de rivales como China y Rusia", expone sin dudas Alexander B. Gray, investigador del Atlantic Council.

"El objetivo final es claro: deslegitimar al régimen de Castro y crear las condiciones para un cambio interno a mediano plazo que se ajuste mejor a los intereses de EEUU"

Entiende que en estos meses se han logrado algunos avances, pero insuficientes, a juicio de EEUU, como permitir que empresas privadas importen combustible y prometer que los cubanos en el extranjero podrán invertir en la isla. Por eso añadió nuevas sanciones, el 1, el 7 y el 18 de mayo, en un intento de forzar las cosas. Entre otros, tocó a GAESA, el conglomerado militar que controla gran parte de la economía cubana y que se considera popularmente como un negocio de la familia Castro. Se estima que sus ingresos superan en más del triple el presupuesto estatal y controla hasta 20.000 millones de dólares en activos ilícitos, dice Washington. "El corazón del sistema comunista cleptocrático de Cuba", lo llama Marco Rubio. 

Por ahora, no le ha arrancado a Canel ni reformas económicas de calado ni liberaciones de presos (tiene el récord conocido, con 1.260 según la ONG Prisoners Defenders) o la compensación por bienes expropiados. The Economist sostiene que, aunque no lo digan públicamente, EEUU probablemente también "busque cambios más drásticos, como la disolución de GAESA y una transición a la democracia". Las empresas extranjeras tienen hasta el 5 de junio para cesar sus operaciones con GAESA o cualquier entidad que controle y la revista maneja esa fecha como clave para conocer el futuro de esta crisis, si no hay titular antes. 

El portaaviones USS Nimitz (CVN 68) y el destructor de misiles guiados USS Gridley (DDG 101), en una imagen de archivo facilitada por el Comando Sur norteamericano.
El portaaviones USS Nimitz (CVN 68) y el destructor de misiles guiados USS Gridley (DDG 101), en una imagen de archivo facilitada por el Comando Sur norteamericano.Comando Sur de EEUU / EFE

¿Hacia una intervención militar?

El gran dilema que divide a los círculos políticos es si la acumulación de presiones desembocará inevitablemente en una intervención armada. El propio presidente Trump ha ofrecido declaraciones ambiguas al ser consultado por los periodistas, esta misma semana, sobre si ordenaría una operación de extracción contra Castro similar a la ejecutada contra Maduro.

"No quiero decir eso", se limitó a responder el mandatario. Al ser cuestionado sobre si implementaría pasos adicionales para aumentar la tensión militar, Trump matizó afirmando que "no habrá una escalada". "No creo que sea necesario. Miren, el lugar se está cayendo a pedazos. Es un desastre", fueron sus palabras exactas. Esta postura sugiere que la Casa Blanca confía en que el colapso económico interno y la contestación popular hará el trabajo sucio sin necesidad de abrir un frente formal en el Caribe.

"No habrá una escalada (...). No creo que sea necesario. El lugar se está cayendo a pedazos. Es un desastre"

No obstante, expertos en seguridad nacional advierten que las condiciones para un escenario de fuerza siguen latentes en el Pentágono. Como explica el general de división Dustin Shultz, del Centro Adrienne Arsht para América Latina, que fue de inteligencia del Comando Sur EEUU, "las fuerzas de operaciones especiales, junto con la presencia naval estadounidense en el Caribe, son insuficientes". POLITICO ha publicado, citando a altos funcionarios federales, que Trump "cada vez está más dispuesto a dar el paso" de atacar porque se siente cada vez más "frustrado" ante la dureza de Cuba. "El ambiente, definitivamente, ha cambiado", dice una de estas fuentes. 

Este medio ha podido saber que el Comando Sur de EEUU ha convocado en las últimas semanas una serie de reuniones de planificación, o sea, ha comenzado a elaborar planes para una posible acción militar, según le informaron un funcionario estadounidense y una persona familiarizada con las conversaciones. "No hay ninguna acción inminente", matizan, pese a todo. 

El presidente de EEUU, Donald Trump, y su secretario de Estado, Marco Rubio, hablan con la prensa en la Casa Blanca antes de volar a Miami, el 20 de marzo de 2026.
El presidente de EEUU, Donald Trump, y su secretario de Estado, Marco Rubio, hablan con la prensa en la Casa Blanca antes de volar a Miami, el 20 de marzo de 2026.Celal Gunes / Anadolu via Getty Images

Así que, si hay que ir más allá en lo militar, se plantea la posibilidad inicial de un ataque aéreo preciso, a modo de aviso, para lograr concesiones. Si no, también está sobre la mesa -"todo lo está"- una invasión terrestre para derrocar al régimen. Entonces, son tres los escenarios posibles, si resumimos lo augurado por el Hudson Institute o el Center for Strategic and International Studies (Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales). 

El primero es el de una incursión humanitaria por caos interno en las calles de Cuba, que se produzca un colapso absoluto de los servicios públicos que lleve a disturbios callejeros incontrolables, que superen al aparato del Estado, justificando una intervención humanitaria para proteger vidas civiles.

El segundo es una operación "quirúrgica" de captura, a la venezolana, con la ejecución directa de la orden de arresto emitida contra el pequeño de los hermanos Castro mediante una incursión rápida de fuerzas especiales. Como en el caso de Maduro, sería presentada ante la opinión pública global como una misión estrictamente policial y judicial contra un prófugo de la justicia federal estadounidense. En el caso de Maduro, pusieron por delante los cargos por supuesto narcoterrorismo por los que ahora declara en EEUU. Spoiler: entonces no coló y la operación fue calificada como contraria al derecho internacional hasta por Naciones Unidas. 

El tercer escenario se justificaría como "seguridad hemisférica frente a intrusión extranjera" y sería una respuesta militar directa ante el supuesto establecimiento formal de bases de escucha o la presencia permanente de activos militares de potencias rivales (Rusia o China) en territorio cubano, interpretada por Washington como una amenaza existencial inminente.

Todos los analistas coinciden en el riesgo que supone desplegar botas sobre el terreno: que se produzca una oleada de tres o cuatro millones de refugiados, preferentemente buscando asilo en EEUU, que no parece que los ciudadanos fueran a encajar muy bien. Y, menos, en un año que tiene elecciones legislativas de mitad de mandato en otoño. 

Y no hay que olvidar el día después. "Si bien este nivel de compromiso militar protegerá inicialmente la seguridad regional a nivel táctico, el éxito estratégico a largo plazo requiere sanciones económicas específicas y, posteriormente, inversión. Una aplicación de la ley sólida y coordinada, el intercambio de inteligencia y un liderazgo responsable unificarán al pueblo cubano y a la diáspora. Una combinación de poder duro y blando reforzará la esperanza de la democracia, al tiempo que permitirá que una nación debilitada por dictaduras prospere", ahonda el general Shultz.

Díaz-Canel ve cómo los vuelos de reconocimiento en la zona ya han aumentado y cómo los planificadores militares no dejan de filtrar posibilidades. Por eso, ha empezado a dar entrenamiento militar a los civiles y sus Fuerzas Armadas reparten folletos con consejos para prepararse ante la guerra. Avisa de que cualquier "acto de agresión" tendrá respuesta de su Ejecutivo y de que puede provocar "una masacre de proporciones incalculables".  De paso, recuerda al mundo que "la amenaza en sí misma ya constituye un crimen internacional", porque su país no es un peligro para EEUU que necesite de una intervención preventiva. No tiene, dice, "ni planes ni intenciones agresivas contra ningún país". 

Trump debe tener cuidado con las aventuras. No le ha salido bien la de Irán, sí la de Venezuela. En año electoral, pueden pasarle factura y ya se sabe que la política exterior no ayuda a ganar elecciones pero sí a perderlas. Habrá que ver el margen que le da el MAGA para una incursión mayor en la isla, en un momento de precaria popularidad, la más baja de su mandato, apenas del 34%, a causa del desaguisado en Oriente Medio. El presidente de EEUU tiene al mundo, de nuevo, con el alma en vilo. 

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Redactora especializada en Global. Licenciada en Periodismo y experta en Defensa y Comunicación Institucional por la Universidad de Sevilla. Corresponsal en Jerusalén durante cinco años, colaboró con la SER, El País o Canal Sur. Trabajó en El Correo de Andalucía y fue asesora en la Secretaría de Estado de Defensa. Es autora de 'El viaje andaluz de Robert Capa', Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla y jurado del Premio Internacional de Periodismo Manuel Chaves Nogales.

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